La subida en el ascensor es algo incomoda, Henry está demasiado cerca y me da miedo hasta respirar. No se cuantas plantas ascendemos, pero me parece que hemos tardado una eternidad cuando, por fin, la puerta se abre y una mujer alta y con curvas vestida en un sobrio traje n***o se levanta de un escritorio respondiendo a un gesto de Henry. La seguimos por los pasillos y abre una puerta, por la que desaparece. A Henry le debe parecer que ando demasiado despacio porque a mitad del pasillo agarra mi mano y tira de mi en dirección de la puerta por la que ha desaparecido la mujer.
- Gracias Susana. ¿Está lleno en minibar y la nevera?- Henry ni siquiera mira a la mujer que se mueve por la sala colocando cosas, como si hubiera llegado una visita inesperada.
- Si señor McMana, solo falta agua en la nevera. Ahora mismo mando rellenar. - La mujer me mira y lanza un leve sonrisa junto a un gesto con la cabeza. Parece que entiende la situación en la que estoy me alegra notar alguien amable que me comprende, me hace sentir un poco mejor y sigo su mirada, que me descubre un sofá pegado a la pared. Me siento, acurrucada sobre mi misma y espero a ver que pasará ahora.
- Si, por favor. ¿Mi hijo Henry está por aquí?- Henry parece que busca a su hijo fuera de la sala, que parece un despacho. Su despacho.
- No señor, me ha dicho que bajaba a la cafetería del edificio, le acompañaba su otro hijo. - Es la primera vez que veo a Henry mirar a la mujer, que parece llamarse Susana, pero lo que veo en su mirada es incertidumbre.
- Cuando llegue el agua pasa sin llamar, por favor. Creo que la voy a necesitar. - Susana ya está saliendo del despacho cuando contesta.
- Si señor. - Es lo último que oigo a la mujer antes de cerrar la puerta, dejándome a solas con Henry en ese despacho. Él camina hacía el gran escritorio del otro lado de la habitación, pero se da la vuelta y me pilla mirando, haciendo que sus ojos choquen con mi mirada.
- ¿Donde estamos? - Me asombro a mi misma cuando consigo hablar con calma.
- No te lo puedo decir. - Sus ojos brillan al mirarme a los ojos. Parece que todo lo que le rodea es sexy y peligroso, distinto al peligro que noto con Jota, que solo me produce miedo.
- ¿Me puede llevar ya a casa señor McMana? - Necesito salir de aquí, mi mente ya me está jugando malas pasadas, pero justo cuando necesito que se mantenga alejado se acerca al sofá y se sienta muy cerca. De un modo elegante apoya su brazo en el sofá y me lanza una mirada que parece decir que aquí manda él. Pensamientos obscenos pasan por mi mente y noto el calor subir a mi cara, así que trato de mantener mi dignidad estirando mi espalda. Susana entra, haciendo que recupere un poco de mi dignidad.
- Permiso.- Junto a ella entra otra persona, ambas comienzan a zascandilear por el despacho. No me fijo muy bien que hacen, pero cuando salen hay flores en el escritorio de Henry, bombones en la mesita de café y una botella de agua delante de mi. Susana se queda en pie junto a la puerta esperando a que la otra chica termine, y en cuanto salen Susana vuelve a hacer un gesto con la cabeza, pero esta vez está mirando a Henry.
- ¿Podemos irnos ya?- Tengo que salir de aquí. No entiendo lo que está pasando. O quizás sí, por eso siento que tengo que salir corriendo.
- No.- ¿Por que acabo de sentir alivio con su repuesta? Suspiro aliviada cuando Henry se levanta de mi lado y se sienta en su escritorio, donde tienes unos documentos con los que se pone a trabajar. No me atrevo a moverme del sitio, pero si que he podido ir viendo lo que tiene este hombre en el despacho. No se cuanto tiempo a pasado, pero no me molesta estar aquí, por alguna razón que no entiendo me siento bien aquí, como si nada pudiera hacerme daño mientras me mantenga quieta y sentada, aunque he cometido el error de tomarme la botella de agua entera y ahora comienzo a sentir sus consecuencias.