—Te ves preciosa, cariño. Llevaba un vestido veraniego en color verde pasto, llegaba a mitad de sus piernas y era holgado, nada que se pegara a su cuerpo, mas bien me daba la libertad suficiente para poder meter mi mano debajo suyo. Recogió su cabello en una coleta despeinada y solo aplicó un poco de color en sus labios, cuando la vi calzarse unas sandalias plateadas de unos 8 centímetros la vi aún mas hermosa, sus piernas se alargaban mas y ella se sabía preciosa. —Gracias, tú también estás guapísimo. La tomé por la cintura para dirigirnos a la salida, y posteriormente bajar hasta la playa, la temperatura era perfecta, unos 23 grados pero con viento agradable que no permitía que el calor sofocara, por lo que pudimos disfrutar de nuestra noche. —¿Desean ordenar los señores? —¿Te pa

