DÍA 2. Me dolían las piernas por estar tanto tiempo de pie y no podía evitar bostezar de vez en cuando. Desde que la primera persona despertaba, yo también debía hacerlo. Me tocaba inspeccionar cada rincón de este lugar en busca de alguna irregularidad en cuanto a los trabajadores de KEK. Beth, la señora de cocina, era la primera en despertar; eso significaba que me tocaba abrir mis ojos a las 4 a.m. Preparar el desayuno para cientos de personas hambrientas no era ninguna broma. Observé la hora en mi reloj y ya casi me tocaba el descanso del almuerzo. —Hola, Val —Uker se atravesó en mi paso y rodé los ojos. Su intento de voz seductora me daba ganas de vomitarle el rostro —. ¿Quieres que traiga tu almuerzo, pastelito? —Confirmo. Estaba a punto de vomitar. Lo aparté de mi camino para que me permitiera continuar con mi trabajo. No era la primera vez que tenía este tipo de encuentro con él y, lo peor de todo, es que se trataba del mejor amigo de Jayce. Vaya importancia le daba a su amistad... Uker cogió mi brazo, deteniendo mi paso. Estaba a un segundo de no sólo devolver mi desayuno sobre él, sino de también partirle el rostro. La primera vez que esto había sucedido y se lo había informado a mi novio, le quitó total importancia. Comprendía que lo defendiera porque era su amigo, pero eso no me impedía que estropeara su cara bonita. —Sabes que lo que es de Jayce también puede ser mío —Lástima que yo no era de Jayce ni de nadie. Llevé mi rodilla a su entrepierna y le di un fuerte golpe. Él cayó al suelo, retorciéndose del dolor. No negaría que disfrutaba verlo agonizando del dolor. —No vuelvas a poner tus manos sucias sobre mí —espeté antes de marcharme. Sé que Uker no era más que un simple idiota, pero ni eso le daba el derecho de ponerme un dedo encima, ni por ser el mejor amigo de mi novio o el nieto de la reina Isabel II. Me dirigí hacia la cafetería, cogí mi bandeja de comida y divisé a mis amigos a lo lejos. —Te ves fatal —me halagó Broc tan pronto tomé asiento frente a él. Torcí mis ojos y me enfoqué en mi comida —. ¿Necesitas un espejo para que veas cómo luces? —se suponía que su risa burlona debía irritarme, pero él no causaba ese efecto en mí. —Déjala en paz —intervino Yuna —. Ya a bastantes idiotas debe tolerar en este lugar como para que critiques su apariencia. —Él la aniquiló con la mirada. —Es que aún sigue dolido porque no regresé con él luego de romper conmigo por temerle a mi padre. —Él rió y asintió. Si hubiese sabido que aquel niño rubio de ojos azules se convertiría en el sexy hombre que tenía frente a mí ahora mismo, no hubiese dudado ni un segundo en regresar con él. —Supongo que es una herida que jamás sanará —bromeó. Cogió una de las olivas de mi plato y se la llevó a su boca. Su risa burlona no me irritaba, pero sí lo hacía el que me quitara comida —. ¿Has recibido mi mensaje con las actualizaciones de los horarios? —¿horarios? ¿De qué hablaba? —Entrégame tu móvil —me pidió y eso hice —. Te he enviado el nuevo horario de partida. —Casi escupo la comida de mi boca. Esperaba que se hubiera atrasado... —¿Nuevo horario de partida? —le preguntó Anya, desconcertada. —Irene no me ha informado nada —comenté. Broc le ayudaba cuando yo no estaba disponible, como había sido toda la mañana de hoy. Sus dedos se movieron con rapidez sobre la pantalla y me lo regresó. —Ya, es que lo ha decidido hoy a la mañana —respondió —. Ya les he informado a todos los de tu grupo. Yuna sacudió su cabeza —, Te has olvidado de mí. —Él abrió su boca sorprendido. Cosas como esas jamás se le olvidaban a Broc, sólo se estaba burlando de ella —. ¿Cuál es el nuevo horario de partida? Los nervios comenzaban a invadirme pero no permitiría que aquello se hiciera notar. Esperé expectante a su respuesta y podía percibir la obvia ansiedad de Anya. Ella demostraba lo que yo estaba sintiendo muy dentro de mí ahora mismo. —No