Mascaras II

1524 Palabras
LUCIA   Becca no deja de ver a la chica que finge dormir a mi lado, espero por todos los dioses que ella no se dé cuenta que es un polizón. Una chica que estoy ayudando a escapar del futuro que sus padres escribieron para ella.   -Ya salió el primer bus con la mayoría de los empleados, este bus es para los rezagados, nos bajamos del primer bus, porque no te vimos y nos preocupamos por ti, ¿todo bien?- son las palabras que dice, volviendo su mirada a mí.   Muy bonito y todo pero ¿porque tanto interés?, lo pensé pero no lo dije, tenía que deshacerme de ellas, antes que descubrieran a la novia fugitiva que estaba aparentemente dormida a mi lado.   -Estaba en el baño, no note que salió el primer autobús, gracias por estar pendiente, creo que dormiré, estoy agotada por el viaje.   Saco mis audiófonos, pero esta vez, solo los tendré puestos sin música. Necesito estar atenta a cualquier movimiento.   -No tienes nada que agradecer, los miembros del equipo nos convertimos en familia, todo puede pasar en una isla- me guiña un ojo y se va con una sonrisa en sus labios.   -Y lo que se hace en la isla queda en la isla- dice otra de las chicas y siguen a Becca a sentarse en algún puesto vacío.   Espero que estas chicas se olviden pronto de mi existencia. No respondo ninguna de sus últimas palabras, solo pienso en lo afortunada que es la chica a mi lado. Si mis cálculos no me fallan, este segundo autobús, tendrán suficiente puestos vacíos, y a diferencia de mí, esta chica tendrá una segunda oportunidad, una oportunidad de tomar sus propias decisiones.   Escucho gritos afuera, llaman a María Magdalena. La chica que está sentada a mi lado comienza a temblar, ¡la están buscando a ella! , ese debe ser su nombre. Veo por la ventanas, hay policías con perros tomados de una cuerda, una señora y un señor un poco mayores gritan el nombre de la chica a mi lado, como si de ello dependiera toda su vida.   No sé por qué el autobús no arranca de una vez, estoy igual o más nerviosa que María. Veo al ingeniero montarse en el bus, estábamos esperando por él, ahora entiendo la demora. Lo que me extraña es que no se fue en un carro privado y ya. Los gritos afuera siguen y suben su decibel, están cerca del autobús, un policía está montándose en él.   María no deja de temblar, y como si fuera posible trata de ocultarse más en la capucha, el ingeniero ve al policía, yo siento que me desmallare, si la descubren me sentiré inútil.   -Disculpe oficial, lo podemos ayudar en algo- dice el ingeniero.     -Creemos que en su autobús, se encuentra la hija de los Robinson- es la respuesta del oficial.   -Sabe que en este autobús, solo está montado el personal de la compañía, no tiene sentido lo que dice- el ingeniero sigue furioso, como cuando se bajó del avión.   -Disculpe ingeniero, es protocolo de rutina- replica el oficial apunto de subir.   -¡Que lo hace pensar que esta en este autobús!- creo que el ingeniero está apunto de golpear al oficial, lo más absurdo es que lo único que pienso es lo sexi que se ve.   -No la conseguimos en ningún otro lado- comenta algo nervioso.   El ingeniero, da una ojeada a todas las personas sentadas en el bus, me pongo pálida como un papel y por su mirada sé que nota mi nerviosismo. Pero no dice nada.   -Disculpe oficial, vamos retrasados en el itinerario, y le puedo dar fe, que solo nuestro personal se encuentra montado en la unidad- todos en el autobús están atentos a la conversación entre el ingeniero y el oficial.   -Dígale a los Robinson que no la consiguió en este autobús-le contesta.   -Pero debo chequear yo mismo- Dice el hombre titubeando, como si conociera lo suficiente al ingeniero para saber que no le conviene llevarle la contraria.   -Buenas tardes oficial-sesga el ingeniero poniendo punto final a la conversación.    El oficial no insiste, bajando de la unidad, las puertas del autobús se cierran detrás de este. María sigue temblando a mi lado, yo no sé qué hacer, cuando veo que el ingeniero venir directamente hacia mí.   Se para a mi lado y me susurra al oído.   -Espero que tengas una buena explicación para llevar un polizón a bordo, y sentada donde yo quería estar- mis bellos se erizan viendo como sigue de largo a sentarse.   