Tiempo de estrategia - Henry McMana POV

886 Palabras
No se cuanto tiempo llevo sentado detrás de mi escritorio. He fingido trabajar en unos papeles que tenía encima de la mesa, que realmente son publicidad de los restaurantes de la zona. Supongo que Susana los ha ido dejando aquí, sabiendo que si algún día volvía sería de paso y los podría necesitar. Carolina a estado sentada en todo momento en el mismo sitio desde que hemos llegado, pero su actitud ha ido cambiando según pasaban las horas. Al principio estaba sentada muy recta y movía las piernas de forma nerviosa mientras usaba la botellas de agua como escudo imaginario, bebiendo sorbitos y agarrándola fuertemente con las manos a la altura de su pecho. Parece que se ha ido tranquilizando y su lenguaje corporal ha cambiado. Está apoyada en el respaldo del sillón. Con las piernas relajas, la botella de agua apoyada en el asiento de su lado y la veo pasar su vista por todos y cada uno de los objetos y las fotos que tengo en el despacho. Creo que es el momento de hablar. Sin apartar los ojos de la publicidad de mi mesa me decido a someter a Carolina al tercer grado que necesito. - Em, Carolina, ¿quieres algo más de beber o de comer?- Casi se levanta con el respingo que da en el asiento. - No gracias, pero necesitaría ir al baño. - Subo la mirada y la pillo mirando, pero baja la mirada en cuanto nota que nos las cruzamos. Me pongo en pie y me dirijo hacía ella, que se pone en pie y se dirige a la puerta. Abre la puerta tan rápido que no me tiempo a abrir yo y mostrar mi caballerosidad con ella. Salgo detrás de ella y se vuelve. - No, por favor. Solo indíqueme donde está Señor McMana, puedo ir sola. No quiero robarle más de su valioso tiempo.- - Por favor, deja la formalidad y tutéame.- Necesito empezar a estrechar el lazo con ella y si sigue siendo tan formal me va a costar un mundo. - Prefiero que no, Jota podría enfadarse si me oye tutearle. Estoy a punto de contestar cuando Susana llega, sale del despacho de Henry y nos ve. - Señor, su hijo quiere que pase a verle, yo puedo acompañar a la señorita donde me diga. - Solo quiero ir al baño. - Dice Carolina intentando huir de nosotros. Le hago un gesto con la cabeza a la secretaría y las dejo camino del aseos mientras yo entro al despacho de mi hijo. - Padre, tenemos que hablar.- Me extraña que use ese tono y me hable en castellano, pero me pica la curiosidad saber que tiene que decir mi hijo mayor. - ¿Me puedes explicar que es lo que está pasando aquí? - El tono de Henry trata de imitar el mio cuando les regañaba por sacar malas notas. Trato de no reír, quiero ver hasta donde llega el mocoso. Parece que se va irritando con mi cara de guasa. -No tiene la mínima gracia. No se que tienes con esa mujer, pero te digo, a mi madre no la vas a tratar como si no valiese y.. – Deja de decir gilipolleces Henry, hace meses que tu madre y yo ni nos miramos a la cara. Cuando conocí a Carolina traté de olvidarla y volver a conectar con tu madre ¿y sabes que paso?- Henry me mira como cuando tenía doce años y suspendía lengua. Niega con la cabeza. - Pues pasó que me di cuenta que tu madre ha cambiado tanto que ni la reconozco y que me creo que me estoy sintiendo algo que nunca he sentido por nadie por esa mujer a la que tu estabas tratando de menos preciar. Además, antes ¿no te caía bien? ¿Que ha cambiado? - Ha cambiado que va a ser la razón por la que mi padre le ponga los cuernos a mi madre. - Le lanzo una mirada asesina, tal como lo habría hecho a un total desconocido. Él se da cuenta y traba saliva. - Mira mocoso, para empezar, me voy a separar de tu madre mañana mismo, y con Carolina no pasará nada hasta que el divorcio sea efectivo y ella quiera aceptarme como su pareja.- De repente noto un sonido a mi espalda y los ojos de Henry fijos en la puerta. Allí están Susana y Carolina. La primera parece no haber oído mis palabras, toda una profesional que se da la vuelta y cierra la puerta tras de sí dejando dentro a Carolina que me mira con desprecio. - Nunca, jamas, voy a ser la razón para que un matrimonio se rompa, y menos dejar a Jota por una persona que no conozco y que, sinceramente, me da miedo. - Las palabras de Carolina me parten el corazón por un minuto. Justo el tiempo en que analizo sus palabras y me doy cuenta que las razones que ha dado para no darme una oportunidad es por terceros. Eso me lleva a levantar mis labios en una media sonrisa. Mi hijo lo nota y creo que piensa que estoy loco, pero mi cabeza acaba de trazar un prefecto plan de choque contra le muro de Carolina. Estará a mi lado en cuatro meses, cinco como mucho.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR