Mi euforia lo desbordé por completo en los brazos de Jimmy. Él esperaba la noticia en la oficina, preocupado de la suerte del caso Figueroa y cuando me vio con la luz radiante en mis ojos, la sonrisa larga y festiva, mi cara pintada de alegría, no se resistió y me besó con locura, acariciando mis brazos mis caderas, mis muslos. Yolanda había salido a hacer unas diligencias y por eso, mi asistente se abalanzó sobre mí como un tigre, despellejando a su víctima. Lo sentí tan febril que me puse a gemir, a suspirar y a soltar mis soplidos sensuales, sintiendo su fervor igual a un maremoto que me hundía por completo en la pasión. No le dejé, tampoco, que me rasgue mi carísimo sastre. Le di un suave empellón y me saqué, primero el saco, luego desabotoné mi blusa y finalmente bajé la cremallera d

