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1165 Palabras
Al llegar a casa fue directo a donde se encontraban los animales, cambio su ropa de calle por un delantal blanco y comenzó a revisar uno por uno los animales que quedaron vivos. Este tipo de atentados no era común, al menos en California no lo era, pero se notaba que de alguna manera no era para comer a los animales, era más bien para perjudicar el negocio familiar, esto debe de venir desde fuera, quizás los Sitka podían estar involucrados, enviaban a sus perros o lobos a descuartizar a los animales de los Collin para así bajar su producción, pero eso no tendría sentido, porque los Sitka querrían hacer eso, o porque existiría esta rivalidad tan estúpida, si bien ambos tenían negocios familiares completamente diferentes, no tendría porque afectar. - Sabes, no se mucho de animales, pero no creo que se sientan tan cómodos si es que los miras con esa cara de odio- esa voz masculina familiar la saco de sus pensamientos, y fue ahí cuando se dio cuenta de que aquel aroma a pino fresco inundo sus fosas nasales nuevamente. - no estoy enfadada Sylas, solo, me genera un poco de malestar que traten a estos animales así, las heridas que tenia, solo las hicieron para que su muerte sea más lenta y dolorosa. Cualquier persona sentada simplemente habría enterrado un cuchillo en el corazón- - De hecho mi querida Lía, una persona sensata no habría irrumpido en el hogar de alguien para matar a sus animales solo por que si- - ¿Crees que fueron los Sitka?- Pregunto Magnolia en un tono un tanto dudoso, no sabía si estaba buscando en algún terreno que no debía, pero la reacción de Sylas le dio a entender de que con el si podía relacionarse con este tipo de temas. - No sabría decirte si fueron ellos, eso queremos averiguar, de hecho, tengo una reunión importante hoy en la noche con mi padre, Kayn y los Sitka, tenemos que poner, orden, ya sabes, hacerse respetar- Rodo los ojos mientras acariciaba a una de las cabras que estaba ahí. - ¿Tu abuela no se ent5romete en ese tipo de situaciones? - - Camille es mas de actuar sin razonar, lo cual antes era bastante factible, ya no, debemos mantener una reputación y eso está claro. La ciudad sabe que los Sitka no son nuestros mejores amigos, además, si nosotros sufrimos un atentado, y ellos a la mañana siguiente se despiertan con la noticia de que uno de sus hoteles se quemara por completo, sería un tanto sospechoso- Sylas dirigió su vista a Magnolia, no se había dado cuenta de que realmente era una mujer muy hermosa, sus ojos cambiaron a un intenso color café y su respiración comenzó a acelerarse -.Bueno, será mejor que me marche, Raiven debe estar por llegar aquí, espero que no te moleste cuidarle, nos vemos en la noche Magnolia-. Sin más, Sylas se retiró apresuradamente, como si estuviese huyendo de la situación. Era curioso lo que estaba pasando, y sobre todo llamaba aún mas la atención de Magnolia, quería saber que era lo que realmente estaba ocurriendo. Luego de trabajar con las cabras y evaluar su salud, se dirigió a la casa de los Collin, estaba un poco cansada, pero su tarde aun no terminaba, sabría que tenían un pendiente, más y no quería decepcionar a su pequeño muevo amigo. Fue en dirección a la cocina y comenzó a sacar los materiales necesarios para poder preparar galletas de navidad. Si bien Magnolia nunca tuvo un hermano pequeño, tenía una prima de casi la misma edad de Raiven, estar con él le recordaba un poco a ella, por alguna razón sentía que debía de proteger al muchacho y entregarle un amor familiar distinto al que estaba acostumbrado. - pensé que te habías olvidado de esto- las pequeñas zapatillas de charol resonaron por todo el suelo de la cocina, incluso aviso su llegada antes, cuando bajaba de las escaleras y el ruido del taco golpeaba la madera. - Nunca olvido una promesa, ahora, pensé que tú te había olvidado de nuestro pequeño traro- - No es eso, sentí cuando llegaste, pero cuando olí que Sylas estaba contigo, preferí, ya sabes, darle un tiempo a solas- sonrió en forma de burla mientras se subía sobre la mesa para poder sentarse ahí y dejar sus pies colgando. - Raiven, no digas esas cosas, eres muy pequeño para estar pensando en esas locuras, además, ¿cómo es eso de que oliste a Sylas?- pregunto curiosa mientras tomaba un libro de recetas. - tengo un gran olfato, y unos oídos increíbles, mama dice que los herede de ella, sin embargo, papa dice que es mentira. Pero sinceramente creo que ambos mienten, nunca se ponen de acuerdo- - hum... bueno, el libro de recetas dice que necesitamos jengibre, ¿tienen en casa? - Magnolia pregunto mientras revisaba los muebles que había en la cocina. - creo que no, no es algo que comamos usualmente, quizás necesitamos comprar- - sí, bueno iré a la tienda, no me demorare- Magnolia camino en dirección a su habitación para buscar su bolso y luego poder salir, sin embargo, el pequeño Raiven se paró frente la puerta abriendo ambas piernas y brazos bloqueando el paso. - no puedes ir, Doran fue con los chicos a la reunión con los Sitka, y además ya es muy noche, no tienes permitido salir sin Doran y de noche sola- chillo el menor- - escucha, no me demorare absolutamente nada, la tienda está a unos diez, minutos, llegare y haremos las galletas, no es para tanto- Magnolia aparto al menor con un pequeño beso en la frente, al ver que ya se había calmado deicidio salir. En lo que, si tenía razón Raiven, era que ya estaba muy oscuro, la noche era fresca y el frio calaba los huesos. Decidió ponerse una bufanda antes de salir y comenzar su viaje rápido antes de que la nieve callera. Eran alrededor de las ocho con treinta y el cielo estaba cubierto por unas nubes densas, los copos de nieve comenzaron a caer dando una bella vista a una lluvia blanca. La calle estaba en completo silencio y no había casi nadie, las tiendas estaban cerrando y las luces de ellas ya se estaban apagando. Era momento de apresurar el paso, pero un aullido la hizo parar en seco, era un lobo nuevamente, al aparecer en la zona abundaban, y si bien era veterinaria, jamás en su vida había visto un lobo, y esperaba no hacerlo nunca, al menos no uno salvaje. Sus pisadas quedaban marcadas en la nieve y los pasos e4ran cada vez más cortos, fue ahí cuando miro al frente y se detuvo por completo, porque ahí, justo ahí, un lobo de color café estaba mirándola con sus grandes ojos. Se quedo quieta esperando lo peor, y cuando cerró los ojos y sintió el frio de la nieve en su nuca, perdió la conciencia completamente.
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