—Sabes delicioso Sam, y ve que mojada estás cariño… La sensualidad de su voz me hacía delirar, me generaba mucha mas excitación, si es que eso era posible, me volvía loca. —Dame un momento —le dije entre jadeos —ya no aguanto… —No te aguantes, nena porque no te daré ni un momento —me respondió mientras seguía estimulando mi interior frenéticamente y yo obedecí sus palabras y dejé de resistirme para entonces dejarme arrastrar por el mas completo placer y noté su satisfacción cuando llegué al orgasmo con sus dedos dentro de mi y su lengua en mi clítoris, los espasmos se hicieron intensos y mis piernas temblaban y se volvían cada vez mas débiles y con todo eso él seguía sumergiendo su lengua y dándome mas y mas placer, al punto de sentirme cegada por las sensaciones y en ese momento llegó

