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3405 Palabras
Su mirada aún no se había posado sobre mí y, si yo fuera él, tampoco me atrevería. No comprendía cómo diablos tenía el descaro de aparecerse de este modo. Si tan sólo hubiese sabido el dolor que había causado su muer... su falsa muerte. ¿Y si mi padre realmente había partido de este mundo creyendo que su mejor amigo sí había sido asesinado dos años atrás? ¡j***r, que esto era una maldita locura! ¿Cómo podía ser posible que hubiese simulado su propio asesinato? Llevaba su barba algo crecida pero, exceptuando eso, todo en él se veía exactamente igual. Su cabello oscuro perfectamente peinado y sus intimidantes ojos celestes apuesto que aún seguían teniendo el mismo efecto sobre todos que hace años atrás; hacerte cagar hasta los pantalones. Todo el estrés y nervios acumulados de estos días me estaban pasando factura ahora y tanto mi cabeza como la parte baja de mi estómago comenzaban a doler. No podía demostrar cómo me estaba sintiendo ahora mismo, por lo que continué con mi mirada clavada sobre él. Cerró la puerta tras él y tanto la líder como el secuestrador se hicieron a un lado para que me permitieran verlo de pies a cabeza. Sí, él era más real que mi dolor en el muslo. Finalmente, nuestras miradas chocaron y no podía decir que estaba complacida por volver a verlo. Mitch suspiró y se acercó un poco a mí. —Hola, Val —su voz me provocó escalofríos y un nudo en la garganta. Jamás creí que volvería a oírlo. Su voz grave y firme... Sólo lo había hecho en mis sueños, pero no se comparaba a escucharlo en la vida real. El verdadero Mitch Bay se encontraba ante mí pero jamás creí que sentiría tal odio al volver a verlo como lo hacía ahora. —Vete a la m****a —dije a regañadientes. Mi actitud no parecía haberlo tomado por sorpresa. Me dio una pequeña sonrisa y bajó su mirada. —No has cambiado ni un poco. —Sin embargo, yo te desconozco —aquel nudo regresó a mi garganta y posé mis manos sobre el apoyabrazos para que no notara que aquellas estaban temblando. Por primera vez, el brazalete que me había regalado Anya ayer hacía su aparición debajo de las cuerdas y la ansiedad me invadió. ¿Qué sería de mis amigos? ¿Ya sabrían de mi s*******o? —¿Pueden darnos unos minutos? —le preguntó a ambos y se marcharon de la habitación. Mi caparazón aún seguía cubriéndome, pero no sé por cuánto tiempo más lo haría. Temía que en cualquier momento me echara a llorar sin escrúpulos y exponerme ante él. —Aún no digiero lo de tu padre —aquí venían más dagas hacia mí. Esto debía tratarse de algún tipo de provocación por su parte para hacerme hablar. —También tienes su sangre en tus manos —la voz amenazaba con quebrarse, pero no podía permitirlo. Mi padre NO estaba muerto, me negaba a creerlo. Sin embargo, haría como que le seguía la corriente. —La sangre sí —afirmó —, pero no el cuchillo con el que fue apuñalado —su voz fue la que ahora se quebró y mi piel se erizó. m****a, no. Sólo estaban intentando engañarme... —. Hay tanto que no sabes, Val —sollozó. Una parte de mí quería acercarse a él, al antiguo Mitch, y darle unas palmadas en el hombro. La otra parte sólo quería abalanzarse sobre él y comenzar a golpearlo. —Explícate —mi voz sonó firme y segura —. A este punto, sólo quiero hacer explotar este lugar con todos ustedes dentro. —Sus ojos llorosos se posaron sobre mí y cogió una caja que había traído el secuestrador consigo. —Eras tú o él —añadió con su voz temblorosa —. Quise que fueran ambos, pero no me fue posible. ¿Quería asesinarnos a ambos? Vaya pedazo de m****a. —No me creo siquiera que haya sido él —no me creía que hubieran logrado asesinarlo. Él cogió el móvil de su