Sinceridad- Henry McMana POV

918 Palabras
Carolina tiembla y solloza en el asiento junto a mi. El chofer, tan perplejo como los demás a comenzado a conducir sin más, sus reflejos le han llevado al camino de nuestra oficina. - Father, ¿vas a explicarme que ha sido todo eso?- Henry desde el asiento del copiloto me interroga, tratando de buscar mi mirada a través del espejo del coche. No se que decir, ni yo mismo se que estoy haciendo, así que me giro hacía Carolina. Trato de tocar su espalda para calmarla, pero da un bote en el asiento y se aleja más de mi. Tengo la impresión de que en este preciso momento estoy al borde de un precipicio, sin embargo no me siento mal, es como una liberación. La sensación de cuidar y salvar a esta mujer es lo único que me ha hecho sentir vivo en meses, y hacer contacto visual con ella es más excitante que abrir un buen vino. - Papa.- Henry vuelve a llamar mi atención, hemos llegado a nuestro edificio de oficinas. - Si ella entra aquí...- Parece que no quiere terminar la frase. La acabo yo. - Confío en ella. Podemos entrar.- El que alguien fuera de nuestra organización, familia o negocio sepa donde tenemos nuestras oficinas es ponernos en peligro a todos, pero se que esta mujer no va a hacer nada malo, puedo sentir que tiene un alma limpia y pura. Además, si como empiezo a creer el cabrón de Jota es un puto maltratador, es el único sitio seguro que conozco para ella. El chofer aprieta el código de entrada al garaje y baja al segundo piso. Allí, en la parte trasera, pone la huella sobre un lector y accede a mi zona privada. Carolina no ha parado de sollozar en todo el camino y parece agotada, hecha una bola humana, pegada a la puerta del otro extremo del coche. - ¿Podéis dejarnos solos? - Invito a mi hijo y al chofer a salir del coche. Creo que es mejor que hable a solas con ella. Al fin y al cabo no se nada de ella y la he sacado a rastras de su trabajo y del lado del que es su novio, por muy maltratador que sea. Voy a acercarme de nuevo a ella, pero esta vez lo hago con movimientos suaves, muy muy suaves. Le paso la mano por el pelo y noto que su cuerpo se tensa. No dejo de acariciar su pelo, y bajo hasta sus hombros. Después de unos minutos, por fin, noto que su cuerpo dejar de estar tenso y siento que es el momento de hablar. - Carolina. ¿Estás bien? ¿Tienes alguna herida o algún daño? - No habla, pero niega con la cabeza, aún sin mirarme. - Eso que he visto en la nave, ¿ha pasado más veces? - Parece que eso le ha llegado, porque se vuelve a mi. - Así no, tan fuerte nunca.- Dice la mujer muy bajito y muy despacio. Justo cuando dice la última palabra sus ojos se clavan en los míos y siento que algo dentro de mi se rompe, cae al infinito y se vuelve a recomponer al instante. Carolina parece que nota que me ha atravesado un rayo con sus ojos, baja la mirada y se hace un nudo con sus propios brazos. - ¿Puedo irme ya a casa? - Sus palabras me atraviesan el corazón. Ella no quiere estar aquí conmigo y yo es lo único que he deseado desde que la he visto esta mañana. - ¿Quieres irte?- Me arriesgo a que me rompa el corazón cuando me diga que se va con ese cabrón, que está enamorada de él. - Debo irme, o será peor. - Esa respuesta no la esperaba. - ¿Como que peor? - Sin darme cuenta la agarro el brazo un poco más fuerte de lo que quería y me suelta de un giro brusco. - Si, peor, Porque cuando Jota llegue a casa... no puedo ni imaginar como se va a poner. - ¿Vives con él? - Carolina afirma y veo que toda esta mierda es más complicada de lo que en un principio parecía. - Déjale.- No soporto imaginarla con él. Ella abre mucho los ojos. - Déjale y vente conmigo. - Me he vuelto loco, pero me siento un loco genial. - Está loco Henry, si lo dejara no tendría ni casa ni trabajo. Y por supuesto no me voy a ir con usted, está casado y su hijo dice que son muy felices. Yo no quiero ser la otra. - Maldito hijo mio, porque se habrá metido en donde no le llaman. - Eso no es cierto. Yo no soy feliz, he dejado de querer a mi mujer. - Lo digo por primera vez en voz alta. - Oh, por favor, eso es lo que dicen todos. - Carolina lanza un manotazo al aire, como si se hubiera topado con muchos hombres casado diciendo esto. - Si quiere ayudarme, por favor, lléveme a casa y déjenos en paz. - Eso no va pasar.- La ira me llena, me está rechazando. He sido sincero y me ha tratado como si fuera otro hombre más que busca sexo fuera del matrimonio. Salgo del coche, lleno de rabia y lanzo el famoso derechazo McMana a un tubo de PVC de la pared, que se rompe en mil pedazos. Acabo de cometer un error, Carolina me mira horrorizada desde dentro del coche.
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