digas que... —comenzó a decir ella. —Mañana por la noche —nos informó. Maldición. Eso era medio día antes de lo previsto, por lo cual también significaba medio día menos de estar con mis amigos y mi padre. Bufé al echarme sobre el respaldo de mi silla. ¿Por qué últimamente lo único que recibía eran malas noticias? ¿Acaso alguien podía explicarme qué tipo de maldición había recaído sobre mí? —Iremos al bar esta noche y nos embriagaremos —establecí. Si algo llegaba a sucederme en la misión, debía emborracharme por última vez. No que fuera algo usual en mi vida, pero era por esa misma razón que lo hacía. Siempre había sido una adolescente y adulta ejemplar; más me valía dejar de serlo ahora si solo me quedaban algunos días o, como mucho, semanas de vida. Ninguno de los tres se negó a mi propuesta y, al acabar mi comida, debí continuar con mi trabajo. Sólo me esperaban más horas de pie y un sinfín de problemas por solucionar. La ansiedad se estaba apoderando de mí poco a poco y necesitaba un buen trago para hacerme olvidar de eso. En ocho años me había enlistado en muchas misiones, pero ninguna tan peligrosa y arriesgada como esta. El grupo JBG necesitaba una advertencia y era que les estábamos pisando los talones. Eso se los haríamos saber con mi misión y adentrando un infiltrado entre ellos. —Te traje algo para que comas —Anya se apareció a mi lado, entregándome un pudin de chocolate; mi favorito. Observé mi reloj y eran casi las 6 p.m. Hace siete horas que no ingería ningún tipo de alimento y su pudin me venía de maravilla. Sólo media hora más y eso era todo. —¿Qué haces aquí? Deberías estar preparándote para esta noche. —Me dio una sonrisa de lado y posó todo el peso de su cuerpo en una de las paredes —. ¿Ya te has embriagado antes de tiempo? —pregunté y se echó a reír. Su risa era contagiosa y sólo me hacía querer seguir haciendo bromas para continuar escuchándola. —Ni una gota de alcohol en mi sistema... aún —respondió —. Tengo algo para ti —introdujo su mano en el bolsillo de su pantalón —. Por la noche no estaremos en nuestro mejor estado y no quiero que mañana se sienta como el día de despedida —explicó y me entregó un brazalete. Era de metal y tenía una piedra verde en el medio. Estaba perfectamente colocada y protegida, por lo que no debía temer que fuera a salirse con facilidad —. Es una piedra de jade. En China es considerado un amuleto de la buena suerte. Alcé mi rostro y le di una sonrisa. Estaba conteniendo mis lágrimas pero se me estaba haciendo cada vez más difícil. Anya había sido la persona que había dormido a mi lado cada vez que un evento desafortunado me golpeaba. No le importaba pasarse toda la noche despierta si debía consolarme. Cuando sucedió lo de Mitch, me tomó una semana entera digerir la noticia y recomponerme un poco. Me había cubierto el t*****o en más de una ocasión y me conocía a la perfección. —Reprime las lágrimas, sé que puedes lograrlo —me incentivó y reí con un nudo en la garganta. Me acerqué a ella y la atraje a mi cuerpo. Cerré mis ojos, apreciando este momento. No sabía cuándo volvería a verla; puede que a tiempo para cuando ella se marchara a su misión o cuando regresara de ella, pero eso podía ser en unos largos meses. Me puso el brazalete en mi muñeca derecha al apartarse de mí. —No quiero que te regañen por mi culpa. Nos vemos esta noche. Cuando estaba por marcharse, cogí su brazo y volví a atraerla hacia mi cuerpo nuevamente. La abracé y ella volvió a corresponderlo. Recuerda todo de ella, Val. Su voz, su risa, e incluso su perfume. —No habrá despedida entre nosotras —musité y me aparté para observarla —, pero te extrañaré demasiado. Sus ojos comenzaron a humedecerse y se separó por completo de mí —, Me prometí no llorar y no lo haré. Te quiero —me arrojó un beso en el aire mientras se marchaba. Mi corazón ya se estaba haciendo añicos y ni siquiera me había