Un Encargo de Confianza

1282 Palabras
–¡¿PERO QUE DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?! –Con fuerza Anabelle estrello la Zirconia falsa en el suelo y esta se partió en miles de trozos. –Creo que… hemos sido engañadas, Mi Señora. –Mei miraba al suelo con enfado y decepción. –¡¿Engañada?! ¡¿Yo?! –La respiración de la mujer era cada vez más pesada. Estaba furiosa–. Tráiganme a la princesa Electric. Ella escupirá la verdad antes de que la mate con mis propias manos. Uno de los soldados oscuros salió del salón del trono con el fin de traer a Daphne. –¿Qué haremos, Anabelle? –Mei intentaba mantener la tranquilidad con el fin de aliviar a su ama. –Volveremos a Platinum y haré pagar a los Electric restantes por este jueguito que quisieron hacer. John se arrepentirá de haberse burlado de mí. –La ira en la voz de la mujer era palpable. –¿Desea que reúna el ejército de “hijos de la naturaleza”? –Inquirió la rubia. –No. –Anabelle sonrió con maldad–. Haremos esto con nuestras propias manos. –Como desee, Mi Señora. –Finalizó Mei con una leve reverencia. Los acelerados pasos del guardia cruzaron la puerta. Mei y Anabelle le miraron con ojos entornados. –Mi Señora… –Su respiración era acelerada–. Es Daphne… no está en la celda… –¿Qué estás diciendo? –Anabelle se levantó de su asiento. –La celda está vacía… –El soldado intentaba expresarse con serenidad– Y no hay indicios de algún escape forzado. –¿Dónde estaban los guardias? –Mei parecía intentar mantener la cordura mientras que Anabelle cada vez estaba más furiosa. –He allí lo extraño, señorita Mei. –Tragó saliva sintiendo escalofríos al recordar lo visto–. Uno de los dos estaba calcinado, el otro congelado… con hielo dorado… Los ojos de ambas se abrieron de par en par. Anabelle apretaba los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en la piel de sus manos haciéndola sangrar. La situación era desconcertante e imposible desde cualquier ángulo. Bajo su poder estaba el Zafiro Congelado y el Rubí de Fuego. No existía nadie que pudiese entrar al calabozo y rescatar a la prisionera a menos que se tratase de Ariana, y era poco probable que esta la traicionara. ¿Qué estaba pasando? –Si esta se fue es obvio que estará con su gente. –Anabelle miraba por la ventana con los ojos entrecerrados, desbordantes de ira–. Sea donde sea que esté John, lo conseguiré. *** Javier estaba de nuevo en el refugio… pero lo que vio le dejó desconcertado. Si pensaba que no durarían mucho siendo solo los Electric sobrevivientes, menos ahora con más de diez mil humanos. Todos miraban a su alrededor con ojos repletos de curiosidad y asombro. El guardia consiguió abrirse paso hasta el Rey John, quien se encontraba con Jaen, Mike, Scarlet y Alexa. Al mirar a esta última no pudo evitar mostrar asombro. –Una Nighter… –Fueron sus primeras palabras al acercarse. Todos le miraron. –Oh, Javier. –Saludó su Rey–. ¿Has conseguido hablar con el Rey Tritón? –Sí, Mi Rey. No solo con él, sino además con Marie, la segunda en el linaje de los tritones y en quien Jules se apoya para seguir sus consejos. –Comenzó el soldado–. Ambos dijeron que analizarían la propuesta y enviarían una respuesta… –Mi señor. –Interrumpió un segundo guardia-. Tenemos un mensaje del Rey Jules. –Vaya, –soltó Mike sorprendido–, al parecer son más rápidos de lo que aparentan. John caminó hasta su guardia y tomó el sobre sellado con el anillo del Rey Jules. Sin dudarlo lo abrió y comenzó a leer el comunicado en voz alta. “Rey John, supremo de los Electric, envío estas líneas sin protocolo diplomático por la urgencia que su mensajero ha dejado clara. Con relación a su petición he decidido no entrometerme en sus asuntos debido a que nuestra alianza únicamente es con Ariana. No es de nuestra incumbencia lo que a su r**a le ocurra. Espero comprenda mi postura. Rey Tritón, Jules