Con paso veloz John se movía rumbo al lugar en el que había resguardado la Zirconia. Quitó un par de rocas con las cuales camufló la piedra… pero no estaba. Sus ojos se abrieron llenos de impresión y horror al darse cuenta de que no se encontraba la Zirconia Eléctrica. ¿No se suponía que estaba perfectamente resguardada? ¡Nadie más que ellos conocía el lugar en que se ocultaba! Un par de pisadas sonaron a su espalda.
–Nuestro informante no se equivocó. –Bufó el sujeto–. La Zirconia estaba en el lugar indicado.
–¿Informante? –John le miró con ojos abiertos–. ¡¿Qué significa esto?!
–Es simple, Electric. –Su voz era gruesa, pero algo en su tono resultaba ligeramente familiar para el rey–. Ya teníamos conocimiento de su estúpida emboscada.
Frente a John se mostraba un soldado de oscura armadura, pero a juzgar con la elegancia de esta, no se trataba de un mero sirviente, más bien lucía como un soldado real. ¿Acaso Anabelle tenía otros subordinados aparte de Mei?
–No puede ser… –El rey negaba con la cabeza.
–Todo puede ser, imbécil. –Una carcajada salió a través del yelmo.
–¡Te mataré! –Gruñó John con fuerza.
–¿En serio? Entonces ven. –Aun sin mirar bajo el yelmo, John percibió burla en su voz.
El rey no tardó en moverse a toda velocidad… pero aun así era lento. Su fragmento de la Zirconia no respondía. La razón era obvia: estaba en manos enemigas.
El soldado frente a él soltó una carcajada.
–No te esfuerces. –Hizo un ademán como señal de desinterés–. El destino de toda Ashura está sellado.
–¡No se saldrán con la suya!
–Ya nos salimos con la nuestra. –Se burló–. ¿En quién confías? ¿En Jaen? ¿Realmente crees que los lazos familiares serán destruidos por simples seres que recién llegan a su vida?
–¡Tú no sabes nada sobre Jaen! –John parecía furioso.
–De nuevo te equivocas, Electric. –Acercó un poco su rostro al del rey de manera desafiante–. Conozco a Jaen más de lo que tú crees.
–No es cierto… –El rey negó con la cabeza.
–No soy como Anabelle. –El sujeto caminó hasta John y se agachó, quedando a su altura–. No me gusta matar a seres que son capaces de defenderse. Solo escucha lo que te digo, John. –A través del yelmo el monarca fue capaz de ver un par de ojos color ámbar que le miraban con seriedad–. Jaen vendrá con nosotros tarde o temprano. No es uno de los suyos.
Dicho esto, desapareció.
***
Una silueta oscura saltó por encima de Aneus blandiendo un par de espadas con las cuales atacó la nariz de Arioto. El lobo gigante se detuvo al instante soltando un fuerte rugido de dolor.
La figura encapuchada se irguió y de inmediato corrió hacia el humano.
–Las cosas se han puesto feas, Aneus. –Habló la chica–. Debemos salir de aquí.
Un segundo rugido de Arioto los hizo darle atención al lobo. Su nariz sangraba, pero parecía prepararse para un segundo ataque. La figura encapuchada dejó ver su rostro. Aneus se quedó boquiabierto; era Andrea.
–Sé lo que dirás: Creí que no eras buena en los combates. –Sí, la Nighter estaba acostumbrada a escuchar cosas como esa–. Odio pelear, pero si es necesario, debo hacerlo. –De forma automática sus mejillas se sonrojaron–. Y justo ahora es necesario hacerlo. Si queremos derrotar a Arioto debemos a****r su punto débil.
–Su nariz… –Dedujo Aneus de inmediato.
–Así es… Eres más inteligente de lo que pareces–. Reconoció la chica–. Es el único lugar que no puede regenerar. –Concluyó la peliblanca sin quitar la mirada del monstruo–. Aunque no le mataremos, lo haremos retroceder.
–Bien. –El humano asintió.
Ambos se movieron de forma rápida hacia Arioto. Este comenzaba a formar una esfera de energía oscuro en lo alto de su hocico… la lanzó hacia Aneus. No tardó en ser empujado por Andrea, quien de inmediato continuó su rumbo. La esfera oscura impactó y estallo, tragándose todo lo que abarcó su rango de explosión.
–Si te hubiese alcanzado… –Habló sorprendida.
–Estaba a punto de eludirla, Andrea. –Aneus estaba avergonzado al haber sido salvado por una chica.
–Claro. –La peliblanca alzó una ceja–. Lo que tú digas.
Tomaron direcciones diferentes. Andrea subió al cuerpo de Arioto por la derecha mientras que Aneus lo hizo por la izquierda… pero con una simple sacudida el lobo consiguió quitarlos de sobre sí.
Ambos cayeron al suelo.
–No dejará que subamos tan fácilmente… –La chica jadeó cansada.
–Estamos acabados. Tu piedra no funciona y yo no estoy hecho para esto. –Aneus se daba por vencido–. ¡Soy un cantante, no un soldado! –Gritó frustrado y enfadado.