marchado aún. Me tragué aquel nudo en la garganta y respiré profundo. Nada de esto era algo que no pudiera superar; me había enfrentado a peores cosas en mi vida. Divisé a Jayce a punto de adentrarse a su habitación y me acerqué a él. Debía hablarle sobre lo sucedido con Uker, y esta vez me iba a oír. —Jayce... —detuve la puerta con mi mano antes de que la cerrara en mi rostro —, ¿podemos hablar? —Suspiró y la abrió para que me adentrara. Diablos. De seguro Uker ya le había ido con la noticia y ni siquiera sabía qué versión le había contado. Cerré la puerta detrás de mí y él tomó asiento en su cama, clavando sus ojos miel sobre mí —. Por la mirada que me estás dando, supongo que ya te lo ha contado. Asintió. —No puedes tratar a mis amigos así, Val. —Rodé los ojos. A veces, me tomaba un gran esfuerzo intentar comprenderlo y la mayor parte de las veces fallaba. —Es que no porque sea tu amigo debo tratarlo como si fuera el mío —me defendí —. Quiero saber qué versión te ha contado —exigí y me posicioné erguida frente a él. Jayce resopló y se acercó a mí. —Me ha dicho que te insistió para que te marcharas al almuerzo y que le golpeaste. —Solté a reír furiosa. Tendría que haberle partido el rostro cuando había tenido la oportunidad. Una amistad de diez años pesaba mucho más que una relación de dos. —Que gilipollas... —murmuré, furiosa —. ¡Que ha estado ligando conmigo por años y tú no lo notas! —Que sólo han sido algunas veces —lo defendió. ¿Es que acaso estaba oyendo bien o ya estaba alucinando? —Ah, estupendo —hablé con sarcasmo. No explotar de la ira se me estaba haciendo cada vez más y más difícil —. Entonces, ¿si voy y me lo follo también te da igual? —Su mirada se endureció de repente. Finalmente, me daba toda su atención. —¿Te lo quieres follar? —su pregunta me había tomado por sorpresa. Fruncí mi ceño y debí parpadear algunas veces para asegurarme de realmente estar teniendo esta estúpida conversación con él. —¿Qué dices, Jayce? —cuestioné —Uker me da asco y, de no ser tu amigo, te aseguro que él ya habría acabado en la enfermería. —Él abrió sus ojos, sorprendido. —¿Te estás oyendo a ti misma? Él sólo quiere... —...meterse en mis bragas —acabé su frase, aunque sabía bien que no era eso lo que él iba a decir. No podía tener ni un poco de tacto en una situación como esta. Jayce se apartó de mí y me dio la espalda. Una parte de mí quería darle un sartenazo en la cabeza para que reaccionara, pero sabía que llevaba las de perder contra Uker. —Necesito pensar algunas cosas, Val. —Suspiré, rindiéndome. Pues, si eso lo hacía recapacitar, no tenía ningún problema en hacerlo. —Búscame mañana cuando quieras hablar más tranquilo —le pedí y me volteé hacia la puerta para largarme de allí. —Me refería a nosotros. —Sus palabras me estrellaron como un avión en picada hacia el pavimento, haciéndome permanecer inmóvil en mi lugar —. Creo que lo mejor es que nos demos un tiempo. —Me volteé y me acerqué a él con determinación. Jayce aún seguía dándome la espalda. ¿Estaba rompiendo conmigo? No podía estar haciéndome esto un día antes de marcharme... —¿Esto es por Uker? —Negó —. ¿Es por mi padre? ¿O porque me iré a la misión? —cogí su rostro, obligando a que volteara y me observara —Jayce, si tienes miedo que algo me suceda y crees que la mejor opción es romper conmigo, te prometo que... —Se apartó de mí. —Ya, Val —me interrumpió. Mi cabeza estaba dando vueltas y sólo requería una respuesta concreta. —Ayer todo estaba bien... —cogí su rostro entre mis manos —. ¿He hecho algo? —Él se movió bruscamente. Creía saber la razón por la cual Jayce quería romper; esta despedida era más fácil así que conmigo dentro de un cajón. Volví a coger su rostro entre mis manos y capturé sus labios. Cedió ante ellos por unos segundos pero luego me apartó de él. Llevó las manos detrás de su cabeza sin responder a ninguna de mis preguntas anteriores. —No me creo que decidas tirar a la basura dos años de relación sin darme algún tipo de explicación —tenía que jugar con mis dedos, ya que de alguna forma eso calmaba un poco mi actual ansiedad. No sé qué había cambiado de ayer a hoy, pero su comportamiento no siempre era así. —Pues créelo —percibí la frialdad en su tono de voz. Mi vista quedó clavada sobre él por unos segundos, aún intentando asimilar lo sucedido. Él no me observaba, sólo me daba la espalda. —Si salgo de esta habitación, te juro que no vuelves a saber de mí —sentía que lo estaba amenazando, pero a este punto me agobiaba no saber qué le estaba sucediendo y que no confiara en mí lo suficiente como para contármelo. —Vete —concluyó y el dolor se instaló en mis ojos. No sólo en mi mirada, ya que las lágrimas comenzaron a hacerse presentes. Él ni se inmutaba y yo tampoco me quedaría a rogarle para que cambiara de parecer. Me largué de allí cerrando la puerta de un golpazo y mi visión comenzó a hacerse borrosa a causa de aquellas gotas saladas que se acumulaban. Los sollozos no tardaron en aparecer y sólo me quería echar a llorar en el suelo del pasillo. —Val, cariño —reconocí la voz de mi padre y sus brazos me rodearon —, ¿qué sucede? ¿Cómo le explicaba que una de las personas a quien él más detestaba acababa de romperme el corazón? Eso sólo conllevaría que a Jayce le rompiera otra cosa y, si bien ahora no me parecía una mala idea, no quería crear un alboroto. —Salgamos de aquí —con la fuerza que yo no poseía ahora mismo me obligó a caminar hacia la salida y nos montamos en su coche. Sequé mis húmedas mejillas e intenté normalizar mi respiración. El pecho se me oprimía y dolía. ¿Por qué Jayce se había comportado de esa forma conmigo? ¿Por qué había sido tan vil? Mi padre puso en marcha el motor y la radio sonaba de fondo. Mi vista se perdió en el paisaje a través de la ventana y agradecía que aquello me estuviera distrayendo aunque sea un poco. —¿Quieres contarme qué sucedió? —su mano acarició mi cabeza y sentía como si tuviera la semilla del aguacate atravesada en mi garganta. Las lágrimas amenazaban con volver a brotar de mis ojos pero las reprimí. —Jayce rompió conmigo. Sabía que la noticia no le disgustaba en lo absoluto. Sin embargo, sé que hubiese preferido que continuara con él a verme en este estado. —Lo siento mucho, cariño —su voz se suavizó y las ganas de echarme a llorar regresaron a mí. —Sé que no lo haces. —Siento que te haya lastimado de tal forma —explicó —. Ya sabes lo que opinaba sobre él. Sin importar lo que pensara sobre Jayce, él había sido mi primera relación formal. Me dolía recordar nuestros primeros días juntos y lo felices que habíamos sido. De hecho, lo habíamos sido hasta ayer. Ahora sí no pude contenerme y mis mejillas se humedecieron como si hubiese caminado debajo de una cascada. Mi padre llevó su mano a la radio y comenzó a buscar una canción. 'My Everything' de Ariana Grande empezó a sonar en el coche y los sollozos se hicieron presentes, así como también el dolor en mi pecho. —Cántala, como en los viejos tiempos. —Negué. No podía hacerlo. La situación actual ya era lo suficientemente dolorosa como para también recordar lo que cantar en el coche implicaba. Mi madre había sido cantante. Era lo que más disfrutaba en el mundo. Sin importar si estaba feliz o triste, ella siempre se expresaba a través de las canciones. Estaba de más decir que su voz también era angelical. Carol Jensen era la personificación de un ángel. Así como había llegado a este mundo, de igual forma se había marchado. De regreso del funeral de sus padres, había cantado durante todo el camino con lágrimas en sus ojos y con un dolor inigualable manifestado en su tembloroza voz. 