Habían pasado tres días desde mi s*******o. Eso también significaba que había transcurrido tres días desde que habría tenido que enlistarme en la misión. No sabía si aún sin mí se habría llevado a cabo pero, de ser así, ya deberían de haber hecho su aparición. Tal vez, aún estaban algo conmocionados por mi s*******o y estaban preparando algo más grande para recuperarme. Quería creer que no me abandonarían con tanta facilidad... La mirada de mi secuestrador aún seguía posada sobre mí y me digné a ponerme de pie para marcharme de allí. Él no me intimidaba en lo absoluto; de hecho, ya quisiera. Las otras miradas tampoco me intimidaban, sólo me confirmaban que todos éramos la misma porquería; ellos me querían muerta y yo a ellos también. Arrojé los restos plásticos al cesto de basura y dejé mi bandeja vacía junto a las demás. Las esposas estaban complicándome la vida, pero me habían otorgado más libertad de lo que hubiese esperado. —¿Qué haces aquí, pedazo de escoria? —una voz masculina me habló a mi lado. Venir a provocarme no había sido una buena decisión de su parte. Tal vez, aún no había sido informado sobre las maravillas que hacían mis manos. Volteé a verlo y lo examiné de pies a cabeza; no era mucho más alto que yo, por lo que darle una paliza aún estando esposada no me sería ningún tipo de impedimento. —¿Disculpa? —mi expresión facial se endureció y estaba a nada de lanzármele encima. No podía responder de mí si me provocaban. Él se acercó a mí y me hizo frente. Vaya, tenía unos huevos de oro. —Ya me has oído. —Le di una incrédula sonrisa. Había cometido un grave error al meterse conmigo. Comencé a mover mis manos esposadas, preparándome para ahorcarlo en un solo movimiento. Aquel rubio se interpuso entre nosotros y cogió la cadena de metal que mantenía a mis muñecas conectadas. Me apartó de a quien estaba a punto de ahorcar y me acribilló con los ojos. Arruinaba todo lo bueno. —¡Eres la última Jensen que nos queda por eliminar! —gritó y detuve mi paso en seco. m*****o hijo de puta... No sé cómo lo logré, pero me salí del agarre de el magnífico Cailan y atiné a lanzarme contra aquel cobarde. Lo asesinaría, no me importaba nada en absoluto. No me importaba estar creando un alboroto en la cafetería con tal de hacerle pagar por lo que acababa de decir. Unos brazos rodearon mi cintura y me apartaron de mi presa. j***r. Lo había tenido tan cerca... —¡Eres una puta m****a! —chillé con rabia, intentando zafarme del agarre. Sin embargo, era en vano. Mi pierna aún no funcionaba al cien por ciento y no podía caminar sin renguear. Aquellos brazos me arrastraron fuera de la cafetería y lo aparté de mí tan pronto me posó en el suelo. ¿Quién más podía ser? —Te encantan los problemas —dijo molesto y un moreno se apareció a su lado. El rubio volvió a coger la cadena de mis esposas y me obligó a caminar. —Y a ti los coños —me defendí y el volteó a verme para clavar su furiosa mirada sobre mí —. Oh, creí que estábamos jugando a ver cuánto nos conocíamos —jugué el papel de víctima y el moreno que lo acompañaba rió por lo bajo. Cailan lo fulminó con la mirada y tiró de mis cadenas con fuerza. Llegamos a una puerta marrón y la golpeó con sus nudillos. Pocos segundos después, Mitch se apareció y vi su mirada decepcionada al verme. En esta central, Val Jensen era sinónimo de problemas y peligro. —¿Qué sucedió? —les preguntó y ahora él cogió mis cadenas como si se tratara de la correa de un perro. —Quiso golpear al idiota de Miller —respondió el secuestrador y ahora quise abalanzarme sobre él. ¿Por qué mentía si sabía bien cómo habían sido las cosas? —Luego de que él la provocara —añadió el moreno, mirando al rubio de entreojo. Afortunadamente, uno de los dos tenía algo de benevolencia conmigo. Mitch suspiró y abrió la puerta de su habitación por completo. —Gracias —les dijo y tiró de mi cadena para que me adentrara. Cerró la puerta detrás de mí y permanecí inmóvil en mi lugar. No confiaba en nadie y mucho menos en él. —Puedes tomar asiento, si deseas —me señaló la silla frente a su escritorio pero lo ignoré. Ni de pie ni sentada, yo debía largarme de aquí. Como si hubiese sabido que me traerían a su habitación, no había ningún elemento a simple vista que pudiese utilizar como defensa. —La carta de mi padre me ha dejado más dudas que respuestas —comenté, mientras lo veía pasearse de una punta de la habitación hacia otra. ¿Qué diablos hacía? —Que yo supiera, no debía darte ninguna —espetó —. Era una carta de despedida, no la revelación de un acertijo —rodé mis ojos. —¿Qué cosas sucedían en la corporación? —Él ahora detuvo su paso y arrastró sus ojos hacia mí —. Necesito respuestas —exigí. Él permaneció en silencio y no tuve otra opción que acercarme a él. Mitch dio un paso atrás y me sentí como el Grinch; temida y odiada por cualquiera que lo viera. Di un paso atrás; no quería que creyera que le haría daño, aunque ganas no me faltaban. —Necesito comprender qué me he estado perdiendo y qué han estado ocultándome. —Él tomó asiento en su cama. Parecía como si los hombros le pesaran y ya no sabía qué de todo lo que él sabía y yo no era lo que provocaba esa carga. Las palabras de mi padre en la carta me golpearon como una paliza: "No podía rendirme con KEK. Cosas extrañas han estado sucediendo en la corporación y me haré cargo de solucionarlo todo. Si no lo hago, supongo que será eso lo que me llevará a mi muerte." La última oración era la que más dudas me provocaba. ¿KEK había provocado su muerte? No, Mitch me había confirmado que JBG tenía las manos ensangrentadas. j***r. ¿Quién era mi verdadero enemigo y a quién demonios debía asesinar? —No puedo darles una oportunidad si ustedes no me la dan a mí —hablé y alzó su mirada triste. Un nudo se formó en mi garganta y aparté mis ojos. Por mucho que Mitch me hubiese lastimado y, suponiendo que no fuera realmente mi enemigo, no podía verlo en ese estado. Eso sólo provocaría que me acercara a él y me echara a llorar junto a él. —No puedo responder a todas las preguntas que tengas, aún no estás preparada para saberlo todo —ya, pero tampoco podía continuar desinformada. —Coge papel y bolígrafo. —Él frunció el ceño y me observó, como si de repente yo hubiese enloquecido —. Te haré todas las preguntas y las responderás cuando creas que esté preparada. —Me dio una sonrisa de lado y realizó mi sugerencia. Con papel y bolígrafo en mano, me observó expectante a que disparara mis preguntas. —¿Qué sucedía en la corporación y por qué mi padre desearía de haber seguido tus pasos? —Mitch tomó nota —. ¿Por qué mentiste sobre tu muerte y te uniste a JBG? —Volvió a escribir en la hoja de papel —. ¿Cómo es que tienen sangre en las manos pero no el cuchillo? —concluí y llevé todo el peso de mi cuerpo a mi pierna izquierda, ya que la herida de la derecha comenzaba a molestarme. —Creo que es buena idea que vayas a descansar a tu habitación. —Negué. —Me siento una inútil al no hacer nada y éstas —le mostré las esposas —no ayudan. —Gwendolyn te ha beneficiado más de lo que solemos hacerlo. Hasta que ella no decida quitártelas, tendrás que cogerles cariño —explicó y asentí. Para ser honesta, no me vendría nada mal descansar algo. —Nuestro objetivo principal era rescatarte —declaró y posé mi mirada sobre él —. Hubiésemos deseado poder salvarlos a ambos, pero sabíamos que era imposible. Eras tú o Rufus —su voz amenazó con quebrarse. Llenó sus pulmones de aire y aclaró su garganta —. De cualquier forma, sé que él hubiese arriesgado la vida por ti. —Mis ojos se humedecieron y me obligué a tragarme la angustia. Creí que su objetivo era utilizarme como cebo, no rescatarme. —También la hubiese arriesgado por ti de ser necesario, pero has decidido traicionar a tu grupo y pertenecer al bando opuesto —respondí y una pequeña sonrisa se formó en su rostro. —Si me hubiese quedado en KEK y él hubiese dado su vida por mí, tú no estarías con vida ahora mismo. —Tragué grueso. —No, Irene no... —dudé por unos segundos —. Ella no podría asesinarme o siquiera permitirlo —emití con seguridad. La conocía hace ocho años y no creía que fuera capaz de lastimar a alguien de su grupo. Sí a alguien de JBG, pero no a alguien de KEK. Por otro lado, no me cabía en la cabeza que KEK quisiera lastimarme o a mi padre. ¿Cuál sería un motivo lógico? Irene había tenido muchas oportunidades para hacernos desaparecer de la faz de la tierra pero, sin embargo, jamás lo había hecho. —Ya te ha asesinado en su cabeza —añadió con crudeza —. No ha querido intercambiar a uno de los nuestros para recuperarte. Al no rescatarte, para ella eres una muerte segura de quien ya no tendrá que volver a preocuparse. —Irene no puede arriesgar a todo su grupo para recuperarme —la defendí. Más me valía haber pertenecido al bando indicado... —Lo comprendería si fueras cualquier persona, pero resultas ser Val Jensen, la hija del ex-líder de KEK. Con él muerto, la corporación te pertenece —abrió la puerta de la habitación y dos hombres altos y robustos se encontraban fuera —. Conecta los puntos. —Mi cabeza comenzó a doler nuevamente —. Tendrás a personas vigilándote las veinticuatro horas del día —me informó y uno de ellos cogió mis cadenas, arrastrándome fuera de la habitación. Volteé a ver a Mitch y clavé mis ojos sobre los suyos. Su mirada cargaba con dolor y algo de furia. —Más te vale no estar mintiéndome... —Llevó su rostro en alto. —Las amenazas no van conmigo, Val. Recuerda quién te ha entrenado —finalizó y cerró la puerta de su habitación. Afortunadamente, sus amenazas tampoco iban conmigo. Aquellos dos hombres me llevaron hacia mi habitación y cerré la puerta al adentrarme, encontrándome sola por primera vez en tres días. Tomé asiento en el borde de la cama y mi vista se perdió sobre el piso de madera. Si se trataba de conectar los puntos, mi mente ya estaba jugándome una muy mala pasada. Sin mi padre como líder y sin mí como la sucesora, Irene tenía el camino libre para dirigir a KEK como le diera la regalada gana. Eso era una puta locura. Sin embargo, como toda locura, podía verse desde distintos puntos de vista y tener diversas interpretaciones. * Un fuerte golpe en la puerta de mi habitación provocó que diera un salto en la cama. Era de noche. Ya no había rastro de la luz del día y no lograba divisar nada dentro de la misma a causa de la oscuridad. Me puse de pie y me encaminé hacia la puerta para abrirla. La pelirroja volvía a aparecerse con una gran sonrisa en su rostro y la fuerte luz del pasillo me enceguecía. —¿Qué quieres? —me recosté en el umbral de la puerta con los ojos cerrados. Por una vez que lograba conciliar el sueño y lo interrumpían. —Es hora de la cena, vamos. —Abrí mis ojos y su sonrisa seguía intacta. Cerré la puerta en su rostro y regresé a mi cama. Oí la puerta volver a abrirse y gruñí. —Mitch me ha dado órdenes y debo seguirlas —cogió mi cadena y tiró de ellas para sacarme de la cama, logrando su cometido —. Por cierto, me he enterado que casi te vas a los golpes con Miller —me arrastró fuera de la habitación y ambos hombres continuaban de pie a ambos lados de mi puerta. Parecía que lo de "vigilancia las veinticuatro horas" iba muy en serio. —Me ha provocado —me defendí. Si volvía a cruzármelo en la cafetería, esta vez no habría ni Cailan ni ángel para que le salvara el t*****o. —KEK ha asesinado a sus padres, debes comprenderlo. —Detuve mi paso en seco y ella volteó a verme. —JBG ha asesinado al mío, y no por eso voy escupiendo porquerías en el rostro de cada uno de ustedes. —Ella asintió y continuó llevándome hacia el único lugar que ahora podía quitarme el mal humor. Thea volvió a coger la comida por mí y tomamos asiento en una mesa. Sé que estaba hambrienta pero, por alguna razón, no me apetecía comer ahora mismo. —Siento lo que dije —llevó la ensalada a su boca y clavó sus ojos verdes sobre mí —. Me cuesta verte como una rehén y no una más de aquí —comenzó a decir —. Luces peligrosa, pero sólo creo que intentas que la cápsula que te rodea no se destruya. Lo que tenía de bonita, también lo tenía de inteligente. —Espero que no me veas como tu enemigo; no te haré daño a menos que quieras lastimarme —añadió. Y, tal vez, lo que tenía de amable, también lo tenía de manipuladora. —Si no me das motivos, no tendré que usar mi fuerza contigo —le dije y me dio una sonrisa, estirando su mano hacia mí. —Lo mismo pienso. Trato hecho. —Aparté su mano sin cogerla. ¿Acaso estaba loca? —Sí sabes que la mayoría de los que están aquí me quieren muerta, ¿verdad? —Asintió —. Que te vean darme la mano puede hacer que se te pongan en tu contra. —Se encogió de hombros. —Me importa una m****a —respondió —. No tengo que comportarme como el mundo quiere que lo haga. Thea me caía bien. —Hay días que la vida puede parecerte una verdadera m****a —emitió —, pero esos días malos existen para hacerte apreciar los buenos. Lo cierto es que había sucedido tanto en estos últimos días que no me había detenido a pensar que aún seguía aquí, con vida