—Buenas noches cuñado, pasa por favor, y disculpa a mi hermanita, es muy poco cortés con sus visitas.
Si había pensado en una situación incómoda en mi vida me he quedado corta; mi hermano me pone en evidencia frente al hombre que noches antes me hizo sentir el placer mas indescriptible que jamás pude imaginar.
—Buenas noches, Bruno Michel —y le tendió la mano para saludarlo.
—Ernesto Larsson, un gusto al fin conocerte —otro golpe bajo, ni siquiera sabía de su existencia, y le dice “al fin conocerte” como si hablara día y noche de él, apenas mis amigos sabían de él y mi jodido hermano sabe perfectamente como comprometerme; yo volteo y lo miro y sabe en mi forma de hacerlo que estoy furiosa, no me queda mas que hacer pasar a Bruno.
—Adelante Bruno, pasa por favor; mi hermano va llegando hace un momento de Colombia.
—Perdón, he sido inoportuno; regresaré en otra ocasión.
—Nada de eso, ven y toma asiento por favor –le invita mi traidor hermano y los veo dirigirse a la sala con algo de complicidad, la verdad es que Ernesto es un encanto de persona y estoy segura que se mantiene al tanto de la situación por los metiches que tengo por guardaespaldas—.
Ernesto siempre ha insistido en que el pasado ya fue y que intentar rehacer mi vida, pero no he podido, siempre en el intento quedo y al ver aquí a Bruno y la forma en que se cruzaron nuestras miradas se que pudo entender mucho, quizá mas de lo que realmente es.
Sirvo tres tazas de café y voy a la sala donde ese par ríen tranquilamente.
Ernesto toma su taza y se pone de pie.
—Bruno —estrechan su mano —ha sido un gusto conocerte, te quedas en tu casa, yo voy a darme un baño y a descansar un poco.
—Igualmente, Ernesto. Hasta pronto.
Se forma un incómodo silencio y solo nos miramos fijamente, su presencia me impone demasiado y soy yo quien rompe el contacto visual.
—Pensé en traerte flores, pero por la hora... entonces traje unas hamburguesas, solo que únicamente traje dos —esto último lo dice casi en un susurro y en tono de broma, como si se cuidara de no ser escuchado por Ernesto, lo que nos provoca risa a ambos y eso hace que se rompa la tensión que había y nos sentimos mucho mas cómodos al hacerlo—.
—No creo que haya identificado el olor que emana de la bolsa, no te preocupes —de inmediato nota mi sarcasmo y volvemos a reír—.
—Muy bien, entonces cenemos.
Y vamos a la cocina por unos platos, entrar nuevamente aquí con él me generó tanto excitación como temor por dejarme llevar otra vez por la emoción del momento, sin embargo no hizo ningún tipo de comentario que me hiciera sentir incómoda.
—Me encanta esto ¿sabes? aunque se que debo ejercitarme el triple para quemar todo esto, vale la pena el esfuerzo.
—Juraría que la perfección de tu figura es gracias a una genética benévola, no tienes las marcas de ejercicio —me dice—.
—Tampoco es que me mate en el gimnasio, solo hago un poco de cardio, antes jugaba vóley, pero ahora paso tan ocupada que no puedo, además no me gustaría tener el cuerpo marcado y hecho bolas.
—Desde mi perspectiva tampoco me agrada eso en una mujer, adoro la forma natural de su cuerpo; creo que deja ver la feminidad tal cual es, y tú tienes un cuerpo precioso, Sam.
—Gracias, y ¿cómo has estado? —digo mientras lo veo saborear su hamburguesa que está deliciosa en realidad, y también buscando una manera de cambiar de tema, hablar de cuerpos no es bueno ahora, tampoco por el sitio en que estamos y dado lo que ya ocurrió una vez—.
—Mmmmm, está deliciosa.
—Sí, debes decirme donde las has conseguido, me convertiré en cliente frecuente.
—Te llevaré. ¿Tienes algún plan para mañana por la tarde?
—No ¿Mañana me llevarás?
—Si quieres ir mañana. En realidad he venido a invitarte a un juego que tengo mañana por la tarde, y saliendo podemos ir a cenar si te apetece.
—Perfecto, me agrada la idea.
Continuamos un rato charlando divertidos, me contó que le gusta mucho viajar por carretera y que acostumbra hacerlo los fines de semana que su hija está en casa de sus padres, se que le gusta la pasta y el vino, que es amante también de un buen whisky; le gusta leer y no le gustan los gatos además su hija les tiene pavor y no puede tenerlos.
Después de un par de horas se despide y me dice que pasará por mi mañana.
—No creo alcanzar a estar aquí, tengo trabajo en la oficina ¿me mandas la ubicación y llego ahí?
—Perfecto, hasta mañana —se acerca a mi dándome un beso largo en la mejilla—
—Hasta mañana.
Apenas se cierra la puerta y siento una mirada en mi espalda.
—Ahí estás espiando ¿verdad? Te has pasado al decirle todo eso.
—¿Qué es todo eso? —pregunta con sorna—.
—No te hagas, eso de “cuñado” y que te he hablado mucho de él, ni siquiera sabías de él.
Me arquea una ceja y se perfecto lo que eso significa.
—Ernesto, ¿por qué? ¿Cuándo van a dejar de espiarme? Entiende que quiero vivir sin temor a nada, sin tener que estarme cuidando ni ser seguida por nadie.
Me toma de la mano y me lleva al sofá, nos sentamos juntos y me abraza fuertemente.
