UN SEXY ALIADO

1468 Palabras
Miré a los hombres que rodeaban a Rowan mientras me acercaba a ellos. Esbozando una coqueta sonrisa, me alisé el sedoso vestido y les dirigí una pequeña inclinación de cabeza. —¡Ah, esta debe de ser la encantadora Victoria!—, dijo un hombre de pelo rubio claro, casi blanco, mientras me cogía la mano y depositaba un pequeño beso en mis nudillos. —Hemos oído cosas generosas sobre usted— otro hombre bramó como él, en vez de besar mi mano, se inclinó para colocar un pequeño beso coqueto en mi mejilla, —usted realmente es impresionante. No dejé que mi sonrisa flaqueara, a pesar de todo, tenía más que curiosidad por saber qué había dicho Rowan de mí. A juzgar por estos comentarios era exactamente lo que quería. Hablando de una primera impresión. —Veo que Rowan me ha estado ahogando en comentarios—, repliqué mientras miraba a Rowan desde debajo de mis pestañas enviándole una de mis sonrisas de megavatio. —No le culpo—, inquirió el hombre de pelo rubio, casi blanco, mientras me dedicaba una sonrisa deslumbrante. Ah. Qué caras tan bonitas pero qué náuseas por dentro. —¿Has hablado por ahí y has encontrado a alguien que necesite tu ayuda?—. Preguntó Rowan enarcando una ceja mientras daba un ligero sorbo a su champán. Se refería a mi búsqueda de una nueva empresa con la que contar. —Todavía no—, respondí con una leve inclinación de cabeza mientras bajaba la mirada, —aunque—, dije con una pausa fingiendo recordar algo, —hablé con un amigo tuyo. Maxwell creo que era. Rowan se tiró de la corbata mientras asentía pensativo con una sonrisa. —Sí, Max es como un hermano para mí—, afirmó Rowan sin añadir nada más. El hombre más cercano a Rowan se aclaró la garganta y sus ojos encontraron los míos con un brillo extraño. —Señora Silvestre. Lo he pensado y creo que su ayuda para mí sería encantadora—, era el mismo hombre que había afirmado que yo era impresionante. Le sonreí, pero por dentro lo temía. No había puesto en marcha este plan para ser el centro de atención de unos desesperados que querían echar un polvo. Tranquila, Victoria. —¿Sabes qué, Victoria?—, sonrió Rowan mientras lanzaba al hombre una mirada triunfal, —has venido a pedirme ayuda y yo, como hombre generoso que soy; estoy seguro de que podría encontrarte un trabajo bien encajado en mi negocio. —¡Eso sería encantador!— Dije con una amplia sonrisa añadiendo un murciélago extra a mis pestañas. —Pero ya he dicho...— empezó el otro hombre solo para que Rowan levantara la mano para silenciarlo. —George, no quiero problemas—, dijo Rowan con una sonrisa, pero sus ojos eran fríos y amenazadores. El hombre cerró la boca rápidamente y nos hizo un último gesto con la cabeza antes de marcharse. El rubio soltó un silbido bajo: —Menudo espectáculo—, dijo riéndose mientras Rowan le lanzaba una mirada molesta. —Quinton, dime, ¿dónde está tu jefe?—, sonrió Rowan, y era más que obvio que las palabras tenían un doble sentido. El hombre al que ahora conocía como Quinton apretó la mandíbula. Parecía una escena de una película cuando los violines tomaron un ritmo más rápido de fondo mientras continuaban las risas en el local. De repente, la mirada mortal de Quinton desapareció para ser sustituida por una sonrisa de suficiencia. —Oh, ¿te refieres a mi amigo? ¿Alexander? ¿El hombre que es incluso más rico que tú?—. Dijo Quinton divertido mientras los ojos de Rowan se oscurecían. Me bañé mentalmente en gloria cuando Rowan le dedicó a Quinton una sonrisa tensa. Bajé la mirada para ocultar mi sonrisa burlona. ¿Un Rowan sin habla? Oh, ¡la histeria! —Victoria deja que te enseñe algunos de los cuadros famosos, ¿sí?