Mike caminaba junto a Hide, pero la tensión entre ambos era evidente. Ninguno decía palabra alguna.
El humano no dejaba de preguntarse lo que realmente había detrás de aquella declaración de su Doppleganger. ¿Era realmente Michael un asesino? Peor aún ¿había matado a su hermano menor? Si ese era el caso ¿Por qué? ¿Pensaba en matarlo a él también? Nada era seguro ahora. La imagen que tenía de ese amigo cercano como un hermano se había derrumbado. Ni siquiera podía estar seguro de si Michael lo había visto como tal o más bien como a otra cosa…
Mientras estos pensamientos llenaban la mente del humano, Mike se debatía sobre como contarle todo. Como decirle que ciertamente era un asesino codicioso. Que había asesinado a su hermano pequeño para que este no interviniera entre él y la corona. Si tan solo el tiempo pudiese regresarse…
–Es cierto ¿verdad? –Soltó finalmente Hide de forma inexpresiva, aunque sus ojos expresaban dolor–. Lo mataste…
–Ledah… –Mike tragó saliva–. Ese era su nombre.
–¡Y tú lo mataste! ¡Eres un monstruo! ¡Un asesino! –El pelinegro parecía enfadado. Tanto como si le afectara directamente el asesinato del chico–. Pensé que eras una buena persona…
–Fue hace seis años. –Sus palabras se cortaron. El nudo en su garganta impedía que las palabras fluyeran con tranquilidad mientras que sus ojos se cristalizaron–. Y no hay minuto en el que no me arrepienta de lo que hice.
–Mentiroso. –Sentenció Hide–. ¿Debería creerle a un asesino? –La mirada acusadora del humano hablaba por si sola–. No eres diferente a Anabelle. –Sentenció.
–¿Cómo…? –Los ojos de Mike se abrieron al oír semejante conclusión, pero sabía que el chico estaba en lo cierto. Anabelle mataba por la ambición de obtener las piedras y Michael lo hizo por la ambición de obtener una corona. No eran razones diferentes–. Lo siento.
–No quiero escucharte.
Hide se adelantó, momento en el que un par de lágrimas se abrieron pasó en sus ojos. El chico miró al cielo con nostalgia.
–No sabes cuánto te extraño, James –Los ojos del humano se cristalizaron.
–Qué situación tan… interesante. –Habló Hide… o al menos así sonó.
Durante ese momento el tiempo pareció moverse lentamente. El rostro del chico humano comenzó a moverse lentamente hacia el origen de la voz.
–¡HIDE NO! –Gritó Mike corriendo hacia su amigo–. ¡No voltees!
Pero era tarde. El doppelganger había hecho contacto visual con su yo original. Mike consiguió dar un empujón al falso, haciéndolo rodar por el suelo hasta golpearse con un banco. Las personas alrededor comenzaron a gritar alarmadas por la pelea. Una sonrisa se marcó en los labios del doppelganger en el momento en que abría un vórtice a su lado para escapar.
–Te dije que le mataría. –Escupió con una sonrisa de triunfo–. Te lo advertí.
–No… esta vez no te dejaré ir –Haciendo uso del Zafiro Mike creó un muro entre el vórtice y el ser.
De inmediato un temblor sacudió el lugar. Las personas comenzaron a correr despavoridas por las cosas extrañas que se mostraban.
El falso Hide intentó correr al lado contrario, pero una segunda pared de hielo bloqueó su escape. Antes de darse cuenta estaba encerrado en una caja de hielo.
–Te diviertes haciendo esto ¿no es así? –Puntas brotaron en el interior de la prisión helada. El temblor se hacía cada vez más fuerte–. Pero tu tiempo se acabó, monstruo.
–¿Monstruo? –Se mofó el cautivo. Incluso en una situación de vida o muerte no comprendía el significado del miedo–. No tienes moral para llamarme así, Michael. –Sus risas dementes sonaron fuertemente–. Adelante, mátame. De igual forma morirá y, peor aún… morirá odiándote por el asqueroso asesino que eres. –Y de inmediato las púas lo cruzaron, desvaneciéndolo como si de polvo se tratara luego de expulsar un grito de dolor.
