Irene
Junto a Oliver entramos al bonito restaurante, y luego que nos asignaran una mesa con una hermosa vista al jardín trasero. No soy alguien a quien le guste salir con una persona a la que apenas conoce hace poco, pero suele haber ciertas excepciones. Supongo que es interesante y que ayuda mucho que las personas seamos capaces de darnos nuevas oportunidades para seguir adelante.
—Dime, Oliver ¿Te ha gustado la empresa? ¿Qué tal te parece trabajar allí? —Le cuestioné enarcando la ceja.
—Es un lugar bastante pacífico para trabajar, lo admito —contestó lo más rápido que pudo— A pesar que es muy cansado por el tipo de empresa que es, el salario y el lugar en sí lo vale.
—Por supuesto que sí...Es un lugar lindo en realidad, que no dejaría por nada del mundo, y le tengo un cariño bastante especial a la familia D'amico.
— ¿Así? ¿Me dirías la razón? —Preguntó tomando la copa de vidrio con su mano derecha.
—Además de adorar a Kaleb por ser mi mayor soporte aparte de Wendy, amo a toda su familia por permanecer a mi lado y brindarme el amor más sincero de éste planeta. Hemos compartido muy buenos momentos juntos y los guardo en mi corazón siempre.
—A parte de ser una mujer atractiva hasta morir, tienes muy buenos sentimientos y esa es la parte más bonita que un ser humano puede poseer.
—Supongo que sí, gracias por el cumplido.
La verdad es que la cena no fue la gran cosa ni mucho menos maravillosa, debido a que conversamos sobre la empresa y su experiencia laboral en diferentes lugares. Al cabo de una hora, me despedí de él para irme a casa. Siendo honesta, vaya decepción que me he llevado dándome cuenta que es una persona aburrida en todo sentido. Necesito a una persona que me llene de entusiasmo.
Kaleb
Aún continuaba extremadamente nervioso por la escena tan romántica que acaba de compartir con Leah. Me siento tan feliz de que al fin ya sea mi novia, y aunque tenemos que seguir conociéndonos el uno al otro ya la tengo a mi lado. La llevé de la mano hasta el apartamento de mi madre, no obstante, antes de entrar le dije:
—Leah...¿Quieres que te presente a mis padres como mi novia o una amiga cercana? No sucede nada si no te sientes para dar un paso tan grande como lo es este.
—Quiero hacerlo Kaleb —susurró tímida— Será un honor conocer a tu madre ya siendo tu pareja, por supuesto que sí.
—No quiero obligarte, yo respeto tu opinión siempre ¿No lo olvides, de acuerdo? —acaricié su cabello y besé su frente.
—Lo deseo enormemente —sonrió, como me encanta su bello rostro— Por supuesto que deseo entrar al departamento de tus padres y decir lo afortunada que soy de tenerte a ti a mi lado. Soy muy feliz de tenerte conmigo, guapo.
Me avergonzé por un instante y tomé su mano con fuerza.
—Algún día te regalaré el cielo y siento una enorme pena por no haberte dado
todas las maravillosas cosas que te mereces antes de convertirnos en una pareja.
—Lo único que necesito es que me ames por quién soy y no por lo que tengo, que permanezcas a mi lado sin importar las adversidades, comprendas que a veces me siento perdida y respetes el amor que le tengo a ciertas actividades, personas o cosas. No hay nada que quiera más que un amor totalmente recíproco, pero dime ¿Tú qué quieres?
—Quiero demostrarte que no estoy contigo por lo hermosa que eres o por quién has llegado a ser con tu gran esfuerzo, sino por el tipo de persona que he descubierto en ti desde el primer día que te vi en aquella colina. Yo amo tu interior, no niego que me encanta tu exterior, sin embargo esas pequeñas cosas que he visto me han conquistado fuertemente.
Sonrió agachando una cabeza cuando recordé que mi madre, un poco enferma, se encontraba dentro del apartamento sola.
—Hemos tenido un momento muy romántico que guardaré como un tesoro, no obstante, necesito ver si mi madre necesita algo. Te pido perdón por ello, Leah.
—Qué va, será mejor que entremos rápido y veamos cómo se encuentra tu madre.
Sonreí y abrí la puerta con la tarjeta de acceso. Invité a mi actual novia a entrar, y grité:
— ¡Mamá! ¿En dónde estás?
— ¡En la habitación, cariño! —me contestó casi de inmediato. Leah asintió y siguió mis pasos con rapidez.
Ambos entramos al dormitorio de mis padres, el cual tenía una decoración muy sencilla y elegante. En la cama estaba mi madre con una cara terrible mientras miraba algo en la televisión.
—Buenas noches ¿Cómo se encuentra? —mi novia le preguntó antes que yo tuviese la oportunidad de presentarlas siquiera.
