Se desata el infierno. Carolina Navarro POV

1036 Palabras
En el mismo momento en el que salimos del hotel de la reunión con el Irlandés mi relación con Jota se complicó. No entiendo porque me saca a relucir cada cierto tiempo que el Irlandés notó que yo estaba en esa reunión. Hace meses que me hace sentir mal por mi simple existencia. Hace unas semanas me enteré que Raquel había venido a vivir cerca y quedé con mis amigas por si podíamos visitarla. Bueno, pues por esa simple salida me gritó y me reprochó que a saber cuantas veces habría salido y quedado y a saber que hacía y no se cuantas barbaridades más. El ambiente se tensó tanto que dejé de dar mis clases y comencé a trabajar en su negocio para que viera que no salia, ni hacía nada raro en horas de trabajo, más que trabajar. Pero trabajar con él está siendo duro, pretende que controle el stock del almacén y a la vez haga de su secretaría, además de recibir la mercancía y las visitas, sobre todo Henry McMana Junior, que suele venir cada quince días para confirmar las fechas de fiestas y comentar los detalles de cada una. Es un hombre agradable, no es muy simpático, pero no me trata con desprecio, como otros “socios” de Jota. Siempre que le miro a los ojos recuerdo los de su padre, pero al mismo tiempo agradezco que no hayamos vuelto a tratar con él, porque es desde que le conocimos que mi vida se ha convertido en un infierno. Odio cuando tengo que hacer inventario tras unos días de fiesta, los empleados de Jota me toman por el p**o del sereno y no me hacen caso en las ubicaciones que les doy para colocar las entradas de mercancía. Luego, cuando mando a coger material no está donde debería y Jota me monta cada pollo que en alguna ocasión he tenido que irme al baño a llorar. No me apoya delante de ellos y hacen igual que él, no tengo autoridad ninguna. Llevo desde las cinco de la mañana haciendo inventario total y estoy realmente agotada. A media mañana, mientras termino las estanterías de alcohol cerca del portón de la nave escucho la voz de Henry. Termino de contar y apuntar y me doy la vuelta con una sonrisa, pues voy a poder descansar unos minutos. Henry, con su fuerza de juventud y recién llegado entra en la nave, pero viene con alguien. Cuando me fijo en la figura, tan alto como él, compruebo que es su padre y noto una nube negra sobre mí. No me hace gracia tener ese hombre por allí. Con él empezó todo esto. Trato de ser educada. - Oh, buenos días, señores McMana.- Henry hijo me sonríe como saludo y trato de no mirar a su padre. - Buenos días Carolina. - El padre llama mi atención. Recuerda mi nombre y lo pronuncia como si fuera una oración. Dejo mis cosas en una estantería para volver en cuanto pueda a mi conteo y me preparo para acompañar a los dos hombres. -Acompáñenme, por favor. Voy a avisar a Jota. - Me siguen por la nave y noto sus susurros. - No imaginé que fuera este tu tipo. - Henry hijo lo dice tan alto que parece querer llamar mi atención, por lo que me doy la vuelta para ver de que hablan los dos, pero solo veo al hijo mirar a su padre y a Henry padre mirar la zona donde tenemos almacenados los tequilas. - Siempre es bueno probar cosas nuevas. - El padre, aunque parece mirar las botellas, me mira por el rabillo del ojo y hace que un escalofrío me recorra la espalda, por lo que me pongo en guardia justo antes de tocar a la puerta del despacho del Jota, al que ya hemos llegado. Esperamos un par de minutos, supongo que Jota estará contando su preciado dinero, y nos deja pasar. Entro acompañando a los hombres y en cuanto puedo me escabullo del despacho para seguir con mi inventario. De vuelta a mi conteo no me concentro. Me siento rara. No dejo de pensar en la mirada del Señor McMana y mis estúpidos pensamientos recuerdan la frase sobre probar cosas nuevas y por un segundo deseo que lo hubiera dicho por mí. Que tontería. Vuelvo a contar las cajas de cerveza y apunto en el cuaderno. Estoy a punto de comenzar el conteo de una nueva estantería cuando veo venir a Jota con los dos Irlandeses. Trato de ignorar lo que sucede, pero según salen los dos, Jota cierra el portón y se viene hacía mi con cara de malas pulgas. ¿Que coño te crees que estas haciendo? - Jota me grita mientras mueve de forma violenta sus brazos por lo que dejo caer mi boli y mi cuaderno y me encojo para que le sea más difícil alcanzarme. - ¿ Crees que no me doy cuenta como miras a ese viejo? ¿Te atreves a traicionarme en mi propia casa? - Jota sube más el tono y siento tanto miedo que me paralizo. La puerta pequeña de la nave se abre de golpe y por unos segundos no pasa nada, pero es lo suficiente para que Jota comience a acercarse más a mi con malas intenciones. Tantas que sus manos aprietan mis brazos con fuerza y comienza a zarandearme. No se como lo dos irlandeses están dentro de la nave y Henry padre a separado a Jota de mi. No sé que está pasando y solo acierto a decirle al padre que me deje para que no empeore las cosas. Los tres hombres se mueven y hablan, pero no entiendo nada. No me quiero mover, pero Henry padre me da un fuerte tirón, me saca de la nave y me mete en un coche que está aparcado en la puerta, con un chofer mirándome con ojos como plato desde el asiento del conductor. Esa mirada me hace reaccionar y comienzo a llorar y tratar de bajar del coche, pero no puedo abrir la puerta. De repente la puerta se abre y Henry padre se sienta a mi lado, mientras Henry hijo lo hace en le asiento del copiloto.
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