De Vuelta Al Trabajo

1489 Palabras
El ambiente no resultaba agradable para nadie. Llanto y caras largas era lo único que se podía apreciar dentro de la casa de Jaen. Mike miraba por la ventana al mismo lugar hacia donde las partículas de sal de Hide se habían desaparecido. Jaen no dejaba de agarrar su rostro y derramar lágrimas. Scarlet no se quedaba atrás. Por su mente pasaban los momentos que compartió con el humano que llegó al palacio de los Clorux. Estaba claro que el joven pelinegro había capturado el corazón de todos sus amigos. ¿Cómo podrían imaginarse en seguir un rumbo sin él? Era evidente que la respuesta a aquella incógnita tardaría en llegar a las mentes de los chicos. Finalmente estaba Mary con ojos hinchados por tanto llorar y su novio (en teoría) que intentaba consolarla insatisfactoriamente. Alexa y Andrea pensaban en la estrategia a usar para obtener la victoria frente a Anabelle. Erik –quien no había dejado de preguntarles la razón de su peculiaridad– las ayudaba ahora en lo que podía. –Los humanos dan pena.­ –Comentaba Alexa cada vez que el llanto de alguien llegaba a sus oídos–. No consiguen superar la muerte de alguien… –Debes entenderlos, Alexa. Hablamos de un chico que al parecer era muy allegado a todos. –Andrea daba golpecitos a su pequeña barbilla con un lápiz que sostenía–. Además, nosotras sabemos mejor que nadie cuanto puede doler una perdida. –Tienes razón, hermana, tienes razón. *** Fuertes pisadas se oían… una puerta abierta y el murmullo de los guardias. Finalmente Daphne pudo observar una silueta en la entrada de su celda. Esta se abrió, dando paso a la persona que deseaba verla. La chica pudo observar su visita. Un joven de piel pálida y cabellos tan rojos como el fuego. Vestía prendas del mismo color y en sus ojos se podía ver una diminuta llama ardiente. De su cabello parecía brotar humo y, sobre este aparecía una corona con pequeños rubíes decorándola. Daphne lo reconoció en el acto. Se trataba del príncipe Damián. Esta se encontraba sentada en el suelo con un simple atuendo de saco. Damián mostró un casi imperceptible atisbo de compasión al verla golpeada, herida, sin energías… vulnerable. –Daphne… –El chico le miró con lástima. –¿Qué es lo que quieres, Damián? ¿Para qué has venido aquí? –Respondió la princesa fastidiada. –Solo deseaba verte. –Explicó este intentando disimular su compasión–. Hacía mucho tiempo que no podíamos vernos… –¡Que buen momento para verme! ¡Ja! –Daphne lo miró con ojos iracundos–. Debí imaginarme que Ariana estaba involucrada en todo esto. Y aunque me duela decirlo, Damián, esperaba más de ti. Los ojos del príncipe se entrecerraron. Tiró sobre ella un sobre blanco antes de darse la vuelta. –No dejas de hablar demasiado, mocosa. Eso será tu ruina. –Dicho esto se retiró. Daphne miró el sobre… llevaba un sello que jamás había visto. Este era de color azul, como solía ser el de los Frinx, pero solo la mitad. El otro lado era rojo como el sello de los Firex. ¿Formaba parte de todo esto el fallecido Peter? ¿Qué podía significar aquel sello? Dudó un poco antes de romper lo… pero finalmente sacó su contenido y lo leyó. Quedó estupefacta al ver dichas líneas. *** Tras lo ocurrido con Hide, ninguno tuvo los ánimos para continuar buscando apoyo, estaban devastados. A pesar de los intentos de Alexa y Andrea, el resultado no era como se esperaba. Finalmente el sol brillaba sobre el firmamento. Mentalmente se habían obligado a mejorar porque el día al fin había llegado. Todos estaban listos, vistiendo las prendas distintivas de cada r**a sin importar que se encontraran en el mundo humano. Malchior había dicho que John estaba vivo, por lo que era claro que los planes debían darse tal y como se crearon en un principio. Jaen tocó la puerta de la habitación donde Scarlet dormía… y esta no tardó en abrir. Tal y como puede esperarse de una reina, estaba hermosa. Vestía una armadura ligera con un color verde metalizado con el símbolo de los Clorux en el hombro derecho. Los cabellos de la chica caían hasta su espalda baja y en lo más alto de esta se exhibía la corona. –Te ves hermosa… –Musitó Jaen alzando su vista hasta los ojos de esta con mirada