Constanza, entra a la habitación de las flores, llevándose una sorpresa inesperada; la habitación está vacía, no hay nadie, ni las hadas danzarinas, ni el cuerpo inerte de Denisse, ni la camita, ni las flores, nada. En realidad, era como si la habitación, nunca hubo estado habitada por ningún ser, ni mágico ni terrenal. Las paredes, permanecían agrietadas, con el esmalte desconchado, la colcha roja; era marrón, pero estaba arrumada a un rincón, cubierta de polvo, había una silla, recostada de la pared, a la que le faltaba un extremo, todo estaba diferente, y, ella, asombrada por lo que sus ojos veían, no sabía cómo actuar, como decirle a Agatha que, allí no había nadie. Daba vueltas por todo el lugar, buscando alguna evidencia de lo que ocurrió durante su ausencia, pasando los dedos por la

