capitulo 1.

2596 Palabras
Narra Emma. —¿Por qué estás tan alegre Emma? — me pregunta mi mejor amiga y colega Lucía, mientras chequea a un gato angora. —Hace tres días encontré un perro lobo muy grande y bastante hermoso. No lleva placa ni nada, por lo que estoy pensando que, si en una semana no lo reclaman, voy a solicitar el registro para quedarme con él. Tengo mucho espacio en casa, además de que es bastante limpio y huele muy bien. — le comento maravillada. —Somos veterinarios, pero nunca te vi con deseos de tener una mascota, bueno, hasta ahora. — inquiere con dudas de mi cambio. — Ya ves que suelo cambiar rápidamente… — bromee con ella antes de quitarme los guantes y la bata. —Hasta mañana Emma. — se despide de mí. —Nos vemos mañana Lucía. — le dije moviendo los dedos, a mi manera graciosa de despedida. Mi clínica no está muy lejos de casa y eso me facilita la llegada. Aunque siempre uso mi coche porque es más rápido; solo tengo unos veinte minutos hasta llegar. Hoy en todo el camino no hice más que pensar en qué estará haciendo Mu; lo he nombrado así, ya que no soy buena con los nombres. Abrí la puerta con mucho cuidado, aún temo que se marche. —Mu… ven aquí, ya he llegado. — empecé a llamarlo, a pesar de que da risa la cara que pone cuando le digo Mu. Es como si entendiera que es un nombre bastante ridículo. Lo he buscado por toda la casa y mi perro lobo nada que aparezca. Me causó tristeza saber que ese ingrato me ha abandonado, se sintió feo y lo peor de todo es que no puedo buscarlo porque no sé si regreso con su dueño. Me cuesta entender cómo fue que se marchó sin más. Narra Dimitri. Llegué a la manada, aún transformado en Draco; recuerdo haber recuperado el conocimiento en medio de una carretera ubicada en Illinois. Lo peor de esto que me pasa es que según las brujas y sabios, no es una maldición, sino que es una parte de mí que crea tales eventos por algún recuerdo que quiero guardar dentro de mi memoria, ya que no deseo recordar. Cada vez que llamo a mi padre que es quien me puede aclarar las dudas, me dice que son ideas mías, que debo aprender a vivir con ese problema que tengo. Pero por más que he investigado en la historia de los hombres lobos; no ha pasado algo parecido como en mi caso. Llevo más de mil años teniendo esta amnesia que no la han podido curar ni los psicólogos humanos. Y es que siento como si me faltara recuerdos; mi laguna mental no deja que recuerde más allá de cuando ascendí al trono como Alpha Supremo. No recuerdo si fui un niño, si antes de esto tuve una vida, que tan juguetón era cuando apenas solía ser un lobezno, nada. —Mi Alpha, pido perdón por mi descuido, juro que lo intenté, sin embargo, en esta ocasión Draco no se detuvo. Salió de la manada como si algo fuera de ella lo llamara. — me explica él con la mirada apagada y su cansancio es notable, tal parece que estuvo buscando a mi lobo. —No pasa nada, únicamente me preocupa qué pudo haber hecho Draco estando fuera de la manada; es un lobo bastante grande y cualquier humano que lo viese o atacase pudo haber salido herido. — le comento preocupado, mientras lo dejo para ir a tomar una ducha. Descansé por más de ocho horas, porque suelo quedar muy cansado cuando paso por la pérdida de memoria; aunque debo reconocer que en esta ocasión no me siento tan mal como de costumbre. Salí de mi habitación y juro que odio esta casa, la soledad en ella me desespera. —¿Cenará ahora mi Alpha? — me pregunta una mujer bastante joven que nunca había visto antes. Como es costumbre olfatee dándome cuenta de que es una omega. —Puedes retirar todo, iré a cenar fuera. — le respondí sintiéndome intranquilo. Algo aparte de mis recuerdos me falta, pero no logro identificar que será. Lo tengo todo; carros, ropa, joyas, mujeres; poder, tanto sobre los lobos como los humanos. Soy el empresario con mayor influencia en la ciudad. Muchas humanas y lobas pagarían por estar una noche a mi lado, y los hombres desean robarme la vida de millonario que vivo. Pero si ellos supieran... que yo soy quien verdaderamente desea la vida de ellos. Se fijan en mi edad, sin saber que soy mucho más viejo de alma que sus abuelos o quizás que los padres de sus abuelos, y por eso tengo todo esto que no me hace sentir feliz. Narrador. —Hoy es un día muy especial para mí, porque al fin mi amado José ha cumplido su sueño de montar su propia galería de arte. — dijo Emma hablando consigo misma, mientras se miraba al espejo. Era una mala costumbre, lo sabía, sin embargo, era su manera de controlar la soledad que siente. A pesar de que se ordena a sí misma que no debería afectarle, ya que fue ella quien eligió