La miro embelesado y le tomo la mano para salir. —¿De verdad quieres irte? ¿Te incomodó Keyla? —Por favor, tus novias no me incomodan en lo mas mínimo. —¿Qué pasa entonces? Cielo ¿estás bien? —Sí, solo me duele un poco la cabeza. —Vamos al hospital entonces. —Bruno, por un dolor de cabeza no iré al hospital, han sido días difíciles y el estrés está pasando factura, mejor vayamos a casa ya. —Está bien, vamos a casa —me acerco a ella y la tomo por la espalda, la abrazo y beso su cuello con suavidad —vamos a quitarte ese malestar y tu genio que te cargas, pequeña bruja. La sentí tensar su cuerpo y al tocar su piel noté como se erizaba, le coloqué su abrigo y salimos hacia el auto, tenía una misión importante con mi reina. —No me siento para nada insegura de ti, ni de mi, los celos no

