LUCIA
Me parece que estoy en una película o en uno de mis libros, no creo que esto esté pasando. Después de todo moriré antes de lo planeado. Comienzo a llorar sintiendo que este es mi final. Y de repente nada. Pura paz a mi alrededor, el avión no salta para todos lados, las aeromozas están pidiendo que guarden las mascarillas. La turbulencia termino y sigo tomada de la mano de mi jefe.
He pasado muchos momentos vergonzosos en mi vida. Como la vez que me caí rodando por las escaleras, o la vez que me senté en un banco con pintura fresca manchando completamente mi ropa. Pero jamás de los jamases, me había sentido tan avergonzada, el ingeniero Josué seguía tomando mi mano y mis lágrimas estaban aún en mi cara, poco a poco deje de derramarlas.
Retire mi mano lentamente, luego retire la careta de oxígeno, me puse de pie y sin decir nada salí disparada para el baño del avión, gracias al cielo que él supo interpretar mi silencio y me dio mi espacio.
Ya en el baño me lave la cara y retoque mi maquillaje, no tarde mucho en volver como si nada hubiera pasado, y hace 5 minutos no parecía que moriríamos.
Cuando tome asiento, El ingeniero Josué ya se había quitado la máscara de oxígeno, pensé que diría algo, empecé a buscar mis audífonos, su silencio me lleno la cabeza, no sabía que estaba pensando de mí, súper genial, y al parecer el trabajara directo conmigo, en cuanto lleguemos a la isla, sin meter las 8 horas en este avión.
De repente interrumpió el silencio preguntando de manera dulce -¿Te encuentras bien?- Para variar o más bien caer en lo mismo de siempre no sabía que decir, viendo la ventana, levante mi voz -Dígame ingeniero, que me quería explicar de las transcripciones- el silencio reino entre los dos por un instante.
Dio un suspiro -Si no quieres hablar del tema, lo entiendo, solo recuerda que no está mal necesitar de alguien, la soledad no es la mejor amiga de nadie, y lo de las transcripciones puede esperar unas horas, disfruta el tiempo sin turbulencia que nos ofrece el viaje.
Voltee con cara de susto -¿puede haber otra turbulencia? -pregunte sin ganas de recibir respuesta.
El solo dijo -Mi mano estará cerca- me puse roja con su declaración.
Fuimos interrumpidos, yo diría salvada de responder a su comentario por una aeromoza repartiendo bebidas, claro después de aquel susto si no tenías ganas de vomitar siempre es bueno tomar algo para calmar los nervios.
Después que se fue la aeromoza, no volvimos a hablar, cada uno tomo su bebida en silencio, me dedique a ver el cielo lluvioso, y sin darme cuenta me quede dormida como hace tiempo no dormía, quien diría que después de una turbulencia podría dormir como un bebe al lado del dios del Olimpo.
Soñé que estaba en la playa, la brisa fresca soplaba sobre mi cara, a pesar del fuerte sol que pegaba, no hacía calor, veía parada como las olas del mar bailaban, en un ir y venir, el lugar me parecía conocido, como si no fuera la primera vez en estar ahí.
Sentía mis pies descalzos en la arena, tome asiento en una manta, y descubrí que no estaba sola. Junto a mi estaban mis padres, si, los mismo que me abandonaron, esta vez, estaban a mi lado, me contaban una historia, mientras yo construía castillos de arenas, sentí que era feliz, mi madre me dio unas galletas con jugo, disfrute feliz de comer, como cada vez que una comida tocaba mis manos, las llevaba directo a mi boca, un placer de otro mundo.
Corrí a bañarme, llamando a mi padre para que me acompañara al agua. Mis pies tocaron el agua, está estaba fría, dude un momento en meterme, pero sentía que el mar me atraía, sus olas, me llamaban y no pude resistir sus susurros.
Me sumergí, y disfrute del agua, mi padre no llegaba, pero no me importo, nadaba, y flotaba como un pececito, de un momento a otro el mar se agito, pero no quise salir, escuchaba los gritos de una mujer llamarme para que saliera, la ignore, creo que era mi madre, no estaba segura, pensé que podían sacarme si querían tanto que saliera.
De golpe una ola muy alta me atrapo, podría salir pero pensé, que divertido jugar con las olas altas, pero solo fue divertido un instante, hasta que me di cuenta que la ola no me dejo salir, poco a poco, me quitaba el aire, estaba a punto de dejar de respirar, cuando unas manos me sacaron del agua, era mi padre, me ayudo a respirar, logre escupir toda el agua que trague.