Lo sabe, estoy en problemas. Acabo de conocer un poco más al ingeniero dios del olimpo. ¡Es profesional usando mascaras!, me pregunto, ¿Por qué no delato a María?   El autobús comienza el viaje que me acerca a mí a la isla, y a esta chica a su libertad, en una aparente seguridad. María me pasa su teléfono, donde escribió unas palabras, todavía teme hablar en voz alta y que la descubra alguien del bus.   -Gracias, mi nombre es María Magdalena, ya alguien va camino a recogerme, te debo mi vida.   No puedo evitar que sus palabras tengan un efecto en mí, mis ojos están a punto de derramar lágrimas, pero las logro contener, nunca había sentido la satisfacción de ayudar a alguien a este nivel.   Ayudar a otros le da como sentido a todo, me dan ganas de ir y buscar a otra persona que ayudar. Me gustaría que alguien me rescatara a mí, me sacara la tristeza de mi corazón, y terminara de acabar con esta soledad.   Mi mente se aleja de este pensamiento, y trae al ingeniero una vez más, pienso en sus palabras, estas se repiten una y otra vez, causando un escalofríos en todo mi cuerpo, estoy atrapada, pienso que mascara pondré al hablar con el ingeniero, al menos espero que este de humor, y no recibir un maltrato de su parte.   Después de tres horas, el autobús hace su primera parada, aquí se queda María. Bajamos juntas, hay gente durmiendo en el bus, pero siento que alguien más se baja conmigo. Creo saber su nombre, y no estoy preparada para verle la cara.   Voy directo al baño caminando con María, entramos, ella me abraza una vez más, y le respondo su abrazo, dándole fuerzas para luchar por su sueño.   -Gracias, esperare escondida aquí que llegue mi novio, juntos saldremos de la cuidad, y comenzaremos una nueva vida.- realmente espero que lo logre, me da otro abrazo que respondo con mucha alegría. Salgo del baño, sintiendo que me jalan por un brazo y me pegan contra la pared, en un lugar con nula visibilidad.   -¿Tienes idea de lo que hiciste?- rayos es el ingeniero, su olor me embriaga por completo, y aunque la luz es tenue puedo ver su cara perfecta cerca de mí.   -No sé a qué se refiere, solo acabo de ir al baño- lo dije lo más calmada posible, pero mi corazón no dejaba de agitarse.   -Dime una cosa, ¿Con quién estabas sentada en el autobús?- me dice.   -No sé, casi no conozco a nadie de la empresa- no estoy mintiendo después de todo.   -¿Sabes quiénes son los Robinsón? ¿Sabes lo que pasaría con el proyecto si se enteran que en nuestro autobús su única hija se escapó?   Trago saliva, pues no tengo respuesta para ninguna de sus preguntas, así que insisto en mantener mi ignorancia total.   -Me está asustando su comportamiento, ¡no sé de qué está hablando!- le sostengo la mirada, estoy segura que me desmallare en cualquier momento.   -Los Robinson son los dueños de todas estas tierras. Si, son malas personas, pero si se enteran que tenemos algo que ver con la desaparición de su hija, nos quitaran todos los permisos para el desarrollo del proyecto- su cercanía y sus palabras hacen que mis piernas se conviertan en gelatina.   -No conozco a su hija, no tengo idea de lo que habla, no tiene ningún derecho a venir aquí y tratarme así- digo cobrando fuerza en medio de mis nervios, ya María está casi segura.   -Reconozco tu perseverancia, pero te agradecería, que antes de hacer otra cosa estúpida, ¡pienses en alguien más que en ti misma!, no sé cómo hiciste, la montaste en el bus, la sentaste a tu lado, y si yo no llego a tiempo, gracias a ti, todo el proyecto terminaba en ese instante.   -¡No le permito que me hable así!, y agradecería que me soltara de una buena vez mi brazo, y que deje su bipolaridad para otra persona, usted no me conoce y yo no quiero conocerle-   Me descargo sin pensar en las consecuencias, sin reconocer, que él tiene razón y solo estoy actuando sin pensar. Esto me traerá muchos problemas, lo sé, pero ya no tengo nada que perder.   El me suelta y se va sin decir una sola palabra más. Yo respiro profundamente, y me dirijo al autobús, espero que María tenga mejor suerte que yo. Me monto en el autobús, tomo asiento, esta vez, tengo un asiento vacío a mi lado, y espero que pocas horas para llegar al destino.  
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