Mi vida se ha ido a la mierda en un momento y yo no he hecho nada para que esto pasara. Estoy dentro del coche de los mafiosos más poderosos que conozco, me han llevado con ellos a un gran edificio gris y sombrío de norte de Madrid, donde no se que va a pasar. Empiezo a maldecir el momento en que conocí a Jota, en que me encapriché de él. Sabia que era mala idea, es más joven y tiene malas compañías, pero al principio me hacía sentir tan viva. Pero todo ha empeorado desde que le conozco, por una estúpida fiesta mi amiga se metió en líos y yo voy camino de seguirla.
- Father, ¿vas a explicarme que ha sido todo eso?- Henry hijo me saca de mis pensamientos hablando desde el asiento del copiloto mientras su padre acerca su mano a mi espalda. Con pánico me alejo y me pego a la puerta del automóvil. - Papa. Si ella entra aquí...
- Confío en ella. Podemos entrar.- Henry padre habla cerca de mí mientras el chofer para y todo queda en silencio, roto por mis sollozos. - ¿Podéis dejarnos solos? - El empleado y Henry hijo bajan del coche quedando a solas nosotros dos. Noto el cuerpo de Henry padre acercarse al otro lado del asiento trasero, pero no me muevo de mi posición defensiva, acurrucada sobre mi misma. De repente noto su mano acariciar mi pelo, lo que hace que me tense, pero Henry, de forma muy calmada ha acariciado varias veces mi pelo, y tras un rato, ha bajado y ha pasado su mano por mis hombros. - Carolina. ¿Estás bien? ¿Tienes alguna herida o algún daño? - No me atrevo a mirarle a la cara, pero niego con la cabeza para que me deje en paz y me lleve a casa- Eso que he visto en la nave, ¿ha pasado más veces?
- Así no, tan fuerte nunca.- Contesto despacio y casi susurrando, girando mi cuerpo para mirar a la cara a mi secuestrador. Le suplico que me deje ir con la mirada, pero él solo parece divertirse. Me vuelvo a una posición de defensa, esperando a que todo esto acabe. Me armo de valor y pregunto- ¿Puedo irme ya a casa?
- ¿Quieres irte?- La voz fría de Henry llena el coche, como si en vez de una pregunta fuera un reproche.
- Debo irme, o será peor. - no quería ser tan sincera, pero lo mismo, si digo la verdad, se apiada de mí y me lleva a casa.
- ¿Como que peor? - Toda la suavidad del hombre se pierde cuando pregunta con alarma y me agarra muy fuerte del brazo que tiene más cerca. Una mueca de dolor se me escapa y Henry me suelta al verla.
- Si, peor, Porque cuando Jota llegue a casa... no puedo ni imaginar como se va a poner.
- ¿Vives con él? - Afirmo.- Déjale. Déjale y vente conmigo. - Pero, ¿que quiere de mi este señor?
- Está loco Henry, si lo dejara no tendría ni casa ni trabajo. Y por supuesto no me voy a ir con usted, está casado y su hijo dice que son muy felices. Yo no quiero ser la otra. - Le dejo las cosas tan claras como puedo. Mi relación con Jota no será buena pero, al menos, no soy la otra.
- Eso no es cierto. Yo no soy feliz, he dejado de querer a mi mujer. - ¿En serio se cree que me voy a tragar esa típica mentira?
- Oh, por favor, eso es lo que dicen todos. Si quiere ayudarme, por favor, lléveme a casa y déjenos en paz. Henry sale del coche. En un movimiento que se parece al de su hijo hace un rato contra la cara Jota, estampa su puño contra una tubería del aparcamiento. Es un nivel de violencia al que, por desgracia me he acostumbrado desde que he conocido a Jota y empieza a cansarme.
Salgo del coche sin hacer mucho ruido y trato de seguir los pasos del chofer y de Henry hijo. Llego hasta una puerta muy pesada, la abro. Allí está el ascensor, pero tiene un lector de huellas en vez de botones. Busco unas escaleras para salir, pero no hay nada.
- ¿Tan horrible te parece mi persona que tratas de irte sin decir adiós?- Henry me habla desde la puerta que da al garaje. No la he odio abrirse. Entra y pone su dedo en el lector. La puerta se abre y me da un leve empujón en el final de la espalda, indicando que entre.
- No, yo, solo quiero ir a casa.
- Veamos primero que opciones hay.