cabizbaja. –Tu igual, líder de los humanos –El chico llevaba una armadura marrón metalizado. Sin embargo, profundas ojeras eran visibles bajo sus ojos–. Pero no te ves muy descansado… –Scarlet tomó el rostro de Jaen entre sus delicadas manos. –Hide siempre está en mis sueños… no puedo sacármelo de la cabeza. –De inmediato sus ojos se cristalizaron–. Si tan solo hubiese estado allí no habría muerto. –Tragó saliva desviando su rostro–. Lo extraño mucho… –No había nada que pudieras hacer, cariño. –Las dulces palabras de Scarlet intentaban borrar el rastro de su dolor para conseguir resultados favorables–. Ni siquiera Mike pudo hacer nada. Sé que es muy difícil perderlo, realmente lo sé. –Yo podía salvarlo. –Jaen apretó los puños–. No debí confiar en que todo estaría bien. –Jaen Kuze, quiero que me escuches. –Scarlet sujetó su rostro haciendo que este la mirara a los ojos… ojos tan verdes como un bosque frondoso–. Solo existe una persona culpable de la muerte de Hide y es Anabelle. Su pérdida no puede ser en vano. Debemos detenerla y para eso te necesitamos, Jaen. Yo te necesito. El castaño se dejó caer de hombros y llevó el rostro al suelo mientras un par de lágrimas caían. Su rostro se levantó nuevamente, pero esta vez parecía más decidido, aunque no podía ocultar la tristeza en sus ojos. –Es cierto. –Reconoció finalmente–. Debemos acabar con esto. –Habló con decisión. –Ese es mi Jaen. –Scarlet lo envolvió en un abrazo y lo besó. En ese instante la puerta de la casa se abrió, abriendo paso a las Nighter, las cuales vestían con prendas típicas de su r**a, negras y oscuras, cubiertas por un manto morado oscuro. Estas no tardaron en llamar a Jaen. –La multitud está reunida en el White Hall. –Comenzó Alexa ignorando el momento sentimental que acababa de interrumpir–. Aguardan tu llegada. Jaen asintió. Scarlet, quien iba sujeta del brazo del humano mostró una sonrisa de satisfacción. Mike aparecía vistiendo como un Frinx. Mary y Robert se levantaron de donde se habían sentado para asentir listos para partir. –Bien, nuestra jugada triunfal está a punto de comenzar. –Soltó la pelirroja con una sonrisa de confianza. *** Desde lo alto de una colina se observaba un hermoso horizonte repleto de criaturas de diferentes tipos y plantas llenas de vistosos colores. Pequeñas criaturas revoloteaban de un lado. Un par de seres observaban el cielo azul. –El Bosque Secreto… Aun Anabelle no ha podido cruzar los límites de este hermoso bosque. –Los ojos escarlatas de uno de ellos miró a su compañero. –Pero está intentando hacerlo. –Respondió su compañero, quien soltó un suspiro–. He escuchado a Ariana enviar a sus hombres en busca de la entrada del lugar. –Es cuestión de tiempo para que consigan entrar aquí. –El pelirrojo negó con la cabeza. –Si tan solo Jaen no hubiese intervenido, Rosella y mí… –No es Jaen quien tuvo la culpa, y lo sabes. –El chico entrecerró los ojos interrumpiendo a su compañero. –Lo sé… lo sé… –Este miró sus manos, pálidas y delgadas. Un vórtice se abrió sobre ambos, dejando ver un par de siluetas más. Una de ellas era Malchior. Quien lo acompañaba era un sujeto de larga cabellera y ojos filosos, cuyo iris era como el de un felino. El resto de su cuerpo se encontraba totalmente cubierto. Ambos chicos miraron al desconocido con curiosidad. –Había olvidado que no le conocían. –Comenzó Malchior–. Él es Benetsnach, mi esbirro. Ambos se quedaron boquiabiertos. No solo Malchior era poderoso, sino que además tenía el legendario esbirro de los dioses. –Bien pero no he venido aquí a eso, como sabrán, no falta mucho para que Anabelle se dé cuenta de que la Zirconia es falsa. –Explicó rápidamente el peliblanco–. ¿Has entregado el mensaje a Daphne? –Preguntó Malchior al Firex. –Ha sido entregado. –Respondió el chico asintiendo. –Bien. Prepárense ambos. En cuestión de horas puede desarrollarse una guerra histórica. –El vigilante parecía prever algo muy peligroso. –De acuerdo. –Respondieron los dos. –Ah –Malchior miró al segundo chico– Y prepárate para revivir recuerdos sensibles y dolorosos. Este asintió antes de que Malchior desapareciera en otro vórtice.
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