Harrington” –Mocoso engreído. –Soltó John al terminar de leer el mensaje. –Era de esperarse. –Añadió Scarlet rodando los ojos–. Los Tritones nunca se aventuraran en algo que les pueda perjudicar. –No solo eso. Si tomamos en cuenta la posible alianza entre Ariana y Anabelle podemos pensar que Jules también colabora con ellas. –Mike continuó–. Y si es así entonces hemos quedado en desventaja ya que tendrán conocimiento de la emboscada. –El rubio lanzó una mirada acusadora a John. –Esperemos que no sea así. –El líder Electric tragó saliva. –Bien, pero apartando nuestros problemas por venir, tenemos algo más en que pensar justo ahora. –Jaen parecía preocupado–. ¿Cómo entrenaremos a tantos humanos? –He pensado en eso mientras no estaban. –John creó un esquema holográfico con su fuerza eléctrica–. Debemos… quiero decir, debes, Jaen, nombrar al menos tres capitanes que lideren el ejército por partes. Estos tres serían entrenados directamente por ti, Mary y Hide. –Apenas dijo esto Jaen pareció recibir una bofetada. Apretó los labios dejando salir un suspiro–. Un minuto. –John miró a los lados– ¿Dónde… donde está Hide? Jaen de inmediato cubrió su rostro con sus manos apoyando los codos sobre la mesa que estaba frente a ellos. Scarlet masajeaba los hombros del chico como señal de fuerza. Mike finalmente miró a John. –Hide… ya no está con nosotros… –Mary soltó las palabras con esfuerzo. –¿Qué ha pasado? ¿Por qué se retiró? –John estaba confundido. –No, no estas entendiendo -intervino Alexa rodando los ojos, sintiendo frustración al darse cuenta de que todos eran lentos a la hora de asimilar una pérdida. –Puedo entender que algo le obligo a quedarse en su mundo… –¡Hide está muerto! –Gritó con desespero Andrea consiguiendo que Jaen dejara salir un gemido al escuchar aquellas tres palabras. John quedó en shock. Sus ojos estaban abiertos mirando a la nada. Soltó un suspiro asimilando semejante noticia. –Dios mío… –Habló con mirada repleta de asombro y confusión–. ¿Cómo pasó esto? –Doppelganger. –Respondió Alexa–. Anabelle creó un doppelganger de cada uno de los humanos y Hide miró el suyo en combate accidentalmente. Terminó convirtiéndose en estatua de sal. –En verdad lo siento mucho… –El Electric miró al suelo quedando sin palabras. –Está bien. –Jaen se incorporaba de nuevo–. Continúa con la estrategia. –Bien. –John soltó un suspiro–. Decía que los tres capitanes deben ser entrenados por humanos, aunque en este caso Scarlet deberá intervenir. Mientras esto ocurre dividiremos el total en tres grupos, Mike, Alexa y yo nos haremos cargo de impartir el entrenamiento. –De acuerdo. –Respondieron todos los implicados. –Bien, ¿a quienes seleccionaras como capitanes, Rey de los humanos? –Inquirió Mike. Jaen definitivamente no se acostumbraba a obtener un título como ese. –Creo que la mejor elección será Robert, Aneus y Erik. –Explicó luego de analizarlo por algunos instantes. –Entonces lo mejor será ponernos manos a la obra. –Scarlet se levantó primero. Terminada la reunión todos se levantaron con el fin de dar inicio inmediato al entrenamiento. –Jaen. –Detuvo John al chico–. Hay algo que necesito decirte… *** La corte de los dioses nuevamente se preparaba para dar inicio, solo que tres de los asientos permanecían vacíos. Azaba miró a los presentes con rostro de disgusto antes de comenzar a hablar. –Lo que quiero discutir es sencillo. –Comenzó el soberano tamborileando sus dedos sobre la mesa de cristal–. ¿Qué haremos con Bóreas, Eolo y Tiamat? –Deberíamos intentar hacerlos entrar en razón. –Intervino Amaterasu. –Vamos, Amaterasu, ¿no has visto que no atienen a razones? –Unknow parecía fastidiada de decir cosas obvias. –Quizá debamos exterminarlos. –Hades bufó. Aquella idea le generaba emoción–. No es como si les necesitáramos. –Todos los dioses somos importantes, Hades. –Nuevamente