El día transcurrió para los humanos como el más largo y tortuoso que jamás habían vivido. Un entrenamiento de un año resumido de forma exhaustiva para que aprendieran lo máximo posible en solo un día. Les explicaron que era cuestión de horas antes de que comenzara un asalto con la mismísima Anabelle, por lo que todos pusieron de su parte para hacerse diestros en el manejo de algunas armas ofensivas y defensivas. El caso fue distinto con los capitanes. El entrenamiento dado por Jaen, Mary y Scarlet fue aún más fuerte, por lo que los aprendices estaban muy cansados.
–¿Qué demonios es esto? –Erik estaba exhausto y sentía su cuerpo entero dormido debido a tanto esfuerzo–. Se supone que somos celebridades, no es nuestro estilo practicar combates de esta forma.
–Deja de quejarte. –Le reprendió Aneus entrecerrando los ojos–. Fuiste el primero en ofrecerte para esto, así que ahora asume la responsabilidad.
–Bien, ya han obtenido un dominio relativo de la piedra que hemos dado a cada uno. –Jaen observaba con satisfacción–. Deberíamos ahora enseñar un poco de evasión, ¿no te parece Scarlet?
Esta abrió la boca para responder en el instante en que un fuerte temblor. ¿Qué podía ser eso cuando aún estaban ensayando? Jaen y la Clorux se miraron a los ojos pensando en el posible origen de tal fenómeno. Todos miraron en dirección al origen de la vibración… y allí estaba el temido episodio para el que se preparaban pero que simplemente no deseaban que ocurriera. Observaron a un enorme perro de tres cabezas escupiendo fuego al cielo.
–Cer… Cerbero… –Musitó Mary.
–¡Cambio de planes! –Jaen dio un salto junto al resto y se ocultó dentro del refugio, el cual estaba bajo la ciudad–. Es hora de llevar todo a la práctica.
–Esto no puede estar pasando. –Musitó Erik dejando salir un suspiro–. Si algo me ocurre dile a mi mami que la amo. –Pidió a Aneus.
–Déjate de tonterías y enfócate.
Corrieron por el interior hasta el salón donde solían estar todos reunidos descansando. John también estaba allí, aunque se miraban unos a otros debido al temblor.
–Damas y caballeros. –Jaen comenzó sin titubear–. Es hora de aplicar la teoría. Anabelle está aquí.
De inmediato un segundo temblor se sintió, esta vez más fuerte que el primero.
Antes de iniciar el entrenamiento se había dado a cada humano un fragmento del Cristal Terrenal y todos lo habían activado. Era el momento de iniciar la emboscada.
Aneus, Erik y Robert conocían el plan porque parte de su clase había constado de una explicación detallada, por lo que no tardaron en reunir a su ejército previamente numerado y movilizarse al punto designado.
–El momento ha llegado. Jaen, Scarlet, Mike, Mary, Andrea, Alexa… cuento con ustedes. –John sonaba sumamente preocupado–. Yo mantendré a salvo la Zirconia. Por favor… no permitan que Daphne salga herida.
–Cuenta con eso. –Mike apretó con fuerza el mango de su espada–. No dejaré morir a nadie más.
Era evidente que la preocupación se había instalado en las mentes de cada uno al darse cuenta de que los respectivos entrenamientos a los humanos recién llegados ni siquiera habían avanzado a un punto en el que estos pudiesen defenderse de manera adecuada. ¿De verdad estaban en la capacidad de detener a Anabelle en esta oportunidad?
Todos se separaron, movilizándose a los puntos determinados previamente. Compartían un mismo ideal. Debían acabar con Anabelle en este asalto o no habría una segunda oportunidad.
***
–No parece haber nada aquí… –Mei miraba a su alrededor como si de un depredador se tratase.
–Lo hay, estoy segura de que John está aquí... y no está solo –La mujer miraba con suspicacia y resultaba imposible para ella no mostrar una sonrisa de emoción en medio de aquella cacería. Anabelle lanzó una mirada a su esbirro–. Cerbero, ahora.
El enorme perro escupió una bocarada de fuego en el suelo, prendiendo en llamas la mitad de las ruinas de la ciudad. No pasó nada. Nada se movió en el inmenso panorama.
Por segunda vez ordenó a Cerbero a****r, pero esta vez otra de sus cabezas cargó una esfera de energía oscura y la estalló en el suelo. Todo se estremeció, lo poco que quedaba en pie se desmoronó por el impacto.
–¿Hasta cuándo seguirás causando destrucción y ruina, madre? –Jaen estaba de pie sobre una de los montículos de escombros con el rostro fijo en Anabelle.
–¿Lo ves? Así es como sacas a las ratas de su escondite. –Musitó la castaña soltando una leve carcajada–. Jaen, hijo mío, que grata sorpresa. –Mintió de manera evidente–. Es bueno verte -el gesto de la mujer cambió a una alegría fingida–. Pareces todo un hombre.