y hablando con una extraña que parecía ser bastante agradable. Me di unos segundos para tomar aire con calma y exhalar. Jamás creí que fuera a ser así si JBG llegaba a secuestrarme. Creí que moriría torturada y puede que hubiese sido así de no tener a Mitch trabajando para ellos. —¿Puedo hacerte una pregunta? —Asentí. Ella se sentó erguida y aclaró su garganta —. ¿En verdad crees que si nosotros fuéramos tus enemigos seguirías con vida? Su pregunta me tomó por sorpresa. Para ser honesta, tenía algunas respuestas. Puede que aún quisieran mantenerme con vida para recuperar a quien Irene secuestró, tal vez yo aún no les había brindado la información que querían o me tocaba aceptar que mi padre no había solucionado lo que había prometido en la carta. —Creo que no les serviría de mucho muerta. —Tampoco nos sirves demasiado viva que digamos. Eso era cierto. Aquel secuestrador y su amigo defensor del pueblo se aparecieron y bufé. No estaba de ánimos para tolerar las tonterías del señor polla de caramelo. —¿Puedes dejarnos a solas con ella? —el moreno le pidió a Thea amablemente y ella se puso de pie, dirigiendo su mirada hacia mí. —Si necesitas algo, búscame. —Le di una sonrisa de lado y se marchó. Existían dos opciones: Thea era una increíble actriz o era genuinamente una persona agradable. Ambos tomaron asiento frente a mí y aparté la bandeja. El hambre ya había desaparecido por completo. —Soy Gus —se presentó el moreno de repente y arqueé mi ceja extrañada. Tenía una mirada engreída en su rostro que me gritaba que me mantuviera apartada de él tanto como me fuera posible. El rubio lo acribilló con los ojos y volvió a posar aquella encantadora rabiosa mirada sobre mí. —¿A qué se debe su agradable visita, si se puede saber? —les pregunté, echándome sobre el respaldo de mi silla. Su mirada se intensificó, pero yo sólo mantuve la calma que me quedaba. —Hay algo que debes ver —intervino el moreno, ya que parecía que el rubio había hecho un pacto de silencio. —Lo siento, pero paso de ver sus shows eróticos. —Cailan rodó sus ojos y Gus rió. —Pronto querrás verlos, pero no es eso por lo que venimos —me informó. Aquellos parecían ser los dos polos opuestos; uno era divertido y el otro era más aburrido que sexo sin orgasmo. Cogió algo del bolsillo de su pantalón y mi móvil destrozado se encontraba en sus manos. Creía haberlo perdido en el día de la explosión. Atiné a cogerlo con mis muñecas esposadas y él lo apartó. —No te será devuelto —emitió —. De hecho, ya ni siquiera funciona. Entonces, ¿qué hacía con mi móvil? —¿Has encontrado fotos mías desnuda y ahora planeas chantajearme? Por supuesto, no había sido lo suficientemente estúpida como para hacer eso o enviarle nada a Jayce. El rostro del moreno se puso rojo como un tomate y el rubio le quitó mi móvil, obligándome a verlo. Cada vez, parecía estar más y más furioso. —Déjate de tonterías —idiota —. Cogí tu móvil cuando te rescaté de la explosión —comenzó a decir. —Secuestraste —lo corregí y frunció su ceño —. En tu cabeza debes ser el héroe que me rescató, pero para mí eres el villano que me secuestró —notaba cómo comenzaba a exasperarse. —Me vale mierdas lo que creas —bramó furioso —. Tu m*****o móvil tenía un micrófono en él. Ahora, el rostro serio era el mío. ¿Y eso desde cuándo? Jamás nadie había tenido mi móvil entre sus manos desde que me lo habían entregado en la central hace años atrás. Demonios. Si ese micrófono había estado allí todo ese tiempo, había oído un par de interesantes conversaciones con mis amigos y presenciado algunas sesiones de sexo con Jayce. —Se aplicó hace cinco días —habló Gus, quitándome de mi estado de sorpresa —. ¿Tienes idea de quién lo pudo haber puesto? ¿Cinco días? El nuevo horario de partida de la misión... No, eso no era posible. —¿Qué saben sobre ese micrófono? —me atreví a preguntar. —Es de fácil aplicación, basta con tocar tu móvil —explicó el moreno — y el propósito era espiarte. Supongo que para descubrir cosas en cuanto a tu padre. De repente, aquel recuerdo me tomó desprevenida. Mi padre preguntando por su familia y diciéndome que yo era sabia para tomar las decisiones correctas. Él ya debía de haber estado sospechando algo... —¿Tienes idea de quién lo pudo haber puesto o no? —me preguntó Cailan con la última gota de paciencia que le quedaba y negué