LUCIA
Nos entregaron una bandeja de comida, que mi estómago agradeció, el olor delataba que era pollo frito con papas fritas, la boca se me hizo agua, no espere nada, comencé a comer, de manera efusiva, se veía sabroso y sabía mucho más sabroso, no me había dado cuenta que tenía tanta hambre.
A mi lado se sentaron un grupo de chicas, que comenzaron platicas casuales, y aunque no intervine, me pareció curioso ver lo relajadas que estaban, pareciera que no usaban mascaras.
He aprendido a ser detectora de máscaras, la vida me enseño que no todos los que sonríen lo hacen de verdad. No todos los que lloran sienten dolor en su corazón, pero de vez en cuando consigo personas como este grupo, ninguna ha criticado mi silencio, ni se ha metido conmigo directa o indirectamente.
Sonrió, porque si quisiera tener amigas, me gustaría que fueran así, pero mi realidad es otra.
Primero no quiero tener amigas, segundo yo no solo tengo máscaras, tengo un disfraz completo, soy como un tomate podrido, si estoy con ellas, las dañaría, sin darse cuenta, las marchitare, y tendrán que usar máscaras, yo arruinaría todo.
Hace tiempo atrás intente tener amigos, pensé que sería perfecto, hablar con alguien de mi dolor, así no me sentiría sola, pero no tenía mucha experiencia, no sabía detectar las máscaras, no sabía que la gente mentía, y no había entendido que al dejar a alguien entrar en tu vida, le entregabas en bandeja de plata la oportunidad de dañarte.
Dure 6 meses, creyendo formar parte de un grupo de amigas, fue una etapa tan linda, yo estaba feliz, por fin, alguien me escuchaba, compartíamos nuestras dichas y nuestras penas.
Claro que sus penas eran no tener un celular nuevo, y el mío era que me había acostado sin cenar, ellas al darse cuenta de mi historia, cuando realmente me conocieron, sus máscaras cayeron, o simplemente su deseo de estar conmigo cambio, note como se reunían y no me invitaban, luego comencé a notar, como a la hora de la comida, no las conseguía.
Un día entre al baño, ellas no sabían que yo estaba ahí, o eso supongo, entraron hablando entre ellas.
-Hasta cuando la piojosa de Lucia nos perseguirá- esa era la voz de Amanda, mis lágrimas comenzaron a salir, ahora entendía todo su desdén, como pude ser tan ciega.
-Hay si amiga, que oso, siempre intenta estar cerca de todas nosotras- sus palabras sabían a acido en mi garganta y mis lágrimas no cesaban.
-Creo que es un poquito lenta, y no entendió, que no paso la prueba- y quizás tenía razón, no entendía nada de lo que decía.
-Creen que debemos humillarla públicamente, contar sus secretos eso pudiera hacerla entender que no la queremos cerca.
Salí del baño corriendo, escuche sus risas, mientras yo corría y mis lágrimas no se detuvieron ni un instante.
Ese día, reforcé el muro entre el mundo y yo, estaba cansada del daño que podían hacer los demás, nunca más me pondría en una posición vulnerable.
Así que estando aquí a punto de salir para la isla, rodeada de chicas que aparentan ser sinceras, solo disfruto el momento, sin ilusión o esperanza de más.
De repente soy sorprendida, en medio de mis pensamientos, cuando una de las chicas voltea hacia mí.
-Tu eres Lucia verdad- pregunta la chica con el cabello ondulado, yo no sé su nombre.
-Sí, mucho gusto soy Lucia-respondo de manera plana.
-Todas estamos muy emocionados con este viaje, ¿es primera vez que vienes a un viaje de la empresa?
-Si-digo tragando las palabras, quisiera contarles que es primera vez que viajo en mi vida, pero sé que nada bueno saldrá de una amistad.
-Es genial -dice otra de las chicas- aunque siempre es diferente, Becca ¿recuerdas la vez que fuimos a la otra isla?
-Cómo olvidarlo, la comida era tan exótica- responde la chica que ahora se su nombre, será Becca o se llamara Rebeca y la llaman así por cariño, no preguntare, eso es señal de amistad, debo alejarme rápido de aquí.
-Y los hombres también- ríen todas y yo me les uno a las risas, ¿cómo paso esto? ¿Porque me estoy riendo?
-Un placer, hasta luego- me voy antes que flaquee en mi decisión.
-¿Para dónde vas? Todos están comiendo para abordar el autobús, habla un rato con nosotras- dice Becca.