Mike se dio vuelta rápidamente para ver a su amigo tendido en el suelo intentando levantarse. Corrió hacia el desesperadamente hasta agacharse a su lado y apoyarlo en su rodilla. El temblor cesaba lentamente. ¿Qué acababa de pasar? Las cosas se habían movido muy rápidamente. Tan solo unos minutos atrás estaba intentando que Hide le hablara y ahora el pelinegro estaba tendido en el suelo con mirada perdida. ¿Era acaso un deja vu?
–Mike… no… no me siento bien. –Los labios del humano temblaban mientras sus ojos parecían retener litros de lágrimas. Hide estaba asustado y lentamente comenzaba a sentir su cuerpo entero dormido.
–Tenemos que hacer algo, Hide. –Mike miraba a los lados con impotencia–. Pero en este mundo no hay quien pueda ayudar. ¡Demonios! –Su respiración era agitada intentando pensar en alguna solución. ¿Cuándo había sido la última vez que el rubio se preocupaba tanto por alguien que no fuera él? Había cambiado gracias a una sola persona y ahora la tenía en sus brazos estando frente al abismo de la muerte.
–No pasa nada, Mike. –Sonrió con dulzura Hide mirando al cielo. Comenzaba a comprender que este era el final, su último momento–. Dime, Mike… ¿realmente lo extrañas? –Los dedos de Hide comenzaban a tornarse blancos.
–No te imaginas cuánto. –La voz de Michael se quebró al ver a su amigo en aquella situación. No podía estarle pasando eso una segunda vez. No con alguien a quien consideraba tan cercano–. Tú eres como él. Me recuerdas a él. –Mordió su labio con fuerza reteniendo sus lágrimas–. ¡No puede acabar así!
Se levantó sosteniéndolo en los brazos y comenzó a correr con la esperanza de conseguir a alguno de los demás. Las cristalinas gotas producto del llanto aparecían siendo llevadas por el viento.
–Yo… también perdí a mi hermano mayor. Desapareció. –Hide tosió y algunos granos de sal salieron de su boca impregnando su boca de dicho sabor–. Tu llenaste ese vacío, Mike… pero… ¿de verdad me veías como algo más que un amigo? ¿Es ese el secreto que tanto temes? –Por un leve instante los ojos del chico mostraron un último brillo, como si esperaran aquella respuesta de forma ansiosa.
–¡Deja de hablar como si estuvieses a punto de morir! –Le reprendió el príncipe evadiendo el asunto, mostrando el horrible dolor que sentía en su corazón.
–Respóndeme, Mike… –Hide miraba los ojos del Frinx detenidamente.
–Es… –La voz de Michael se quebró–. Es cierto… Es el secreto que oculto bajo mi corona.
–Debiste habérmelo dicho mientras estuve contigo… –Una sonrisa tierna apareció en los labios de Hide.
–¡No pienses que te desharás de mi tan fácilmente! –El rubio seguía mirando a los lados, pero no parecía haber un lugar con la capacidad de ayudarle en aquella situación.
–Solo te pido que cuides de Jaen… aun es infantil. –El humano hizo una mueca de dolor antes de tragar saliva–. Te quiero… Mike… –Y tras un suspiro su cuerpo se tornó completamente blanco y frio, como una piedra de sal.
–No… no, no, no. Hide, ¡no puedes acabar así! –Las lágrimas brotaban como torrentes–. ¡No puedes morir! ¡j***r! ¿Por qué está pasando de nuevo?
Las piernas fallaron. Cayó sobre sus rodillas. Por su mente pasó todo el tiempo que vivió tras conocer al chico. Su característica sonrisa infantil, sus ideas tan alocadas pero al mismo tiempo tan maduras… Era imposible que ahora estuviese muerto. No lo quería aceptar. Y, sobre todo, esas últimas palabras… “Te quiero”.
Mike rompió en llanto desconsolado