El me abrazo, comenzó a decirme estoy aquí mi pequeña, estoy a tu lado mi bebe, su voz se fue alejando, y todo se volvió un espiral de imágenes distorsionadas, comencé a gritar, no me dejes papá. No me sueltes papá, gritaba con todas mis fuerzas.
Pero fue inútil, abrí mis ojos, notando que no estaba en la playa, no estaban mis padres, estaba yo sola, mi papá me soltó, el me dejo, sentía que no podía respirar, sentía que todavía estaba sumergida en esa ola, y deseaba que nadie me sacara de sus garras, solo quería durar lo suficiente para no respirar, pronto me dije, solo aguanta unos días más.
No sé cuánto tiempo había transcurrido cuando me desperté, note el puesto a mi lado vacío, por un momento dude si alguna vez el ingeniero se había sentado a mi lado, si realmente había ocurrido una turbulencia, o si todo había sido un sueño.
Como el sueño que acababa de tener, con mis padres, en estos sueños no podía ver sus rostros, solo sabía que eran ellos, a veces tengo dudas si era solo un sueño, o retazos de memorias que luchaban por no abandonarme.
Me puse de pie para sacar mi portátil del equipaje de viaje, y cuando logre abrir el compartimiento resbale y caí, espere sentir el golpe en todos lados pero solo sentí los brazos de alguien, unas suaves manos que me atraparon antes de caer.
Cuando levante mi rostro note que estaba en brazos del ingeniero dios del olimpo.
-Te atrape- dijo con una sonrisa.
- Gracias, yo… yo… lo siento- dije yo poniéndome de pie, sacando el portátil y sentándome en mí asiento más rápido que flash.
Él se sentó a mi lado, y todos los recuerdo de hace pocas horas me vinieron en ráfaga, no había sido un sueño, él estaba sentado a mi lado, por razones laborales y yo no sabía qué hacer, así que opté por ignorarlo.
En la paz que permitía el avión, se acercaron varios jefes de departamentos según entendí por lo que decían sus credenciales y conversaciones, no soy chismosa, solo me encontraba en el lugar para escuchar los detalles.
De un momento a otro dijo -Podrías Transcribir estas notas de voz, y preparar el correo junto con estas fotos- entregándome un pendrive que tenía en sus manos.
-Por supuesto ingeniero inmediatamente le tengo listo todo- me coloque mis auriculares, concentrándome más rápido en la tarea asignada, para terminarla tan pronto como me fue posible.
Cada nota de voz era de más de mil palabras y como solía hacer, simplemente transcribía sin prestar atención a lo que escribía mis dedos se movían solos y todo mi cerebro se trasladaba a otro universo donde todo era perfecto, donde mi corazón aún estaba completo.
Cuando ya estaba terminando, alguien coloco su mano en mi hombro sacándome de mis pensamientos, pegue un brinco de susto por la sorpresa, me quite los auriculares y voltee para ver la cara seria del ingeniero.
-Debes guardar el portátil, prepárate para el aterrizaje.- sus palabras serias, me sentaron mal, en los cortos momentos que estuvimos juntos, me había acostumbrado a sus palabras amables y a su sonrisa que transmitía tanta paz.
Listo metí la pata, en definitiva debo tener algo malo, un tipo de repelente humano natural, pero no me importa, no es nada nuevo para mí, soy experta en la soledad.
-Enseguida ingeniero- apague el ordenador guardándolo en el equipaje de mano, y me senté ajustando todo para el aterrizaje.
Por los parlantes sonaron las instrucciones, y trate de relajarme, al menos no llovía, y pronto estaría en un cuarto descansando del largo viaje.
El aterrizaje fue tranquilo y rápido, no me sorprendió que el primero en bajar fue el ingeniero se respiraba un ambiente tenso, o era mi imaginación, lo cierto es que al bajarnos del avión ya no lo volví a ver, salimos de la pista de aterrizaje, no veía cerca ningún rostro conocido y eso trajo paz.
Llegamos, a las tres de la tarde, el clima estaba perfecto. Nada de frio, nada de calor. Pensé que ya habíamos llegado a la isla, pero no, estábamos en una ciudad cercana, aquí abordaremos un autobús, hacia el puerto que me llevara a la isla junto a mi jefe.