Estoy tan enfadado conmigo mismo por el puñetazo que acabo de dar a la pared que no me he dado cuenta que Carolina ha bajado del coche y se ha dirigido al ascensor. Creo que piensa que no la he visto y estoy me anima. Me empiezo a sentir como un tigre acechando a un conejito blanco. La dejo en el habitáculo del ascensor, no tiene salida posible si no es la misma puerta por la que ha entrado.
Camino despacio y abro la puerta, la veo desespera mirar a las paredes.
- ¿Tan horrible te parece mi persona que tratas de irte sin decir adiós?- Me siento muy animado de repente y llamo al ascensor desde el sensor dactilar. Estaba en la planta y se abra al instante, así que aprovecho para tocar el cuerpo de Carolina, haciendo que entre en el ascensor. Parece que está más tranquila pues ha dejado de temblar y no ha tenido mala reacción cuando la he tocado.
- No, yo, solo quiero ir a casa. - Por fin reacciona y me contesta a la pregunta que hice al entrar al vestíbulo del ascensor.
- Veamos primero que opciones hay.- Creo que me estoy relamiendo al verla a mi lado, tan cerca que puedo sentir su respiración y oler el aroma que me llega desde su pelo. No se si son imaginaciones mías pero noto el calor subiendo en el ascensor, me encantaría pasar mi brazo por sus hombros y tratar de besar a la mujer que tengo a mi lado, pero tengo que cortarme. Entiendo que está viviendo un momento muy duro y no voy a hacer nada para incomodarla. El ascensor llega a la planta de los despachos y la puerta se abre. La secretaria que está en la recepción de la planta me mira esperando instrucciones. Le hago un gesto con la mano y parece que lo ha entendido. Se levanta rápidamente y va hacía el despacho que solía ocupar. Abre la puerta y enciende las luces justo antes de que llegue tirando de la mano de Carolina.
- Gracias Susana. ¿Está lleno en minibar y la nevera?- La mujer es muy eficiente, pero hace mucho que no vengo y no se como están las cosas.
- Si señor McMana, solo falta agua en la nevera. Ahora mismo mando rellenar. - Recuerdo cuando la contraté hace unos años, me encantó su profesionalidad y su formas tan correctas. No me he arrepentido pues mis hijos la han mantenido en el puesto al ver su forma de trabajar.
- Si, por favor. ¿Mi hijo Henry está por aquí?- Veo a Carolina sentarse en el gran sofá del despacho y yo miro el pasillo por si aparece mi hijo.
- No señor, me ha dicho que bajaba a la cafetería del edificio, le acompañaba su otro hijo. - La miro, pues se que si me ha dado esa información es por algo en concreto, pero en este momento no tengo la mente para descifrarlo.
- Cuando llegue el agua pasa sin llamar, por favor. Creo que la voy a necesitar. - Si señor. - Susana afirma, cerrando la puerta tras de sí y yo entro a mi despacho. No se muy bien que hacer. En un primer momento, y por costumbre, me voy hacía mi escritorio, pero algo en mi interior me dice que pare. Me volteo y veo a Carolina, sentada en mi sofá y no está hecha una bola, como estaba en el coche. Parece más tranquila y me mira con los ojos muy abiertos.
- ¿Donde estamos? - Parece calmada y me pregunta con un tono distinto al que la ha hecho desde que salimos de la nave de Jota.
- No te lo puedo decir. - Creo que el instinto de tigre me vuelve. En parte no le puedo decir donde estamos, pero se lo he dicho para jugar con ella.
- ¿Me puede llevar ya a casa señor McMana? - No me esperaba la pregunta. Las ganas de juego se han esfumado en un segundo y noto que me vuelve el enfado, pero esta vez voy a estar calmado. Me acerco al sofá y decido sentarme cerca de Carolina. Apoyo mi brazo en el reposabrazos y la miro fijamente. Parece que le da vergüenza y parece incomodarse. Se acomoda en su asiento y estira su espalda. En ese preciso momento Susan abre la puerta del despacho.
- Permiso.- Entra, como la he ordenado y veo que trae un jarón con flores que deja sobre la mesa del despacho. Con ella entra una chica joven vestida con delantal que deja una caja de bombones sobre la mesa de café y pone varias botellas de agua en la mini nevera del despacho. Susana se queda en pie junto a la puerta esperando a que la chica termine. En cuanto acaba sale y Susana me hace un gesto afirmativo con la cabeza justo antes de desaparecer otra vez por la puerta, que queda cerrada. Entiendo que no me molestará más y me doy cuenta lo buena que es en su trabajo, hace mucho que cobra lo mismo, quizás es hora de subirle el sueldo.
- ¿Podemos irnos ya?- Carolina insiste, pero esta vez no me enfado. No se porque intuyo que realmente no quiere irse.
- No.- Solo espero que mi instinto no me falle.