Irene
—Haz hecho un muy buen trabajo durante todo el tiempo que has estado en esta empresa Oliver, déjame felicitarte por ello —mencioné antes de darle un ligero abrazo—Además eres alguien muy tranquilo y es fácil trabajar contigo a cualquier hora del día.
—Muchas gracias por tomarte el tiempo de felicitarme de esta forma, Irene —sonrió y le devolví la sonrisa— Ahora, aprovechando que nos encontramos completamente a solas...
Me fijé en el reloj, el cual marcaba las nueve de la noche. Abrí los ojos con sorpresa al ver que se había hecho tan tarde.
—Vaya, hace un poco más de una hora que ya teníamos que haber salido de la empresa. Incluso Kaleb y Wendy ya se han ido de aquí —suspiré para después soltar una pequeña risa— Oh, perdón Oliver. Temo haberte interrumpido.
—No te preocupes Irene, en realidad quiero invitarte a cenar...Nada más que eso.
— ¿Invitarme a cenar? Por supuesto que acepto, no obstante, me gustaría saber la fecha de aquella cena.
— ¿La fecha? La cena sería hoy mismo, claro.
— ¿Hoy? Oh, bueno. En ese caso, deberíamos apurarnos un poco antes que sea más tarde —comencé a recoger mis cosas con suma rapidez y revisé con la ayuda de un espejo pequeño que mi maquillaje estuviese bien— Es la primera vez en mucho tiempo que salgo a cenar con alguien que no sean mis amigos o Sean, mi última pareja.
— ¿Lo dices en serio? ¿Una mujer tan atractiva cómo tú no es invitada a muchas citas románticas?
—No, me han invitado a muchas citas no obstante, me encontraba en una relación seria. Es ahora que soy soltera, lugi de tanto tiempo...
— ¿Y cómo se siente? —Cuestionó.
—Nada fuera de lo común supongo, mi estabilidad emocional no depende de compartir mi vida con una persona o no. También me amo lo suficiente como para identificar qué es lo mejor para mí.
—Es bueno escucharlo.
—Sí, supongo que es así ¿Nos vamos ya? —le pregunté un poco incómoda. No me agradaba del todo hablar de mis sentimientos todo el tiempo y con todo el mundo.
—Oh, claro. Por favor, pasa primero —me dijo abriendo la puerta de su oficina. En total silencio, llegamos hasta el estacionamiento.
—He traído mi auto así que me gustaría dejarlo aquí...
—No hay problema, yo vendré a ver mi auto más tarde —respondió con gentileza.
Dejé que subiera a mi auto y conduje hasta un restaurante que acostumbraba a visitar con Sean, pero que me encantaba mucho por los buenos postres que servían. Así que sin esperar ni un solo minuto más, invité a Oliver a bajar del auto y a entrar a mi vida, aunque fuera de manera indirecta y él no fuese conciente de ello.
Leah
Antes que llegara el sábado, me concentré únicamente en culminar el libro que me encontraba escribiendo. Afortunadamente y gracias al trabajo constante, logré terminarlo con un total de cuatrocientos noventa páginas. Así que ya libre de aquella responsabilidad y buscando un poco de paz me dirigí a aquella colina a estar sola antes que la noche llegara y Kaleb fuera a buscarme. Subí la dichosa colina con paciencia, percantándome que mis tacones no se doblaran en ningún momento. Me senté de inmediato, contemplando el atardecer.
—Esto es uno de los mayores placeres de la vida, claro que sí —sonreí cerrando los ojos, pero el sonido de mi teléfono me interrumpió. Fruncí el ceño al ver que se trataba de Kaleb— Hola ¿Ha sucedido algo?
—Leah lo siento mucho, sin embargo hoy no podré salir a cenar contigo —escuché como soltó un suspiro— Mi madre está un poco enferma y me ha pedido que venga a cuidarla. Mi padre y hermana están en camino ahora.
