Capitulo 97

1927 Palabras

Maximilian Von Stein ​El eco de nuestros gemidos compartidos comenzó a disiparse entre el repiqueteo del agua caliente y la densa capa de vapor que nos envolvía. Gia permanecía apoyada contra la pared de azulejos, con el pecho subiendo y bajando de forma errática mientras intentaba recuperar el aire que mis embestidas le habían arrebatado. Su piel, habitualmente pálida y aristocrática, lucía un rubor encendido, decorada por las marcas rojizas de mis manos en sus caderas y la huella violácea que mis dientes habían dejado en su hombro. Al verla así, tan expuesta, tan sumisa a mi voluntad tras la tormenta del orgasmo, sentí que la brutalidad posesiva de hace unos instantes se transformaba en una necesidad imperiosa de resguardarla. ​Cerré un poco la llave de la ducha, regulando la tempera

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