—Oh, un poco mejor corazón. Muchas gracias por preguntar —le sonrió curiosa— ¿Te he visto en algún lugar antes?
—Mi nombre es Leah Roosevelt y soy escritora, tal vez es por aquella razón que cree haberme visto antes —volvió a darle una sonrisa enorme.
—Claro, claro, tienes razón. Eres la mujer que ganó aquel premio importante hace poco tiempo...
—Sí, fue el Premio Princesa de Asturias de las Letras —susurró.
—Y Leah es mi novia, mamá. Perdón por decirlo justo ahora —hablé lo más rápido que pude.
— ¿Tu novia? ¿En serio?
—Sí, señora. Pero tampoco es como si fuéramos pareja desde hace mucho, es que apenas me lo pidió antes de subir hasta aquí —confesó, causando que mamá soltara una risa.
—Ay, no ¿De verdad?
—Sí...
— ¿Es que tú eres un tonto? Si yo hubiese sido un hombre y tuviera a una mujer han linda e inteligente en frente mío, le hubiera pedido matrimonio en ese mismo instante.
Ese comentario ayudó a Leah a sentirse mucho más cómoda que hace un par de momentos atrás. De repente la puerta sonó, indicándonos que alguien habían llegado. Confirmé eso al ver a mi padre y hermana entrar al dormitorio con cautela.
—Buenas noches a todos —Caroline, mi hermana de veinte años, saludó.
—Oh, qué bueno que han venido ya pues puedo presentarles a mi novia —mencioné, logrando sorprenderá mi padre— Ella es Leah Roosevelt, mi adorada novia.
— ¿Leah Roosevelt? ¿La reina de la literatura romántica?
—Cuando lo dices de esa forma, me muero de la vergüenza —confesó cubriendo su rostro con ayuda de sus manos.
—Oye Kaleb, me has llenado de orgullo al tener a alguien tan talentoso a tu lado —Caroline se acercó a mí a darme un abrazo.
Afortunadamente, mi familia estuvo muy contenta con saber a quién había elegido como mi pareja. Leah era la segunda novia de mi vida entera y pondré todo de mi parte pata no volver a cometer el mismo error que con Elodie: soportar todo poniendo de excusa al amor que sentía por ella. Sin embargo, Leah es distinta en todos los sentidos. Leah sólo es alguien que ha sufrido por una mentira de parte de su familia que causó varios malestares en su vida, que desembocó en crisis nerviosas y ansiedad. Es una persona que no ha sufrido adicciones o que es mala en sí. Estoy contento de tenerla al lado y darme cuenta que ni siquiera se parece a la mujer que adoré anteriormente a pesar que esta me repitiera cientos de veces cuánto me odiaba. Yo era un romántico y ella, en cambio, parecía odiar la palabra "amor" y todas sus derivaciones.
Mi madre se quedó dormida más o menos después de una hora y papá la acompañó, mientras que Caroline fue a su habitación a ver la televisión y llevé a mi ahora novia a la sala. Hice que tomara asiento en el sillón azul que a mi hermana le encantaba, al mismo tiempo que le ofrecía una cobija para que no pasara frío.
—Déjame agradecerte por venir hasta aquí y traerle comida y medicinas a mi madre. No tenías que hacerlo pero lo hiciste sin renegar, ha sido una acción muy bonita.
—No es nada Kaleb así que deja de agradecer —sonrió cambiando los canales de televisión— Tu familia es cálida y amable, gracias a eso me siento muy tranquila y conforme.
—Es bueno que te hayan dado un recibimiento de ese tipo, por eso podremos realizar distintas actividades juntos.
—Quisiera presentarte ante mi familia, pero, no es un buen momento para algo tan importante. Lo haré luego, déjame solucionar mis problemas con ellos y te llevaré a Holanda.
— ¿Tu madre y hermana ya se han ido de aquí o siguen quedándose en casa de tu hermano Dan?
—Sinceramente no tengo ni la más mínima idea, no he entablado ninguna conversación con alguno de ellos. Esás, debería enviarle un mensaje a Dan ahora mismo.
—No te sientas obligada, enviales un mensaje cuando te sientas preparada para ello.
—Sí, tienes toda la razón...
La miré en completo silencio por varios segundos consecutivos. Su rostro, estoy seguro, era el significado de belleza.
— ¿Sabes algo? Contigo me di cuenta que la conexión entre dos personas no nace por el tiempo, sino que se crea en un solo instante. Aunque te observé muchas veces en aquella colina sin poder conectar mi mirada con la tuya, el día que se me presentó la oportunidad el corazón me latió con una fuerza incontrolable.
— ¿Me dejas confesarte algo también? —asentí, estábamos teniendo un momento muy íntimo como pareja al estar en el sillón cubiertos con la misma cobija mientras nos abrazábamos.
—Todo lo que quieras, mi amor.
