Stephen se tuvo que marchar a Kansas city al siguiente día. Pero prometió venir a visitarlos cuando tuviera tiempo en su agotada agenda, quería estar presente en el primer eco de su hermana, por nada del mundo iba a perderse ese momento tan especial. Aunque Sahara trató de no llorar al ver marchar a su hermano, sus lágrimas la traicionaron, pues rompió en llanto. —Son las hormonas, últimamente estoy sensible y llorona —le explicó a Kaleb que la miraba con ternura. —No me gusta verte así, cariño —dijo él secándole las mejillas—. ¿Qué te gustaría hacer hoy? —Eh, no lo sé, supongo que dormir —se encogió de hombros—. ¿Por qué? —¿Qué te parece si tenemos una cita? —la joven alzó las cejas en sorpresa—. Así despejarás tu mente y te sentirás mejor. —Pero debía ordenar uno documentos de la e