vivir sola cuando fundó su propia clínica. Y ahora el novio que siempre estaba a su lado, está más absorto en su trabajo. Entre sus ropas íntimas buscó la lencería más hermosa que posee; esa negra que hace contraste con su piel blanca y su pelo rojo. Se colocó un vestido blanco de pronunciado escote que se asentó en sus caderas dejando ver cómo su silueta se marcaba. El perfume de frutas, fue esparcido por cada parte de su cuerpo, y los tacones del mismo color del vestido la hacen ver tan delicada como una flor. Puso un broche en su cabello agarrándolo de medio lado, dejando que las ondas de este caigan en cascada sobre el lado derecho de su hombro. > pensó nerviosa. Tomó su cartera de mano y la llave de su auto. Manejó por la ciudad, sin apagar la radio, se paró a comprar las flores sintiendo que llegaría tarde, pero, era mejor tarde que nunca. Ella volvió a retomar él caminó y al llegar dejó su carro a media cuadra retirado del lugar y camino mientras piensa en lo enamorada que está. > reflexionaba ella mientras disfrutaba de caminar por las calles teñidas de blanco después de una nevada inesperada y sostiene con fervor el ramo de tulipanes. Suspiró enamorada imaginando cuántas cosas románticas podrían pasar por su mente. Cada paso suyo se quedaba marcados entre la nieve hasta que se paró afuera de aquel sitio mirando con deslumbramiento él gran letrero que dice: “Alegoría de un amanecer precioso” Presentación de José Cardova; sonrió admirada, sintiéndose orgullosa, suspiró y luego entró al majestuoso edificio donde se lleva a cabo la presentación de las grandes obras, miró para los lados observando con orgullo todas las hermosas obras y cómo las personas disfrutan de ellas, con admiración, pero algo captó su atención y eso fue ver que entre todas las creaciones de su novio hay una escultura que llama la atención de todos así que quiso ver que tan buena es para que las personas estén tan enfocados en ella. Habiendo tantas variedades y cosas diferentes y hermosas. —Esa escultura es realmente interesante, anima a mi imaginación lujuriosa— comentó un hombre antes de relamerse los labios observando con detenimiento la escultura. —Esta bonita, pero aun mi imaginación no es tan morbosa— le respondió su compañero utilizando un tono burlón. Emma siguió hasta que al fin pudo pasar entre la multitud y los que sus ojos contemplaron la dejó avergonzada, destruida y humillada. Es una escultura de su cuerpo desnudo, acostada sobre algo plano con las piernas abiertas y con el pelo cernido a su rostro, con los labios entreabiertos, con los ojos cerrados, como cuando una mujer espera por su amado para ser tomada "el misionero" La similitud de la escultura con ella la hace pensar que él la estuvo estudiando desde hace años, no debía buscar mucho puesto que su parecido y la perfección es única; de sus ojos brotaron un par de lágrimas cuando miro el pedestal en el que está montada la escultura. Con detenimiento leyó la placa negra con letras doradas que dice: lo que el corazón no puede expresar con palabras, dedicado a la persona que más amo en esta vida “Emma Collins” —Porque lleva el nombre de una mujer, me gusta, pero no pondría la escultura de una mujer en mi casa, ya sabes mi esposa pediría el divorcio— se echó a reír junto a su compañero. —Tienes razon, pero no se puede negar que la escultura es digna de admiración—rectifico después de que calmo su risa y empezaron a alejarse para observar otra escultura, pero en el momento que Emma escucha la voz de su amado llamarla por su nombre su humillación se incrementó más y cerró los ojos con deseos de desaparecer; abrió la mano izquierda donde tenía empuñada una pulsera con el nombre de José y el suyo grabado, tenía tiempo garlándola esperando que llegara ese momento, pero la dejo caer y luego la piso dejándola debajo de su pie, puesto que pensó que José no la merecía, no tenía la moral para merecer algo tan hermoso de su parte. Todos se enfocaron en ella conociendo la motivación para que el artista elaborara tal escultura tan erótica. —Mírenla se trata de ella, es más hermosa que la figura— escuchaba los murmullos. “Pudor” el cual no le pareció cautivador el miedo a que siente que está perdiendo su dignidad con tal exhibición. —Es linda ¿verdad? la hice para ti porque eres todo lo que habita en mi mente — le preguntó José estando de pie a su lado y sonreía con admiración de su propio trabajo mientras ella miraba con desagrado la escultura. Sin decir nada o responder a su pregunta Emma, se giró en su propio eje empezando su caminar hacia la salida mientras él la llamaba desesperado sin entender su actitud, puesto