(Almendra) Debo admitir que me sentí mal, él tenía un lugar para tener mejor a su gente y yo solo quería un campo con flores. No es que no fuera importante, para mí lo era, pero es que él ya había instalado todo allí, incluso, ya lo había inaugurado y yo, en cambio, ni la casita la tenía ya. Quizá todos tenían razón y este juego de poder iba a terminar muy mal, sobre todo para mí. Tomé aire y reaccioné de que me había quedado pegada... Otra vez. ―Disculpa ―le dije. ―No te preocupes, ¿en qué pensabas? Volví a suspirar. ―¿Qué pasa, Almendra? ―Es que... Hoy podría estar muerta. ―No pienses en eso ―rogó con dolor―, en realidad esos hombres no tenían la intención de hacerlo, solo querían asustarte. ―Ya, pero es que imagina, todo lo que ha pasado entre los dos y... ―Estamos

