Reginald de Ziend salió humillado y furioso de la casa del nuevo Conde Beltrán y su esposa la condesa Claudia. Solo pronunciar el nombre de Claudia como condesa lo enfurecia, él estaba seguro de poder engañar a Beltrán, ya que para todos Beltrán era el tímido y manipulable de toda la familia del viejo Conde Mortimer. Pero resultó que el viejo Conde Mortimer sabía muy bien quién era su nieto Beltrán y por eso lo escogió como su favorito y su elegido. Reginald de Ziend se dirigía furioso al monasterio dónde se suponía estaban enterrados los hijos de Amelia y suyos. Al llegar pidió ir a la tumba de sus hijos y estando frente a ella dijo: ¿Quién les pagó para que me engañaran? ¡¿Quién?! El Barón Reginald de Ziend estaba tan molesto que gritó. Señor; ¡en éste lugar nadie grita! Sí desea