–Quizá. –Respondió Jaen inexpresivo sin haber dado atención a las palabras de la mujer–. Pero eso no responde a mi pregunta.
–Dejaré de destruir cuando tenga en mi poder las siete gemas de Ashura, ¿no es obvio? –Bufó pensando en lo estúpido que era su hijo–. Y estoy aquí en busca de la verdadera Zirconia. ¿Me la darás por las buenas o por las malas, mi pequeño tesoro?
–No te la daré, madre. –El chico entrecerró los ojos.
–¿Ah no? Es una pena, Jaen. –Se dejó caer de hombros–. No quiero pelear contigo. De verdad.
Mientras hablaban, Scarlet apareció cerca de Anabelle y disparó una flecha de viento comprimido. Mei se interpuso de inmediato golpeando la flecha con La Espada de la Noche. Los ojos de la Clorux se abrieron llenos de asombro en el momento que daba un par de pasos atrás para mantenerse en las sombras. ¿Cómo podía haber predicho un movimiento como ese cuando la peliverde no solía equivocarse en su puntería?
Un rayo cayó justo sobre Anabelle… pero esta ya había creado un vórtice que se tragó toda su energía. Jaen estaba desconcertado. Se suponía que ambos ataques serían sorpresivos y le darían la oportunidad de a****r… era imposible haberlos leído.
Una sonrisa de triunfo apareció en el rostro de la villana en el momento en que chasqueaba los dedos. Una explosión retumbó al este, una llamarada al oeste. En ambos lugares estaban los escondites. La respiración de Jaen se aceleraba cada vez más al darse cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor. Anabelle comenzó a reír.
–Eres tan ingenuo, mi pequeño niño. –Habló sin mirarle–. Aun te falta mucho por aprender del mundo que te rodea. ¿Realmente creíste que podrían emboscarme? –Anabelle se carcajeó.
Mientras todavía hablaba tras ella hizo aparición un soldado con armadura oscura como la noche, pero eso no fue lo que tomó la atención de Jaen, sino aquello que traía en sus manos: la Zirconia Eléctrica
–Debes crecer mucho más para poder pensar en detenerme, Jaen. –Anabelle sostuvo finalmente la verdadera Zirconia–. Y no me refiero tan solo a crecer de tamaño, sino de mente, mi pequeña cucarachita.
–No lo creo… –Jaen apretó con fuerza su pequeño zafiro–. ¡Fehila!
Con un impulso enorme el ave hizo aparición por la espalda de Anabelle, golpeándola por la espalda y haciéndola caer de sobre Cerbero.
–¡Mi señora! –Mei intento ir hacia donde Anabelle pero fue bloqueada por Scarlet.
–No irás muy lejos, asquerosa humana.
Scarlet comprimió aire en su pierna derecha y lanzó una patada con la misma a la cara de su oponente, la cual detuvo cruzando sus brazos en x. Con un empujón quitó a Scarlet de sobre ella. Miró a los lados, no había nada alrededor salvo ruinas y más ruinas, pero esto bastaba y sobraba para usar del Cuarzo de la Noche. La gema en su anillo comenzó a emitir un brillo oscuro en el instante en que múltiples rocas gigantescas se tornaban de un color n***o y comenzaban a elevarse solas. Con un movimiento de brazos todas las piedras estaban moviéndose a toda velocidad hacia Scarlet.
Haciendo uso de la Esmeralda formó hojillas de viento que comenzó a impactar con cada una de las rocas. Estas se rompían en múltiples trozos y caían al suelo formando una enorme nube de polvo. Scarlet aprovechó la ocasión para contraatacar. Creo un par de enormes tornados a su lado y juntos los envió hacia Mei. Ambos colisionaron al encontrarse, generando una enorme y potente corriente de viento y polvo. La Clorux movilizó el polvo con un viento suave en busca de resultados positivos.
Lentamente la espesa nube de polvo fue desapareciendo y dejó ver lo que había adelante… nada. Mei no estaba. Scarlet dio un par de pasos mirando a los lados, pero lo único que veía era escombros y más polvo.
Finalmente una sombra apareció detrás de ella sin que lo notara y, con una fuerte patada hizo rodar a Scarlet hasta impactar con una roca.
–Vaya, vaya… –Mei hacía sonar sus nudillos mientras daba pasos lentos hacia Scarlet–. He de admitir que esos tornados se veían realmente intimidantes, Reina Clorux. –Soltó el título con sarcasmo antes de sonreír–. Pero te olvidas de algo, estúpida chica. –Alzó su mano derecha y enseñó uno de los anillos que llevaba con una piedra verde brillante. Scarlet mostró un gesto de rabia–. Yo también puedo jugar con el viento. –Con un par de florituras creó dos esferas de viento comprimido sobre ella–. Será divertido destruirte con tu mismo elemento, ¿no te parece? –Y con un chasquido de dedos lanzó ambas a Scarlet.