'This is Not Goodbye' de Sidewalk Prophets era esa canción que siempre recordaría hasta el final de mis días como el gran desahogo de mi madre. —Te aliviará —me dijo y la música me invadió. Cerré mis ojos, me tragué las lágrimas y llené mis pulmones de aire. —I've cried enough tears to see my own reflection in them (=He llorado suficientes lágrimas para ver mi propio reflejo en ellas) —comencé a cantar—, And then it was clear (=Y luego quedó claro), I can't deny (=No puedo negar), I really miss it (=Realmente lo extraño) —aquel nudo en la garganta volvía a aparecer y mi voz temblaba —, And now that he's gone, my heart is missing something (=Y ahora que se ha ido, a mi corazón le falta algo), So it's time to push my pride away (=Entonces es hora de alejar mi orgullo), 'Cause you are, you are, you are my everything (=Porque eres, eres, eres mi todo) —mi voz se quebró y así yo también. Me eché sobre el asiento y reventé en llanto. Jamás creí que sufriría de esta forma por amor. Jamás creí que Jayce fuera a romper conmigo de esta forma, sin ningún tipo de explicación, y abandonándome cuando más lo necesitaba. Mi padre tomó mi mano y la cogió con fuerza. Las lágrimas siguieron brotando de mis ojos por algunos minutos hasta que los mensajes de mis amigos me devolvieron a la realidad. —Podemos ir a la casa, si quieres —me sugirió y negué. Por mucho que me gustara la idea de regresar a aquel lugar que no visitaba hace meses, ahora sólo quería desahogarme en el alcohol. —Ya he hecho planes. —Se acercó a mí y besó mi frente. Al apartarse, cogió el collar que colgaba de su cuello y me lo entregó. —No es una despedida, sólo quiero que lleves esto contigo. Mi expresión facial se suavizó pero quería volver a llorar. Aquel le había pertenecido a mi madre y, luego de su muerte, mi padre lo había usado hasta el día de hoy —, Es como si nos llevaras a ambos contigo. —Me acerqué a él y lo abracé. Lo apreté con fuerza y él también a mí. Es como si aquel hubiese reparado un poquito mi corazón que había quedado hecho pedazos. Aún vestía el uniforme y llevaba tanto mi cabello como mi rostro hechos un desastre. Tenía los ojos tan hinchados como un sapo pero nada me importaba ahora mismo. Me despedí de mi padre y me adentré al bar. —Jensen —Broc fue el primero que me divisó —, te ves peor que esta mañana. —Yuna golpeó su brazo, regañándolo por decir la verdad. Sería mejor que no me viera en el espejo hasta mañana. Cogí asiento junto a ellos y tanto él como Anya me dieron un shot de whisky. —Veo que lo necesitas más que nosotros —aquel me quemó la garganta al pasarlo, pero también me relajó un poco. —Jayce ha roto conmigo —declaré y los tres me observaron anonadados. Pasé otro shot y mi garganta ya se estaba acostumbrando a aquel fuego. —No te ha dicho la razón, ¿verdad? —preguntó Yuna como si fuera una obviedad y negué —Confirmado; es un idiota —emitió y Anya me rodeó con sus brazos. —No tengo otra opción más que estar de acuerdo con Yuna —añadió —. ¿Qué tal si pido tu canción favorita y nos olvidamos de lo sucedido hoy? —me preguntó e intenté darle una sonrisa. —Anya Lane —una gran medialuna se dibujó en el rostro de Yuna —, esa es una grandiosa idea. —Adelántense ustedes —les dije —, ya luego las acompaño. Yuna cogió la mano de Anya y la arrastró a la pista de baile. Broc me entregó otro shot de whisky y se acercó a mí sigilosamente. —Ahora comprendes cómo me sentí cuando me rechazaste —bromeó y no pude evitar esbozar una sonrisa. Él era capaz de estirar su brazo y sacarme de aquel pozo profundo en el que me encontraba —. Sé que duele, pero prometo que cesará —bebió un shot de whisky también y apretó sus ojos cuando le quemó la garganta —. A veces, nos suceden algunas mierdas que no comprendemos el por qué. Lo observé a mi lado y tenía su mirada algo perdida. Sabía que él también había vivido momentos muy difíciles. —¿Alguna vez lo sabré? —pregunté. —Espero que lo hagas. —Relajé mi cabeza sobre su hombro y vacié mis pulmones de aquel aire que había estado conteniendo todo el día