La tensión entre ambos estaba en un punto algido, prácticamente echábamos chispas. Había deseo y afecto para lo cual no existe cura humana o al menos no que yo conozca. Nuestra última conversación me había tenido meditando, sufriendo más de lo necesario, pensando en la disonancia existente entre su amor y el mío, la fuerte diferencia de sintonías. Mientras yo era una melodía dulce, ligera, pegadiza... Esa canción que suena todo un verano pero que terminas olvidando Grayson era una sinfonía clásica memorable e inolvidable. El problema es que su canción ardía con tanta fuerza que me estaba quemando, doblandome por la mitad, tenía mis cimientos demasiado inestables por su fuego. Las únicas opciones que tenía eran: adaptarme o convertirme en cenizas consumida por su abrasivo amor. Salí a ca