bolsillo, escribió algo con sus dedos y me mostró las noticias en vivo y en directo. Una mujer rubia, que parecía ser la reportera, estaba hablando. "Por el momento no se han reportado sobrevivientes dentro de la cafetería 'Mon Chéri'. Desafortunadamente, se cree que no habrá ninguno por la magnitud de la explosión. Este suceso a sucedido hace sólo doce horas y lo único que hay aquí son escombros y más escombros. Se dice que habrá un informe oficial por parte de la policía mañana por la mañana en cuanto a los posibles sobrevivientes." Entonces, no estaba todo perdido. Aún había una pequeña posibilidad de que mi padre estuviera con vida. —Tú sobreviviste porque te encontrabas en la calle de enfrente y porque estabas fuera del lugar —comenzó a decir, ahora dejando las lágrimas de lado —. Sé que viste a tu padre, así como también sé qué fue lo que viste por última vez. Lo único que vi fue destrucción total ante mí. Observé mis manos y mi ropa y, como si mi cabeza hubiera decidido ignorarlo, ahora notaba que había manchas rojas por todos lados. Mi respiración comenzó a acelerarse y mis ojos a humedecerse. Mis manos cedieron ante el temblor y la única destrucción que percibía ahora era yo misma. Tenía sangre de desconocidos sobre mí y cabía la posibilidad de que también fuera la sangre de mi padre. Mitch posó sus manos sobre las mías para que dejaran de temblar pero las removí con brusquedad. —No me toques —gruñí. La negación me había invadido por completo. Supongo que eso era lo normal cuando fallecía un ser querido. No me había sucedido con mi madre ya que ella había muerto frente a mis ojos a causa de aquella enfermedad. Por el contrario, con mi padre... j***r, que él había sido lo único que me quedaba. Las abundantes lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos y no me era posible controlar mi respiración. Sentía como si fuera a ahogarme en algún momento, como si me estuvieran asfixiando. Mi pecho se comprimía con facilidad y cada vez me sentía más mareada. Estaba teniendo un ataque de pánico. Mitch cogió mi rostro entre sus manos y me obligó a que lo observara —, No estás sola —me dijo —. Sé que puedes superarlo. Las palabras se me acumulaban en la garganta y solo quería echarme a gritar, pero nada salía. Cerré mis ojos y apreté mis manos con fuerza, esperando que todo esto se desvaneciera de una puta vez. "—El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional" recuerdo a mi padre decirme tras la supuesta muerte de Mitch. Me había tomado una semana comprender el verdadero significado. ¿De qué valía sufrir por la muerte de mi padre si no había nada que pudiera hacer para hacerlo regresar? Lentamente, mi respiración comenzó a normalizarse y todo mi cuerpo empezaba a doler. Mi abdomen, mi espalda, la cabeza, el muslo... —Eres un asesino —dije tan pronto alcé mi rostro para verlo. Su expresión se endureció y se puso de pie. Acercó la caja de hace unos minutos atrás hacia él y la abrió. —Cuando dije que eras tú o él, me refería a salvarlos, no asesinarlos —musitó y cogió algunas cartas entre sus manos —. Este es mi papel falso de defunción —me lo mostró —firmado por tu padre. —Dirigí mi vista hacia su firma y, efectivamente, era suya o la habían imitado casi que a la perfección. Entonces, mi padre le había ayudado... Ahora comprendía por qué no había derramado ni una lágrima tras su "muerte". —Mi única condición era no volver a verte —explicó —. Eso hubiese significado ponerte en riesgo y tampoco me hubiese sido fácil ganarme la confianza de JBG estando en contacto contigo. La cabeza se me estaba partiendo en mil pedazos. Todo esto era demasiado para mí. —¿Por qué te has marchado de KEK? —pregunté — Eres un traidor. Mitch no contestó a mi pregunta y cogió la otra carta que tenía en sus manos. —Tu padre me pidió que te entregara esto si algo llegaba a sucederle —permaneció en silencio por unos segundos —. ¿Quieres que te la lea? —Contesta mi pregunta, Mitch —le exigí y se puso de pie. Recogió la caja del suelo y la llevó bajo a su brazo. —Aquí estás a salvo —mentira —. Te dejaré la carta por si quieres que venga a leerla por la mañana o puedes hacerlo tú misma. Eso sí, sólo cuando Gwendolyn esté segura que no eres una amenaza para ninguno de nosotros —me dio la espalda y se marchó, dejándome sola con mis lágrimas atravesadas y mi cansancio abismal. Me dejé caer pesadamente sobre el respaldo de la silla y observé el brazalete en mi muñeca derecha. Vaya, que demasiada suerte no me había traído. Bajé mi vista y divisé en mi cuello con dificultad el collar que me había dado mi padre. Esto era lo único que tenía de ambos y la supuesta carta suya que estaba a un metro de mí en el suelo. Huérfana a los veintitrés años. ¿A cuánta gente más me quedaba por perder para que todo esto acabara? Recibí una puntada en el muslo y llevé mi mirada hacia el apósito que ahora estaba teñido de color rojo. Era probable que se estuviera infectando. Había estado doce horas con una herida abierta y sin ningún tipo de cuidado. Esperaba que la ayuda llegara pronto y que Irene no me diera la espalda. * Desperté por un fuerte calambre en el abdomen. Por dios, que dolor más insoportable. Sentía una corriente de malestar en todo el cuerpo, pero aquella zona ahora dolía más que mi muslo. Abrí mis ojos y seguía amarrada a la silla. Moví un poco mis tobillos y muñecas para ver si la cuerda aún seguía tan apretada como hace unas horas, confirmándolo. Volvió a darme otra puntada en la parte baja del abdomen y bajé mi mirada. Divisé una mancha oscura en el jean ubicada en mi entrepierna e intenté mantener la calma. ¿Podía ser mi período? Sí era así, era más abundante de lo usual. De hecho, casi nunca manchaba mi ropa en estos días. Me volvió a dar un calambre más fuerte que el anterior que me hizo retorcerme del dolor. —¡j***r! —chillé. ¿Qué diablos me estaba sucediendo? Comencé a moverme en mi lugar, intentando salirme de las cuerdas. El malestar general ya poco me permitía hacer como para sumarle la sangre que estaba saliendo de mí. No importaba cuánto me moviera, no podría salir de este lugar por mi propia cuenta. La puerta se abrió frente a mí y Mitch se apareció desesperado. Dirigió su vista hacia la sangre y volteó a ver a la torturadora que se encontraba adentrándose a la habitación. Comencé a moverme frenéticamente, evitando que se acercara a mí. —No, por favor... —les pedí, intentando sonar como una persona normal que estaba atravesando un dolor infernal, pero aquella mujer empezó a acercarse a mí como si no me oyera —. ¡Apártate! —ahora grité, ya que veía que venía hacia mí con una jeringa. Mitch cogió mi brazo con fuerza y lo inmovilizó para que la mujer se acercara y clavara la aguja en mi brazo. El líquido hizo efecto en mí rápidamente. Sólo recuerdo mi vista nublarse y perder la poca fuerza que me quedaba. * Parecía que se me volvería costumbre despertar de esta forma; con un dolor agudo en mi cabeza y un cansancio agotador que me hacía imposible abrir los ojos. Rufus, s*******o, sangre. Recordé esas cosas y mis ojos se abrieron como si me hubiesen dado una inyección de epinefrina -adrenalina inyectada. Esta vez, la luz no me enceguecía y me encontraba en un lugar distinto. Estaba tendida sobre una camilla pero aún con mis tobillos y muñecas amarrados. Hice el intento de moverme pero la torturadora se apareció a mi lado. Clavé