que, para él, ese era el gesto más bonito de amor que podía hacerle a Emma, mientras ella sintió que él la quería denigrar al mostrar algo tan íntimo suyo que solo ha compartido con él. Dejando caer el ramo de tulipanes al piso caminó sin rumbo olvidando así su coche, sintiendo que el aire le faltaba, y el frío que antes helaba sus huesos ahora ni lo siente. ¿Qué es el amor? Se preguntó a sí misma. Mientras se abraza — darle persistentes significado… a algo indefinido y desconocido— se respondió recordando las palabras que él mismo le respondió un día que hablaban sobre amar, quererse y sobre todo respetarse porque sin esas reglas humanas, el amor no sería autentico. —Dónde quedaron sus palabras— volvió a gritar al viento al mismo tiempo que el dolor en su pecho incrementaba y el poco aire que llega a sus pulmones pica dentro de ellos. Por otro lado, Dimitri manejaba sin un punto fijo, sin saber a dónde ir o qué hacer, hoy no le apetece salir con amigos o divertirse con mujeres. ¿Qué cambió esta vez? Se preguntaba. Hasta que, a su campo visual, llegó la silueta de Emma parada a la orilla de la carretera llorando sin cesar. Con sus instintos más amplificados pudo escuchar sus sollozos y sintió dolor al verle tan destrozada. —Pero qué demonio— hablo asombrado, puesto que nunca había sentido el dolor de ninguna persona, no que recuerde. Olfateó con detenimiento el aire pensando que ella podría ser su luna, sin embargo, no pudo percibir ningún aroma diferente en ella. Igual sé detuvo a su lado, bajó la ventanilla del lado contrario y se inclinó un poco. —Te puedo ayudar— le propuso con su voz profunda e intimidante. Emma lo observó con la mirada brillosa. —No, muchas gracias— le respondió con un tono tan bajo que, si no fuera por los sentidos lobunos que tiene no podría haberla escuchado, no obstante, igual fingió no haberla escuchado porque la humana despertó su interés y eso es algo nuevo y diferente en él. —Ven te llevaré a casa, se te ve muy mal— volvió a insistir y ella miró para los lados sintiéndose perdida, reflexionó que quizás deba tomarle la palabra al desconocido porque total ya más daño no le pueden hacer. —Cuál es tu interés en llevarme a casa, abusaras de mí o me matarás para vender mis órganos, porque dinero no cargo, mucho que digamos. Tu reloj caro cuesta más que lo que puedo tener dentro de mi cartera— comentó abriendo la puerta del coche deportivo azul oscuro como el corazón de Dimitri. Él sonrió por las palabras locas de Emma, y le pareció que estaba muy confiada, porque espero que ella le hiciera insistir más, pero fue bastante fácil. —quizás sea el lobo y tú mi Caperucita— le manifestó con un tono burlón mientras volvía a poner el coche en marcha y después de esa corta conversación el silencio reinó. Emma observa todo por el cristal de la ventanilla perdida en sus pensamientos buscando un porqué, o cualquier detalle que la haga comprender o aceptar el gesto de José. Se decía a sí misma que quizás estaba siendo muy dramática o anticuada al creer que ese detalle de su novio es humillante. Que tal vez otra mujer en su lugar estaría orgullosa, pero ella que fue criada con ciertas restricciones y mucho valores morales y éticos aún no tiene la mente tan abierta o tan actualizada. Dimitri la miraba de reojo con ganas de preguntarle qué la tenía así de mal. Detuvo el coche en un punto que le pareció hermoso porque las luces de la ciudad desde allí se pueden apreciar. Emma salió de su cavilación cuando sintió que ya el coche no iba rumbo a su casa. —¿Qué haces? — espetó furiosa. —Solo será un momento para que te calmes— le respondió él con ciertas intenciones ocultas, pero no de hacerle daño sino de estar más tiempo a su lado. Salió del auto y Emma al ver que él salió ella lo hizo más atrás. —Quien te crees, para intentar calmarme— le grito furiosa acercándose a él para luego pegarle en el pecho duro y lleno de músculos mientras Dimitri sonreía dejándola descargar su furia hasta que ella perdió el conocimiento por la presión que sentía y la cabeza le palpita de tanto buscar una respuesta. > pensó cargándola entre sus brazos y sintiendo así de cerca la fragancia a frutas que emana el cuerpo de Emma y que de cierto modo le gusta y lo hace sentirse atraído por aquella mujer rubia tan delicada como el cristal y tan hermosa como un arcoíris en un día soleado. la acomodó nuevamente en el asiento y condujo a su pent-house ese que tiene fuera de la manada, pues no le conviene mostrarle su mundo a una completa desconocida que en cuanto tome lo que quiere de ella, no piensa volver a verle más.
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