(Bastián) Abrí los ojos sin ganas. Se sentía tan bien estar así, abrazado a Almendra, hundido en ese cojín gigante que nos cobijaba como si nos abrazara. ―¿Cómo dormiste? ―me preguntó. ―Como hace mucho no dormía, ¿y tú? ―Bien. Muy bien. Me voy a bañar. ―¿Te acompaño? ―Si quieres... Se salió del confortable almohadón y yo, sin ganas de salirme, aunque sí de estar con ella, la seguí. Después del desayuno, nos dirigimos a la clínica. Nos dejaron entrar de inmediato, la familia ya se encontraba allí y Gustavo estaba sin la sonda que lo alimentaba. ―Vaya, sí que estás bien, amigo, pensé que estarías peor. ―Ya ves, soy más porfiado que la muerte. ―¡Hijo! ―reprendió la mamá. ―Perdón, perdón, mamita, ya sé que no te gusta que bromeemos con esas cosas. ―Con eso no se juega,

