—Estás perfecta cariño, te sientes deliciosa. Así que juguemos un poco ¿te parece? —¿Jugar? ¿Cómo? —la curiosidad la mataba y yo solo quería hacerla disfrutar. —No te muevas de aquí —le dije dando una palmada en su precioso trasero y me dirigí al vestidor y bajé una caja de uno de los compartimentos de arriba—. —Date vuelta —le ordené—. Ella me miraba con curiosidad y también con deseo, ¡ay mi pequeña bruja! No tienes ni idea todo lo que me provocas. —¿Me piensas atar? Yo solo le sonreí y eso bastó para que ella hiciera lo que yo le pedí. Ajusté el arnés a su cuello y ella sola puso sus manos en su espalda para que las sujetara, era una visión hermosa, mi pequeña bruja era toda mía y disfrutaba de compartir con ella esta parte de mi intimidad y que lo hiciera por gusto y no por pag

