Sin dudarlo, Sophie cabalgó sobre él de manera desenfrenada. Podía escucharse en la oficina el eco de cada golpe y de cada gemido emitido. Sophie se encargó de autofollarse a su gusto y él solo la observaba. De un tirón, abrió la blusa de Sophie, haciendo que algunos de los botones salieran volando por el aire; dejó sus senos al aire para ver cómo se movían al ritmo de sus movimientos. A ella no le importó que rompiera su blusa, sólo quería que el momento se extendiera lo más posible. Alguien tocó la puerta, pero no le prestaron atención. Volvieron a tocar y de nuevo continuaron su faena ignorando quien estuviese interrumpiendo su encuentro. Al no contestar a la solicitud, el teléfono de Sophie sonó varias veces. Ambos gruñeron con rabia y Álvaro arrancó el cable del teléfono. Tomó a S