—Creo que eso no sucederá, o bueno sí, el día que te acostumbres ya no notarás su presencia; deja que te diga que ahora que voy a ser papá comprendo mucho Sam, ninguna seguridad será jamás suficiente para mi mujer y mi hijo, ni para ti. Sabes que aunque no somos solo tú y yo a ti te amo de una forma especial, tú eres otra parte de mi y te cuidaré siempre, te guste o no.
Y referente al caballero que te hace sonrojar, es buen tipo. Es viudo, tiene que ofrecerte, nunca ha estado en prisión, es responsable con su hija y no ha visto otras mujeres desde que te conoció.
—¡Ernesto! ¿También lo estás siguiendo? —replico bastante molesta— Una cosa es que me cuiden y otra que no me dejen tener vida privada, y como a ustedes no les importa respetarme creo que tendré que tomar medidas mas drásticas y romper mi relación definitivamente con mi familia, con toda mi familia —le aclaro, para que sepa que está incluido—.
—¿Bromeas?
—No, es muy en serio, me dejan como estaba, sin chofer y manteniendo su distancia o estas fueron las últimas palabras que tú y yo cruzamos.
Lo veo serio, muy serio pero no cambio mi gesto, entonces al percatarse que es verdad lo que hablo saca su móvil y escribe algo y le da a enviar.
—¿Contenta?
—No del todo, no quiero que sigan a Bruno, respeta mi vida privada.
—Tenía que asegurarme que era bueno para ti.
—¿No te parece que eso lo decido yo? Además no tenemos nada, es solo un amigo, sabes que yo no puedo estar con nadie, cuando menos lo espero mis fantasmas vuelven.
—Hermanita, son eso, fantasmas y volverán cada que tú los dejes llegar, ya es hora de que hagas tu vida, de que dejes el pasado en su lugar y eso solo es decisión tuya, has visitado mas psicólogos que países en tu vida, y todos dicen lo mismo “hasta aquí llega mi trabajo, la paciente no colabora con nada"
—No es fácil olvidar lo que pasó, no es fácil poder verlo con normalidad y menos aún que lejos de que tus padres cuidaran de ti te entregaran a alguien mas para que te alejara de ellos, yo además de vivir el trauma de aquella tarde hace muchos años, viví el rechazo de nuestros padres, nunca me visitaban, nunca llamaban, solo tú y mi abuelo estaban para mi y para que la gente que amo termine por alejarse prefiero quedarme sola.
—Samantha, todos te amamos y nadie se irá, creo que ya es tiempo de que regreses a casa, tu edad ya es suficiente para sentarte a hablar tranquilamente con papá y mamá y quizá puedas entender sus motivos, quizá con ello puedas sanar tus heridas y seguir con tu vida; yo también sufrí tu ausencia, después de todo eres mi única hermana, y a la que adoro por encima de todos aquellos animales —haciendo referencia a mis demás hermanos— pero hermanita tienes que entender que solo está en ti sanarte; el tipo este que acaba de salir por esa puerta se ve que se muere por ti y no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que te pasa lo mismo, apenas lo viste tus ojitos brillaron y cambiaste de color como cuarenta veces.
—Ya se, créeme que no ignoro lo que está pasando; desde que lo conocí sentí algo con él, pero tengo mucho miedo. Hace algunos días salimos a bailar y luego cuando me trajo vino hasta acá conmigo, nos besamos y... – titubeo un poco— pasó algo…
—¿Tuvieron sexo? —pregunta asombrado—.
—No, bueno sí… o algo así —respondo haciendo una mueca—.
—Explícame —me dice mientras me toma la mano y me mira con atención; me gusta mucho la relación entre nosotros, siempre hemos podido hablar de todo sin pena, mas que mi hermano es mi mejor amigo, el que me cuida, me aconseja, y me entiende sin juzgarme—.
—Pasa que solo íbamos a tomar un café, entramos a la cocina y nos besamos, el beso se hizo en mas y bueno me hizo cosas que creí que jamás me permitiría hacer con nadie, pero no pude ir mas allá y lo eché de aquí, desde entonces no había sabido nada de él.
—Y hoy regresó…
—Sí, vino a invitarme a un juego que tiene mañana.
—Supongo que irás.
—Acompáñame, por favor.
—Ah no, yo no pienso ir de chaperón —me responde poniéndose de pie y negando con las manos y la cabeza— tú debes enfrentarte a ti misma sola, si ya pasó algo entre ustedes ya te diste cuenta que no es difícil, solo habla con él, el hombre se ve sensato y creo que sabrá entender y ser paciente, pero tampoco abuses y lo quieras hacer esperar media vida, porque esa media vida se te está yendo también a ti.
Odio reconocer que tiene la razón, para empezar Bruno me provoca tantas emociones que ya me di cuenta que es imposible ocultarlas, siguiendo, pues con él fue que tuve sexo por segunda vez en mi vida porque eso fue aunque no hayamos llegado a la penetración, pero es la primera vez que lo deseo y lo disfruto y lo que me tiene tan mal es que lo sigo deseando pero me da pavor que vuelva a pasar lo de la última vez y salga corriendo, se va a cansar de lo mismo.
—No irás de chaperón, tonto; solo acompáñame y ya luego iremos a cenar y... ya yo hablaré con él.
—Muy bien, irán de come solos otra vez, hasta la ducha me llegó el olor a hamburguesa.
—Estoy segura que tenías tus orejotas pegadas por eso te llegaba el olor.
Ambos reímos y él me toma mi rostro apachurrándolo con sus dedos por la mejilla mientras me da un sonoro beso en la frente.
—Te amo hermanita.
—Y yo a ti, hermano mayor.