—Oh, entiendo. No te disculpes, sin embargo...Puedo pasar a la casa de tu madre con un poco de comida y un par de medicinas ¿Qué es lo qué tiene ella?
—Un fuerte dolor de cabeza y garganta.
—Bien, te pido que me envíes la dirección por mensaje y yo estaré allí lo más pronto posible.
—No tienes por qué hacer eso, Leah.
—Quiero hacerlo porque nace de mi corazón, así que no me digas nada al respecto.
—Bien, ya te envío la dirección en este mismo momento entonces.
—Está bien, te veré en un rato...Por cierto ¿Cuál es la comida preferida de tu amada madre?
—A mamá le encanta la lasaña, siempre ha sido de tal manera.
—Compraré lasaña entonces, te veo dentro de una hora —suspiré antes de colgar el teléfono. Volví a fijarme en el hermoso paisaje que tenía frente a mis ojos por un instante antes de ponerme de pie. Para mi suerte, hoy me encontraba con una vestimenta muy formal y ahora resulta que conoceré a la familia de Kaleb.
Esperé a que me enviara la dirección de la casa de su madre, para lo que no espere más de un minuto. Ya con la dirección, me dirigí a un restaurante de comida italiana a comprarle algo a la madre de Kaleb. Sonreí al ver que al entrar a dicho lugar, las personas que estaban presentes me reconocieron.
—Buenas noches señorita Roosevelt, es un verdadero placer tenerla en nuestro restaurante.
—Oh, gracias por el amable recibimiento —le sonreí mientras respondía— ¿Puede ayudarme con una lasaña de carne familiar?
— ¿Lasaña de carne? Por supuesto ¿Tal vez desea algo más?
—Sí...Un vino caro por favor, que debo darle una buena impresión a la madre de un hombre al que aprecio —acomodé mi cabello, volviéndome tímida por un segundo.
— ¿Un hombre al que aprecia? Disculpe, pensé que era una mujer soltera.
—Y soy una mujer soltera, sin embargo eso no significa que no me agrade algún hombre —lo molesté— Así que por favor, ayúdeme con el mejor vino que tengan aquí.
—Yo me encargo de eso, usted ni siquiera se preocupe —me respondió— ¿Me permite pedirle algo?
—Sí.
— ¿Dejaría su autógrafo en nuestro restaurante?
—Oh, claro ¿En dónde firmo? —reí sacando una pluma dorada de mi bolso.
— ¿En el retrato que está por allá? —e indicó a través de señas.
—Claro, voy a firmarlo mientras prepara mi orden —asentí, caminando hacia el retrato y bajo la mirada atenta de todos, puse mi firma.
Después de hacer lo que me pidió la persona que me recibió, me senté en uno de los sillones de cuero que servían para que los clientes esperaran hasta que su comida estuviese lista. Observé mis botas de cuero, el largo camisón blanco y el cinturón n***o que adornaba mi cuerpo. Me agradecí a mí misma el haber elegido un atuendo como éste. De repente, llegó un mensaje de texto a mi teléfono de parte de Wendy:
Hola Leah ¿Cómo has estado? Disculpa por no haberme comunicado contigo mucho más.
Hola Wendy ¿Qué tal? No te preocupes por eso. Ahora ya me encuentro mucho mejor que anteriormente, gracias por preguntar.
Me alegra demasiado que te sientas mejor estos días. También me encuentro bien, dentro de lo que cabe.
Por fortuna te encuentras bien, qué suerte. Ya que causalmente hemos terminado teniendo una conversación, me encantaría preguntarte algo sobre la familia de Kaleb.
¿Sobre la vida de Kaleb? ¿Cómo así?
Bueno, se supone que él y yo saldríamos hoy pero su madre tiene un fuerte dolor de cabeza y garganta y la está cuidando mientras su padre y hermana llegan. En fin, le he dicho que iré hacia allá llevándoles un poco de comida y medicina. No sé como es su familia, por lo que me siento nerviosa.
