El Macallan deja un rastro de ardor cuando desciende por mi garganta, sensación que no me molesta siendo que casi me termino la mitad de la costosa botella. Es de madrugada y, como las últimas noches, no logro conciliar el sueño. Mis pensamientos se vuelven un huracán arrasando mi mente cada vez que cierro los ojos, aumentando mi malestar y mi frustración ante toda la jodida situación. La penumbra envuelve la habitación y la escasa iluminación del cielo nocturno entrando por los ventanales forma sombras sobre el cuerpo que descansa de espaldas a mí en la cama. Tras la emboscada, no volvimos a hablar al respecto, ella no intentó traer el asunto de regreso, pero siento que las cosas no están igual que antes entre nosotros y entiendo el porqué. Aunque Brooklyn conoce sobre los peligros de

