- Em, Carolina, ¿quieres algo más de beber o de comer?- El corazón me da un vuelco cuando Henry me habla, sin esperar que lo hiciera, haciendo que lo mire sorprendida.
-No gracias, pero necesitaría ir al baño. - Muero de vergüenza con la petición, más cuando Henry me ha pillado mirando su perfecto rostro. ¿Pero que mierda estoy pensando? Henry comienza a dirigirse hacía mi y entro en pánico. Me pongo en pie y no dejo que me alcance. Abro la puerta y salgo, creyendo que no me va a seguir, pero me doy la vuelta y aquí lo tengo, justo detrás de mi.
- No, por favor. Solo indíqueme donde está Señor McMana, puedo ir sola. No quiero robarle más de su valioso tiempo.
- Por favor, deja la formalidad y tutéame.- Henry acorta la distancia conmigo y el olor de su colonia me sube desde la punta de la nariz por las fosas nasales hasta el centro de mi cerebro. Casi me pierdo en sus ojos cerúleos.
- Prefiero que no, Jota podría enfadarse si me oye tutearle.- Susana sale por una puerta y nos aborda.
- Señor, su hijo quiere que pase a verle, yo puedo acompañar a la señorita donde me diga.
- Solo quiero ir al baño. - Apremio. Susana me indica por donde debo ir y la sigo.
El largo pasillo por el que me lleva la secretaría parece pintando recientemente. Ella, a pesar de mantenerse sería, está siendo muy amable conmigo.
- Es por aquí, señorita...
- Carolina- Digo. Susana me abre la puerta y dentro aprecio un baño, más que un baño de oficina, parece un baño de una casa. Entramos ambas y mientras yo voy a usar el inodoro, Susana se queda en la zona del lavabo, donde escucho que abre el grifo tras lo que parece ser un cepillo de dientes eléctrico. Cuando salgo está retocándose el lápiz de labios. Me acerco a ella y limpio mis manos. Me ve mirar el tocador, que está completamente equipado y me extraño. Susana se percata de mi extrañeza.
- Soy la única mujer que suele estar por aquí, así que, como es el baño de mujeres lo tengo preparado para mi uso.- Me señala el maquillaje, las cremas, jabones, cepillos, quitamanchas y productos de higiene femenina. - Tengo por aquí cepillos de dientes desechables, ¿necesitas uno?
- No, no he comido nada. ¿Que hora es?- Me doy cuenta que ella ha debido salir a comer, por eso se ha limpiado los dientes.
- Son las cuatro. ¿No han comido el señor y usted? - Niego con la cabeza y me muevo hacía la salida. Susana me sigue y volvemos por el pasillo por el que hemos llegado.
- Carolina, voy a llamar a la cafetería del edifico para que nos prepare algo de picar. - Susana se sienta detrás de su escritorio y yo miro por la ventana que tiene a su espalda. No consigo localizar donde estamos. Hay árboles altos, pero también edificios.
- ¿Ya terminaste?- Henry me sorprende mirando por la ventana. Su hijo camina tras él.
- Si, ¿me puede llevar ya a casa?- Miro a Henry padre, que no dice nada. Henry hijo se posiciona delante de Susana y habla tan bajito que no puedo escuchar que dicen.
- Dad, Susana os ha pedido algo de comer, ¿lo suben? - Henry afirma y tira de mi brazo de vuelta a su despacho. Noto que Henry hijo me mira mientras habla con la secretaria, pero no puedo descifrar su mirada. Entramos y Henry me sienta en su silla, tras el escritorio.
- ¿Tienes hambre? - Henry se sienta en el el marco de la ventana.
- Un poco. - La verdad es que, desde que se la hora que es, parece que mi cuerpo ha reaccionado y me muero de hambre. Susana abre la puerta y la chica de antes entra con un carrito de varios pisos llenos de platos, vasos, comida y bebida, que va colocando sobre el mantel que ha extendido en el escritorio. Todo parece delicioso. Tras irse las mujeres, Henry toma una silla del otro lado del escritorio y se sienta al mismo lado que yo, pero no está cerca. Con un gesto entiendo que puedo comenzar a comer. Hay unos pequeños bocadillos de salmón y queso crema adornada con cebollino, el pan de tomate que lo cubre le hace tener un sabor asombroso. Es una comida maravillosa. No hay alcohol, así que tomo una coca cola. No me he dado cuenta que Henry apenas come, aunque si degusta una cerveza sin alcohol. Hay una magnifica tortilla de verduras que pongo sobre una tostada de pan payes, estoy a punto de darle un bocado cuando noto la mirada de Henry. Es un poco incomodo, así que dejo el bocado en el plato para cortarlo en trozos más pequeños.
- No, por favor. Sigue comiendo tranquila, como hasta ahora. - La voz de Henry tiene un tono más ronco y seco, me hace sentir extraña. Él extiende su mano y toma del plato mi improvisada tosta llevándola a mi boca, que abro por puro instinto. Esto se siente un poco raro.