Oh, ya entiendo qué te tiene tan nerviosa...Ni siquiera necesitas preocuparte un poco por ellos, que son personas muy buenas y tranquilas. La señora D'amico normalmente es bromista, pero cuando se encuentra enferma es tranquila.
Me da una enorme calma escuchar que es una mujer tranquila. Ahora debo dejarte Wendy que estoy saliendo de un restaurante.
Por supuesto Leah, te escribiré más tarde para ver que ha sucedido.
Bien, hableremos luego entonces.
Me acerqué al oír que me llamaban a recibir mi orden. Agradecí, salí de allí y me di cuenta que había una farmacia justo enfrente. Pedí medicina con el objetivo de ayudar a la mujer y subí en mi auto. Prendí el auto y canté en voz baja cada una de las canciones que sonó durante mi camino. Al estar afuera del lugar indicado, llamé a Kaleb:
—Hola Kaleb, ya estoy afuera de la casa de tu madre —le comuniqué.
—Saldré a recibirte ahora mismo, esperame un segundo —me dijo antes de colgar el teléfono. Pinté mis labios de un color rojo carmesí con rapidez. Salí del auto cargando la comida y medicina además de mi bolso, y solté una pequeña risa de emoción al ver a Kaleb venir hacia mí.
—Buenas noches, hombre de hombros anchos —mordí mi labio, evitando reírme.
—Buenas noches, mujer sexy de labios rojos —saludó mirando hacia mi boca, acción que me hizo temblar con fuerza— ¿Cómo has estado, preciosa?
—La semana ha sido sumamente cansada, no obstante ha valido la pena realmente y me siento orgullosa por la buena historia que terminé —confesé— Me ha hecho recordar a la niña que era cuando empecé a escribir mis primeras novelas...Ay, ha pasado tanto tiempo desde entonces.
—Por allí dicen que el tiempo es nuestro peor enemigo...
—Muchas veces sí que es nuestro peor enemigo, pero la mayoría de las veces nos regala maravillas. Es como al perder a un ser querido crees que el tiempo es tu peor enemigo, más no que te ha regalado demasiado ya.
—Tienes razón, Leah...Además, depende de cada uno hacer que el tiempo no sea perdido.
—Claro que sí —susurré— ¿Cómo está tu madre?
—Tal y como te dije en aquella llamada, no es nada más que un dolor de cabeza y carganta. Mi madre siempre ha sido un poco exagerada si respecta a la salud, sin embargo mi padre y hermana están por llegar. Apenas ellos estén aquí y sean capaces de cuidar de mi madre, te llevaré a algún lugar.
—Oh, por mí está bien quedarnos con tu madre. No importa si hoy ya no somos capaces de salir por allí a buscar supuesta diversión...
—Eres muy gentil al venir hasta aquí Leah, demasiado gentil en realidad.
—Está bien, deseaba verte lo más pronto con locura y estoy segura que no iba a aguantar ni un día más sin ver a este guapísimo hombre —lo tomé por los hombros para acto seguido, besar ambas de sus mejillas.
—Oh Leah, déjame decirte que te ves simplemente maravillosa esta noche ¿No lo crees?
— ¿De verdad?
—Sí, de verdad Leah. Eres hermosa, no importa si acabas de levantarte de la cama.
— ¿Acaso me has visto levantarme de la cama, eh? —bromeé.
—Por desgracia no me has dado la oportunidad de verte cuando apenas te levantas de la cama...—negó fingiendo tristeza— ¿Me lo vas a permitir o me negarás el gran honor? Juro que si no me dejas, me moriré de la pena.
— ¿Te morirás de la pena? Ay, Kaleb —me reí con fuerza— No me vengas con chantajes que no me agradan ni un poco.
Fingí permanecer seria por unos cuántos segundos, hasta que no aguanté más y solté una ruidosa risa.
—Pero ya hablando en serio, opino que eres hermosa...Incluso cuando no tienes ni una gota de maquillaje en tu rostro o vistes un pijama de niña, si lloras o ríes...Eres hermosa para mí de cualquier forma.