—La primera vez que puse mis ojos en ti fue durante aquella firma, a la qué fuiste y pudiste conocer un poco más de una parte de mi vida. Al hablar, me fijé en ti y pensé en lo atractivo que eras para mí. Fue enorme la sorpresa que me lleve al encontrarme contigo en la limosina que nos llevaría a la cena esa misma noche.
—Simples casualidades de la vida ¿No lo crees?
—Creo en el destino, y en que tuve que conocerte aquel día...Aunque tú ya me conocías por haberme visto en la colina. Y me parece sumamente increible el hecho que conoces a alguien de pronto y ni siquiera se te pasa por la cabeza que permanecerá en tu vida y no querrás dejarlo ir, luego lo piensas y ríes porque es algo gracioso. La vida es irónica, llena de buenas y malas noticias, amor, cariño, amistad, odio y tristeza...Hay malos momentos, algunos que te hacen pensar en darle fin a tu vida, pero, recuerdas que pasará y volverás a ser feliz. Siempre digo que la vida puede ser de todo, pero es algo que no cambiaría ni por todo el dinero del mundo.
—Eres una mujer muy inteligente, Leah.
—Sólo he aprendido la importancia de la racionalidad y el realismo...Es obvio que las personas ignoramos hasta lo más evidente por el temor que nos causa enfrentar la realidad sin embargo, intento dejar eso de lado.
—Y espero que también intentes dejar de lado las heridas que te causan varias situaciones.
—Es difícil no abrir las heridas, y todos nos lo recordamos a cada momento —acarició sus brazos mirando hacia la nada— Ha sido muy complicado lidiar con la mentira en la que he vivido toda la vida, sin embargo, ya me he hecho a la idea que es mi realidad y que no tengo otra opción que aceptarla. Necesito tomar las cosas como un adulto y dejar de llorar cuando no entiendo cómo se sintieron ellos al ocultármelo. Odié a mi madre y hermana con profundidad debido al trato que me daban, no obstante ahora entiendo el por qué de sus acciones y no me atrevo a criticarlas. Las mentiras no me gustan en lo absoluto, bien lo saben todos, sin embargo el propio ser humano no es capaz de evitarlas por más que lo intentes. A veces mientes sobre tus orígenes o sobre tu clase social, la verdad es una lástima llamarlo así ya que considero que todos los seres vivos son iguales, mientes sobre las cosas que te gustan, la música que escuchas, tu color preferido, aquello que detestas por completo, a quién amas,a quién no quieres ver nunca más por alguna razón, acerca de tu familia o haces cosas por agradar a los demás. Es una lástima, por supuesto, pero, yo no soy quién para evitarlo. Y es así que entonces, actuaré con la cabeza fría y lo tomaré con calma. No lloraré antes de tiempo y no quiero hacer sufrir a quiénes tienen algún cariño por mí gracias a mi estado. Simplemente no pienso hacerlo, ya no.
No dije nada por un momento pues todo lo que dijo me sorprendió. Era una persona muy madura y escucharla era uno de los mejores placeres de esta vida. No me aburría, es más me encantaba ser a quién le hablaba de esta manera.
— ¿Sabes, Leah?
— ¿Sí? —volteó a verme haciendo que nuestras miradas chocaran y el corazón me temblara de nuevo.
—El mejor regalo que me ha dado la vida es haberme enamorado del precioso ser humano que tú eres.
—Yo debo agradecer al mundo por hacer que aparezca en mi camino una persona que me hace sentir segura. Antes de ti no había nadie más que Mina que fuese mi lugar seguro y que lograra calmar alguna de mis crisis nerviosas, y de pronto llegas tú y lo haces ¿No es increíble?
— ¿Tanto como tú lo eres? No lo creo.
—Gracias por tanto en tan poco tiempo —susurró, incapaz de verme a la cara luego de confesar algo tan especial— Apareciste de pronto y me pusiste el mundo entero de cabeza.
—Ese es el asombroso efecto del amor.
—Ahora veo que es así, gracias por enseñarme lo que significa querer a alguien y volverte loco por esa persona por cositas tan pequeñas.
—Y yo necesito agradecerle a aquella colina, por darme a esta maravillosa mujer.
—Me ha estado rondando una pregunta en la cabeza desde que mencionaste a esa colina por primera vez ¿Y es qué desde hace cuánto vas allá?
—La primera vez que lo hice fue el día en que te vi, y fue el misterio que me causabas que hizo que siguiera yendo.
—Vaya, es un gran honor para mí supongo. Jamás me he visto a mí misma como una mujer misteriosa o atractiva.
—Y es que nunca vemos ciertos rasgos nuestros y los demás lo hacen a cada instante. Y si todos los días olvides lo magnífica que eres, no tendré problema en recordártelo con cariño. Para mí, siendo honesto, será uno de los mejores momentos del día cuando bese tu rostro y mencione la maravilla que ya eres.