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1165 Palabras
No sabía que estaba pasando, pero nuevamente el aroma a pino inundaba todo su interior y su cuerpo, no sabía que estaba pasando, pero ese aroma tan característico estaba siendo casi una necesidad, quería estar siempre junto a él. El movimiento de un cuerpo estaba despertandola de su trance, hacia frio, pero aquel pecho estaba tan cálido y olía tan bien, que le era irresistible el acurrucarse con él. Intento subir la mirada, sin embargo, su vista borrosa le impidió ver con claridad el rostro de su salvador. El sol de mañana llego directamente a su rostro haciendo que sus ojos se abrieran lentamente, miro a su al rededor y se dio cuenta de que estaba en su habitación, intento recordar que era lo que había pasado, solo vio a aquel lobo y al parecer ataco sin razón, toco su nuca y sintió que había una venda envolviendo lo que seguramente fue una herida, miro su muñeca y noto otra venda, seguramente aquel lobo mordió su brazo y la fuerza fue tal que la derribo. La mesa de noche a un lado tenía un ramo de flores rojo brillante y un libro con una pequeña nota. "Hoy Doran fue quien me llevo a clases, me hubiera gustado que fueses tú la verdad, en fin, te deje un libro ya que por lo visto te gusta leer, lo saque de la habitación de mi hermano, espero te guste, es corto porque si fuera más largo te aburrirías, mejórate y hoy debemos hacer esas galletas si o si" No era necesario ver quien la había firmado, obviamente Raiven fue quien dejo aquel regalo, sin embargo, de las rosas no había detalle alguno. Tomo el libro en sus manos y comenzó su lectura, claramente era de cocina y sobre ideas navideñas, al parecer el pequeño estaba muy emocionado por la futura navidad, eso generaba una alegría inmensa en Magnolia. Mientras sacaba ideas de recetas y demás el tiempo paso rápido, decidió bajar al escuchar a Camille conversar con alguien, era una voz de una mujer que no reconocía, así que decidió ir a investigar. Al llegar al primer piso vio como Camille sostenía una taza de té entre sus manos y le entregaba a otra a una mujer delgada y de cabellos rojizos, no fue necesario la presentación, sabía que se trataba de la madre de los hermanos. - Ah, querida Magnolia al fin despiertas, no quiero recordar que mencione que no salieras sola, y menos de noche, pero bueno, las mujeres somos tercas, te presento a Diana, llego de su viaje esta mañana y quería conocerte- - un gusto Señora Diana, y la verdad, lamento que tenga que verme en estas condiciones- - No te preocupes, lamento que nuestra ciudad te reciba de esa manera, lastimosamente fuiste la desafortunada, pero como notaste, los lobos nos están infestando estos últimos días. Camille comento que ya estás trabajando con los animales y te lo agradezco un monto, por ahora será mejor que descanses, no asistirás a clases hoy, ya hablé con el rector y entiendo perfectamente- Al contrario de Draven, Diana era toda una mujer de carácter fuerte, imponía un respeto que rozaba la fina línea del miedo, seguramente era ella quien se encargaba de los negocios extranjeros ya que era la más indicada. Una mujer ejemplar pensó Magnolia, se notaba que no se dejaba llevar por nada ni nadie. - lamento tener que irme, como veras Magnolia los Collin nunca descansan, con Camille tenemos unos asuntos pendientes, así que iremos a la gran ciudad por unos días, serás la única dueña de casa, ¿puedo confiar en ti verdad? mantener a estos animales a salvo no es tarea fácil, y no estoy hablando de las cabras- menciono Diana mientras tomaba un sorbo de la taza de té que le había entregado Camille hace un rato. - claro que podre, según entiendo, la debilidad de un hombre siempre será una muer- sonrió en tono de burla. - me gusta esta chica- Diana miro en dirección a Camille dando a entender su aprobación. Ambas mujeres arreglaron sus bolsos y subieron al automóvil tras de Doran. La casa se sentía en extremo silencio, así que decidió prender la radio, no sabía el hecho de la exageración del asunto de ayer, sabía que ser atacada por un lobo no era lo más normal pero tampoco era algo del otro mundo. Se acomodo junto la chimenea y termino de revisar aquel libro que Raiven le había conseguido, mientras prestaba la mitad de la atención el libro y la otra en la radio, el libro dejo de ser interesante al momento de que en la radio sonó la voz del señor Draven. " Sabemos que estos atentados han afectado la producción de la empresa Collin, pero los lobos son de esta zona, ellos llegaron aquí primero que nosotros, así que no realizaremos alguna maniobra agresiva contra ellos. Esperemos que se resguarden y volveremos más fuerte que nunca" Era verdad, debía averiguar más de los ataques de esos lobos y porque de cierta manera estaban ligado con los Collin. Rápidamente se puso de pie y fue ene dirección a la sala, ahí vio los grandes estantes que contenían todos los libros, busco uno por uno algo que tenga que ver con los Collin o Haines, sin embargo, no tuvo suerte. Camino derrotada al sillón donde estaba anteriormente y volvió a sostener en sus manos el libro que Raiven le ofreció, fue ahí cuando una linterna en su cabeza se alumbro. - los libros del cuarto de Sylas- Rápidamente corrió a la habitación y toco la puerta de madera esperando una respuesta, claramente no hubo ninguna, así que decidió entrar lentamente. El aroma a pino nuevamente vino a ella, ¿fue Sylas quien la r4escato en la noche?, era probable, la habitación tenía un aroma muy fuerte a pino, ¿pero porque la necesidad de estar cerca de ese tibio pecho? A lo lejos vio la repisa con los libros que tenía en orden, decidido acercarse y ver que había de bueno. Dejo el libro de recetas donde supuso que iba y tomo otro entre sus delgadas manos. "Amor de medianoche" curioso, el resumen halaba sobre una antigua leyenda de hombres lobo en Haines. El ruido de la puerta abriéndose hizo que de un salto escondiera aquel libro tras de su espalda. - ¿husmeando en habitaciones ajenas? - - lo... lo lamento, yo... Raiven me entrego un libro y vine a dejarlo, solo fue eso- susurro Magnolia desviando la mirada. - No pasa nada- Sylas se acercó a la chica lo suficiente como para que sus respiraciones se mezclaron. - por cierto, gracias por lo de anoche- - ¿que? - - lo de salvarme, y traerme a casa- - ah... eso..., no tienes por qué agradecer- La distancia entre ellos ya no existía, sin darse cuenta, ambos se estaban besando frenéticamente, aunque era un beso con deseo, no dejaba de ser dulce y tierno.
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