—Kaleb...Yo me pregunto a dónde va a llegar todo esto, no sé si lo hacemos por simple diversión o realmente nos sentimos atraídos el uno por el otro.
—Es más que una simple atracción, mucho más —tomó mi rostro entre sus manos con la mayor delicadeza de este mundo— A mí me fascinas, me encantas, yo...Me muero por ti —confesó y agachó la mirada porque se habían avergonzado.
— ¿Kaleb?
— ¿Sí, cariño?
— ¿Tú quieres qué intentemos una relación un poco más formal? —murmuré muerta de los nervios. No sé que debo hacer o decir.
— ¿Hablas en serio, Leah? ¿Eso es lo qué quieres?
—Puede que no sea la mejor persona en confesar su atracción hacia otra persona, no obstante sí lo digo con sinceridad —dirigí mi mirada hacia otro lado, dándome cuenta que mis piernas tamblaban— Admito que me gustas Kaleb, y quiero seguir contigo...No tengo idea acerca si este amor será duradero, mucho menos eterno, no obstante necesito intentarlo.
—Acepto tu propuesta con el mayor gusto de este planeta, pedazo de cielo —besó mi nariz, reí luego de ver que no quería besar mis labios.
— ¿Y eso quiere decir qué somos una pareja de manera oficial?
—Una pareja, bastante desastrosa por cierto —me sonrió y me morí de ternura al ver la alegría que reflejaba su sonrisa— Sin embargo, al fin y al cabo somos una pareja de manera oficial.
Me quedé en silencio. Pensaba que cuando las parejas confesaban su amor, venía el dichoso beso de cuento de hadas. Quizá esa es la idea a la que me he acostumbrado gracias a mis propios escritos.
— ¿Hay algo qué quieres decir y no te has atrevido? —enarcó la ceja y besó mi mano.
— ¿No habrá un beso de cuento de hadas? —de acuerdo, acabo de sonar como una niñita que no tiene idea del mundo. Vaya, pero sí que lo soy.
—Ay, Leah...Dime algo ¿Quieres qué te bese ahora o después?
—Bueno...No sé.
—Entonces dejemos el beso para después —plantó un beso en mi mejilla izquierda y se atrevió a tomar mi mano—Un placer qué seas mi novia, mujer divina.
—Basta, harás que me sonroje a más no poder —escondí mi rostro entre mis manos. Mi pulso era un completo desastre inmejorable mientras me encontrase a tan poca distancia suya.
—Bien, haré que te sonrojes a más no poder si es así —comentó y rió— ¿Ya te he dicho qué no hay una mujer más hermosa en el mundo ahora mismo? ¿Qué eres preciosa antes mis ojos? ¿Qué pareces una reina o un ángel bajado del cielo?
Tal vez si sigue molestándome de esta forma, el corazón se me saldrá del pecho en cualquier momento.
—Leah Roosevelt, eres la mujer más asombrosa que mis ojos han tenido el placer de contemplar indudablemente. Tus ojos son tan azules como el amor y tu cabello es como el de una musa, tus suaves mejillas y adorable sonrisa hace que tu rostro sea aún más bello. Eres muy linda y ahora que eres mi novia, te daré el trato que te mereces.
—Yo...Yo no sé que decir, perdóname —me sentí sumamente avergonzada en ese mismo instante— Jamás me he sentido querida y alagada así por un hombre a lo largo de mi vida.
—Y es un honor ser el primero que lo haga, y ojalá pueda ser el último también —me acercó a su pecho y escuché atentamente los fuertes latidos de su corazón. No hay nada más bonito que la sintonía que crean dos corazones unidos por la misma causa— Te adoro, mujer de la pluma.
Dejé que me abrazara por un par de minutos. En realidad, era increíble el haber encontrado a otra persona que pueda ser mi lugar seguro además de Mina. A ella le encantará escuchar que me he abierto al amor.