Unknow dejó los ojos en blanco. –Mi Señor, Azaba… ¿puedo dar una opinión? –Malchior alzaba su mano pidiendo la palabra. –Adelante. –Azaba le miró. –Puede que los denominados “traidores” simplemente estén manifestando su preocupación de una manera equivocada. –Intentó razonar El Vigilante–. Solicito permiso para hacerlos razonar. –¿Estás diciendo que un simple debilucho como tu traerá arrepentidos a los traidores? –A Hades parecía divertirle la idea. –Sí, eso estoy diciendo. –Malchior no se molestó en mirar al dios del abismo. –Considero que es una estupidez. –Intervino Unknow. –A mí me parece que si puede hacerlo. –Amaterasu miró a Azaba. –¿Crees poder cumplir algo como eso antes de que estalle una guerra entre razas? –La voz de Azaba llevaba una pizca de duda. –Lo creo, Mi Señor Azaba. –Respondió decidido el peliblanco. Azaba se apoyó de la mesa redonda en posición pensativa mientras analizaba la idea del Vigilante. Ello implicaba confiar una tarea fundamental a un subordinado estando solo a días de una guerra sin precedentes. –De acuerdo, Malchior. –Tras oírlo Hades se levantó en señal de protesta mientras que Unknow suspiró y se cruzó de brazos, negando con la cabeza–. Convence a los dioses traidores de volver y no involucrarse en nada antes de que estalle el caos. –¡Azaba, por amor a dios! No puedes dejarle esta tarea a él. –Hades lo miraba con incredulidad. –¿Por qué? –Inquirió el Dios de dioses–. ¿Hay algo que temas al respecto, Hades? –No es eso. –Siseó el dios de los Firex. Hades estaba furioso–. Es obvio que no podrá convencerles ¡Simplemente es un Vigilante! –Y confío en que lo hará. –Respondió Azaba. –¿Así que ahora nos dejamos llevar por emociones absurdas, Azaba? –Unknow se levantó–. Insisto. Me parece una completa estupidez. Con permiso, volveré a mis asuntos. –Y desapareció. –No pareces ser tú, Azaba. –Y con una mirada llena de odio sobre Malchior, Hades desapareció. –Azaba, yo creo que él puede hacerlo. –Amaterasu miró al peliblanco con una sonrisa–. Al fin y al cabo eres el único a quienes Bóreas, Eolo y Tiamat escucharan. Debo retirarme. Te deseo lo mejor, Malchior. Y tras su partida todo quedó en silencio. Azaba sostenía sus dedos entrelazados apoyando la barbilla en sus pulgares. –Algo en Hades no está del todo bien. –El Dios parecía reflexivo con mirada perdida. –¿A qué te refieres, Azaba? –Malchior se levantó de su lugar como Vigilante y tomó uno de los asientos de los dioses, quedando frente al dios supremo. –Está ocultando algo. Puedo percibirlo y… –alzó una ceja mirando a su inferior–… de antemano te advierto que sé lo que haces, Malchior. El peliblanco se quedó sin palabras. Tragó saliva y mordió su labio inferior en señal de nerviosismo. –¿A… a que te refieres, Azaba? –Malchior mordió su labio. –Sé que planeas ayudar en la guerra. –Respondió el soberano con gesto de orgullo–. Además sé que has revivido a un mocoso. –Suspiró–. Pero no pienso detenerte. Tienes razones para querer ayudarles. –Lamento haberlo ocultado, Azaba –Malchior se dejó caer de hombros con gesto de vergüenza–. Agradezco que me des la libertad para continuar. –No soy insensible. –Reprochó el Dios Supremo como si hubiese recibido un insulto–. Conozco claramente tu deseo natural por mantener con vida a ese chico... ¿Jaen? –Así es. –Asintió el peliblanco–. Anabelle ha causado muchísimo daño, no solo a los mundos, sino a mí personalmente. –Solo espero que todo lo que haces valga la pena. –El pelinegro volvió a masajear sus sienes intentando tener más ideas para solucionar aquel desastre sin sacrificar a nadie en el camino–. Apartando eso, trae a los dioses pronto, tengo un mal presentimiento y debo reunirme con todos, sin Hades. –Como ordenes, Azaba. –Asintió El Vigilante. –Cuento contigo, Malchior Kuze.
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