mi mirada sobre ella y me aparté tanto como me fue posible. —No debes moverte —me advirtió y sus ojos azules se posaron sobre mí con seguridad —. ¿Tienes idea de lo que te ha sucedido? —Negué y cogió una silla para tomar asiento cerca de mí. Su expresión era indescifrable, por lo que no sabía si debía estar asustada o aliviada. Supongo que para que tomara asiento a mi lado y se acercara a la persona que no había dejado de gritarle, no debía ser algo bueno. —He limpiado la herida de tu muslo, la he desinfectado y suturado. Estaba entrando en estado de infección pero la he cogido a tiempo, sólo debo verte todos los días para ver como progresa —comenzó a decir pero sabía que había más. Ella permaneció unos segundos en silencio hasta que aclaró su garganta —. También has tenido un aborto espontáneo completo. ¿Qué m****a? ¿Había...? ¿Embarazada? Descomprimí mis pulmones y mi vista se perdió en la habitación. Jayce se apareció entre mis pensamientos. j***r. ¿Cómo había sido posible si siempre nos habíamos cuidado? Una sensación de vacío me invadió, pero también una de alivio. Yo no me encontraba en condiciones de cuidar de un bebé ahora mismo y mucho menos en esta situación. Tragué grueso y ella continuó hablando —, Tu cuerpo ha sido capaz de eliminar todos los productos de la gestación por sí solo —explicó —. Eso es bueno porque significa que no requerirás ningún tipo de cirugía. —Sólo me digné a asentir —. Si me lo permites, estaré inspeccionando tu herida de la pierna todos los días. —Volví a asentir. Hasta ahora, ella parecía ser la única que no me obligaba a hacer nada que no quisiera a pesar de haberla tratado como la m****a misma —y también debo advertirte que no debes tener sexo sin protección por dos semanas. ¿Qué le hacía pensar que estaría viva de aquí a dos semanas? O, ¿qué le hacía pensar que tendría sexo con alguno de mis enemigos? —Gracias —fue lo único que me permití decir. No dejaba de ser también uno de mis rivales, pero había evitado que mi herida se infectara y se había encargado de... lo otro. Ella me dio una diminuta sonrisa. —Lamento lo del señor Jensen —emitió. Supongo que todos, aunque hubiesen sido cómplices de su asesinato, le tenían respeto por haber sido una inminencia. La herida no dolía menos cada vez que me recordaban a mi padre, pero no había parte de mí que no doliera ahora mismo. Asimismo, tantas dagas me habían atravesado el corazón en estos días que me preguntaba si podía seguir sintiendo algo. Mitch se adentró en la habitación y la enfermera se marchó. Volteé mi rostro para evitar verlo y sabía que había tomado asiento a mi lado. —¿Sabías que estabas embarazada? —preguntó, pero elegí guardar silencio. Él aclaró su garganta — ¿Acaso era de aquel Jayce del que tanto solías hablarme? —Cerré mis ojos, evitando que el dolor me invadiera. A mi padre no le había agradado Jayce incluso antes de volvernos novios. Como no podía hablar con él sobre mis sentimientos, lo había hecho con Mitch y él me había dado consejos. Una lágrima cayó por mi mejilla. Mitch desapareció dos semanas antes de formalizar con Jayce. Asentí. —Supongo que mis consejos han servido de algo —bromeó y percibí una corta risa por su parte —. Lamento que lo hayas perdido. Se puso de pie y pegó la carta de mi padre en la pared que tenía a mi lado de forma que pudiera leerla recostada. Como no podía cogerla entre mis dedos, esa era la única forma en la que me era posible leerla. —Seguro piensas que alguien la ha escrito haciéndose pasar por él —me leyó la mente —. La escribió hace dos años cuando me marché. Me dijo que habla sobre cosas de las que solo ustedes sabían para que no desconfiaras —se puso de pie. —Mitch —volteé a verlo y detuvo su paso. Tragué saliva, sabiendo que era hora de enfrentar la verdad —, ¿ningún sobreviviente? —pregunté, suponiendo que ya era de mañana. Él negó y salió de la habitación. Contuve mi angustia y volteé a leer aquella carta. Era su inigualable letra; no había posibilidad alguna que alguien hubiese hecho tan buen trabajo en copiarla. "Valdine, Val, mi niña... Espero que nunca debas recibir esta carta y sólo esté perdiendo mi tiempo escribiéndola. Si estás leyéndola, supongo que ya debes de haberte enterado de la noticia." Reprimí mis ganas de llorar y llené mis pulmones de aire. "No quiero que derrames lágrimas por mí, así como no deberías hacerlo por nadie. Estoy seguro que mi muerte no habrá sido en vano. En este mundo sólo me quedan tú y Mitch, y es por eso que le confío a él esta carta para que te la entregue. Si lo ha hecho, también supongo que debes de haber d*********o que decidió mentir en cuanto a su muerte. Las razones las sabrás sólo si él decide compartirlas contigo y no es por eso que estoy escribiendo esto ahora mismo." Limpié en mi hombro la primera lágrima que cayó por mi mejilla. "No sé en qué circunstancias llegará esta hoja a ti, pero necesito que seas fuerte. Necesito que confíes en Mitch, pero más necesito que confíes en ti misma. Eres sabia y sé que tomarás las decisiones correctas cuando llegue el momento. Desde donde sea que me encuentre, necesito que seas tan fuerte como cuando tu madre falleció, como cuando Mitch fue "asesinado", y cuando Pumpkin -el conejo de mi infancia- partió a su mundo de zanahorias." Reí ante aquel recuerdo con lágrimas en mis ojos. Papá... j***r. Cuánto me duele. "Mitch jamás nos ha engañado o ha sido deshonesto. En todo caso, sólo intentaba protegernos. Él quedará a cargo de todas nuestras pertenencias hasta que no corras peligro, menos de la empresa. Supongo que también debes de saber que ahora trabaja para el grupo JBG, si es que lo ha conseguido, y me gustaría haber seguido sus pasos, pero no me fue posible." ¿Qué dice? ¿Qué está queriendo decir? Una pelota de ansiedad y duda se formó en mi pecho. ¿Cómo que de haber podido hubiese seguido los paso de Mitch? "No podía rendirme con KEK. Cosas extrañas han estado sucediendo en la corporación y me haré cargo de solucionarlo todo. Si no lo hago, supongo que será eso lo que me llevará a mi muerte. Me marché de este mundo tranquilo, sabiendo que crié a una mujer que sabe defenderse por sí misma y que luchará hasta el final. Sé que nos volveremos a encontrar algún día junto a tu madre. Mientras tanto, no me queda más que decirte que te amo y que no llores por mí. Tu padre, Rufus 'Rus' Jensen." La primera palabra que había dicho de niña no fue ni 'mamá' o 'papá', fue 'Rus'. Mi madre siempre le decía que no fuera tan bruto al jugar conmigo de bebé o acabaría estrellada contra el suelo. "Rufus, la niña acabará lastimada", "Rufus, la niña acabará con un brazo roto" recordé la voz de mi madre al contármelo. Al parecer, Rufus era un nombre muy complejo de decir, por lo que 'Rus' fue lo único que logré manifestar. Mis mejillas estaban completamente húmedas y sentía como si me hubiesen arrancado el corazón con las manos. Un nudo volvía a formarse en mi garganta y ya no me sentía capaz de controlar las lágrimas que brotaban de mis ojos. Muchas de las cosas que decía en la carta eran suposiciones y no hechos. No me importaba quién fuera el verdadero culpable de su muerte, pero la vengaría como que mi nombre era Valdine Jensen. Quien sea que lo hubiese asesinado, pagaría las consecuencias de habérmelo quitado y yo les haría conocer el mismísimo infierno
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