–Cantante… Zirconia… –la Nighter abrió los ojos al darse cuenta de que tenía la respuesta frente a sus ojos–. ¡Lo tengo!
–¿Qué tienes? –El humano ni siquiera le miró. Estaba preocupado al ver que el lobo gigante comenzaba a prepararse para su nuevo asalto.
–Canta. –Andrea habló con emoción.
–¿Pero qué…?
–¡ANEUS CANTA! –Gritó desesperada para que le escuchara sin reprocharle.
El chico pareció vacilar un instante.
Arioto cargaba una segunda esfera de oscuridad, esta vez más grande que la primera. ¿Tan siquiera tenía opciones? Era obvio que no y si seguía pensando no conseguiría pasar ese momento con vida. Aneus decidió hacerlo, al fin y al cabo no perdía nada con cantar.
Inhaló una bocarada de aire, llenando al máximo sus pulmones. Andrea rápidamente se colocó detrás de una roca tapando sus oídos.
“Soy cantante, no te aturdiré” pensó la estrella… pero en ese momento el fragmento de la Zirconia comenzó a brillar y una corriente de energía atravesó sus cuerdas vocales.
Andrea alzó su mano con tres dedos arriba. La seña era clara; conteo regresivo. Arioto cargaba una esfera de enorme tamaño y estaba a punto de soltarla.
3… 2… 1… y con una seña le indico que comenzará a cantar.
Fue entonces cuando Aneus entendió que su voz sería el arma. Necesitaba expulsar una voz potente. Arioto atacó, soltando su esfera de oscuridad. En ese mismo instante el humano hizo oír un potente gritó completamente afinado. Este fue acompañado de la energía eléctrica de la Zirconia, enviando ondas de choque que destrozaban todos los escombros que tocaban.
Sin embargo Aneus había apuntado a Arioto, trayectoria que solo era obstaculizada por el ataque en movimiento del lobo. Fue este quien recibió el impacto de las ondas eléctricas y de inmediato se detuvo… y explotó, atrapando en su radio de explosión al mismo lobo.
El monstruo rugió y no tardó en moverse, pero era tarde, la oscuridad se tragó todo a su paso y junto con ello la pata delantera derecha de este. Su rugido fue de dolor y, seguido de este, desapareció.
Aneus respiró asombrado al ver lo que había logrado. Miró a su alrededor y el mundo dio vueltas a su alrededor antes de caer al suelo… o a los brazos de Andrea, quien lo sostuvo antes de que se golpeara.
–Bien hecho, Aneus. Lo has logrado. –Susurró con una sonrisa.
***
Erik no tardó en darse cuenta de que se daba por vencido sin siquiera intentar resistir a Merak. A pesar de saber poco sobre el uso de la piedra que le habían otorgado, conocía la forma de hacerla brillar. Sujetó con fuerza el fragmento de Esmeralda del Viento…
–Hide… no te conocí. –Comenzó a hablar para sí mismo–. Pero por favor ayúdame a usar tu esmeralda de forma correcta.
Y saltó alto impulsándose con corrientes de viento. Merak no tardó en relinchar soltando una llamarada hacia el chico. Impulsándose aún más con el viento consiguió eludirla y alcanzar una roca que se elevaba sobre la lava.
–Vale, eres un caballo malo y horrible. –Le dijo a Merak–. ¿Sabes que con ocho patas eres considerado una abominación?
Merak golpeó el suelo congelando toda la lava a su alrededor.
Erik tragó saliva al ver la facilidad con la que había cambiado el entorno. Su cuerpo comenzó a sentir frío… y este cada vez aumentaba más.
Era hora de moverse y a****r. Desenfundó su espada y corrió antes de dar un salto hacia el caballo. Cada centímetro que se acercaba era aún más frio. Lanzó un corte… pero Merak desapareció de su vista y antes de darse cuenta el caballo estaba a su espalda asestando una fuerte patada en sus costillas. Erik cayó al suelo apretando los dientes por el dolor.
–Necesitarás algo más que eso para derrotarme, humano. –Resonó una voz masculina.
El chico abrió los ojos dirigiendo su mirada a Merak.
–¿Tu… –tartamudeó el cantante–… hablaste?
–Por supuesto. –Su voz era profunda–. Todos los “hijos de la naturaleza” realmente fuertes poseemos inteligencia propia.
–Entonces me entiendes cuando te digo que no deseo morir ahora. –Musitó mostrando una sonrisa de súplica–. ¿Verdad?
–Si, por supuesto que te entiendo… –Merak pareció asentir–. Pero aunque no quisiera matarte, las órdenes de mi señora están sobre tus deseos y los míos. –El corcel comenzó a acercarse a Erik.
–No… por favor. –El chico se arrastraba alejándose de su oponente.
–Los humanos son tan débiles…
Repentinamente Merak se detuvo. Una fuerte explosión proveniente del lugar donde Anabelle estaba llamó su atención.
Miró nuevamente a Erik.
–Nuestro encuentro acaba aquí, humano. Volveremos a vernos. –Y desapareció.