-Lo siento voy al baño, luego a chequear un trabajo que se me asigno.- me paro, sin mucha ceremonia, y aunque camino, en realidad corro, huyo de una posible amistad, y una posible herida.
Entro al baño, recordando el baño de mi niñez, recordando a mis amigas, o lo que creí que tenía.
Me lavo las manos y la cara, luego de secarme noto, que alguien más entro en el baño llorando, rayos porque yo estoy en medio de un señor llantén.
Opción lógica, salir de aquí haciéndome la que no escucho nada de nada, opción que tomare, preguntar si todo está bien y si hay algo que yo pueda hacer, suspiro colocando mi mascara, y me acerco temerosa de lo que va a pasar.
-Disculpa, no pude evitar escucharte llorar, solo quiero saber si hay algo que yo pueda hacer por ti- suspiro una vez más, espero poder ayudar.
La chica levanta sus ojos, creo que no vino en el avión, su rostro no me resulta familiar, no creo que sea parte de la compañía.
-Todo estará bien, sea lo que sea que te pase ahora, veraz todo tendrá solución- irónico esa soy yo hablando, definitivamente si decidiera estudiar algo seria actuación solo para que me den un título porque me sale natural.
-Yo so…lo..- y eso fue todo lo que logro decir, comenzando a llorar más duro
-Es bueno llorar, yo estaré contigo si lo deseas, y luego me puedes decir si puedo ayudarte- podría considerar una carrera de psicóloga, espero no arrepentirme de la opción que tome.
-Gracias- dice hipando- yo so… lo… quiero morir.
Sus palabras golpean en mi corazón, irónico, que se supone que le diga, yo también quise morir, no creo que sea buena idea decirle la verdad, mantengo mi mascara.
-No sabes cuánto te entiendo- le digo en total empatía- Debe existir un motivo por el cual luchar, piensa en una sola cosa que te ayude a aferrarte a la vida.
-Nada, no tengo nada, no tengo a nadie, no tiene sentido vivir- recuerdo cuando pensaba igual que ella, necesito decir las palabras correctas.
-Siempre hay alguien- pienso en mi primo Rodrigo-Tienes el nombre de una persona que podamos llamar- el silencio se torna largo, ella deja de llorar un momento, viendo directo a mis ojos.
-Mis padres están afuera- dice limpiándose la cara.
-¿Quieres que los llame?
-No por favor, no, ellos me comprometieron con un hombre que no conozco, vamos saliendo para mi celebración de compromiso.- sus palabras me sorprenden, ¿quién hace eso en este siglo?.
-Seguro tus padres te aman, y escogieron, lo mejor para ti- nunca me imaginé casándome, pero si hay algo que odio de este mundo, es que otros tomen una decisión por ti.
- No entiendes, amo a otra personas, ellos descubrieron todo, y como no están de acuerdo quieren separarnos- y digo las palabras que nunca pensé decir.
-¿Quieres que te ayude a escapar?
-¿Harías eso por mí?- dice con los ojos abiertos de par en par.
-Si- lo digo con determinación.
-Mis padres deben estar buscándome- se pone de pie, y noto que tiene un bolso guindado.
-Hay un autobús afuera de la empresa donde trabajo, podrías abordar el autobús, y quedarte en la vía, desde allí llamar a alguien que te ayude a tener una nueva oportunidad.
-Gracias muchas gracias- salta a abrazarme y me quedo congelada.
-Vamos, le doy mi suéter con capucha para que se cubra, ella comienza a secarse sus lágrimas y caminamos juntas directo al autobús, las puertas están abiertas y ya todos están montándose. Lo que no calcule fue el hecho de que todos los puestos podían estar ocupados.
Nos sentamos juntas, con la esperanza que sobren puestos, porque no sabré explicar la existencia de esta chica.
Creo que me volví totalmente loca, no debí quedarme en el baño y ayudarla. No sé qué me paso por la cabeza, debí correr en dirección contraria, solo espero que esto no me salpique en la cara.
Al parecer sobran puestos, lo noto al ver varios vacíos, eso sin duda es un alivio. Se acerca Nikita, rayos reconocerá a la chica, que ni siquiera me dijo su nombre, sin duda Nikita sabe exactamente quienes son todos los que deben estar montados en este autobús.
Nikita pasa distraída en su teléfono, y le susurro a la chica escóndete, hazte la dormida hasta la próxima parada, ella no pregunta nada, solo obedece asustada que la descubran y su intento de huida quede arruinado por un descuido.
De un momento a otro, se acercan el grupo de amigas con las cual almorcé, Becca se queda viendo a la chica dormida a mi lado.
Listo, ya la descubrieron.