—. Pronunció Rowan al cambiar de tema. Sabía que tenía que aceptar. Mi prioridad era caerle bien. Sin embargo, el tal Alexander despertó mi interés y me propuse investigar sus antecedentes más tarde. —Por supuesto. Rowan me puso la mano en la espalda y apreté la mandíbula para no ponerme roja. Me condujo más allá de la gente vestida de seda y colocó su copa de champán en una bandeja mientras pasaba un camarero. Una vez que entramos en un pasillo abandonado, la música era un suave susurro y la única fuente de luz era la luminiscencia de la luna que brillaba a través de las ventanas de cristal. De repente, la realidad me golpeó con fuerza en las tripas. Me vino un flashback repentino de cuando Rowan y yo éramos novios. Cuando Rowan y Samantha eran novios. A Rowan siempre le gustaban los trucos. Recordé cuando estábamos en la biblioteca del instituto y quiso enseñarme un libro nuevo. Aunque ese era el código para una sesión de besos. Ni se te ocurra. Grité mentalmente. —¿No hay luz aquí?— le pregunté a Rowan mientras lo miraba con una sonrisa. —¿Tienes idea de lo sexy que estás, Victoria?—. Dijo Rowan, en cambio, en un susurro ronco mientras me empujaba contra la pared detrás de mí. Si fuera Samantha habría jadeado y le habría dicho lo inapropiada que era la situación. Pero ahora era Victoria. —Señor Williams, ¿es así como se habla con uno de sus trabajadores?—. Bromeé con una sonrisa burlona mientras me relamía los labios haciéndole sonreír burlonamente. —Menos mal que entonces no empiezas hasta mañana. Y Rowan estampó sus labios contra los míos. Sus labios eran más ásperos de lo que recordaba y él era duro como de costumbre. Hice lo que pude para devolverle el beso. Tenía que estar ansiosa. Tenía que hacerlo creíble. Casi suspiré aliviada cuando sus labios abandonaron los míos para volver a posarse en mi cuello y succionarlos con agresividad. Me alegré de que no pudiera verme la cara. Miré al techo con la mandíbula apretada y las cejas fruncidas mientras rezaba a Dios para que me ayudara. Como si mis plegarias hubieran sido aceptadas, un fuerte golpe y el estruendo de un cristal resonaron por el pasillo haciendo que Rowan gruñera y retrocediera. —Nos vemos mañana—, susurró con una sonrisa burlona y un guiño que le devolví y se marchó. En cuanto lo perdí de vista, solté un suspiro tembloroso. Miré a izquierda y derecha y vi una puerta de salida de incendios hacia la que me dirigí rápidamente. La abrí de un tirón y atravesé el pequeño pasillo de hormigón que me llevaba a la parte trasera del edificio. Cerré la puerta de un portazo y tiré el bolso al suelo con rabia. Me pasé una mano por el pelo y me limpié agresivamente la boca con el brazo. —¡Ese cabrón!— grité mientras intentaba desesperadamente quitarme su sabor de los labios. El sonido de una risita me hizo girar la cabeza hacia la izquierda. Primero apareció una sombra y luego un hombre trajeado. —Casi me engañas—, dijo con otra risita. Cuando salió a la luz de la farola, se me cortó la respiración. Aquel hombre era todo un espectáculo. La Samantha que había en mí chilló cuando el hombre sacudió la cabeza haciendo que su pelo oscuro y desordenado cayera sobre su frente. —¿Puedo ayudarle? —dije recuperándome mientras recogía mi bolso intentando ignorar al atractivo hombre que estaba de pie no muy lejos de mí. —Tal vez puedas—, dijo en un tono bajo y masculino que me hizo flaquear. —Te he estado observando toda la noche y debo decir que eres buena—, dijo con una sonrisa mientras sus labios se inclinaban hacia arriba. —¿Cómo dices? —¡Cómo actuaste con Rowan, por supuesto!— retumbó con otra risita mientras daba varios pasos hacia delante para colocarse frente a mí. —Lo siento. Pero no sé de qué me está hablando—, respondí con una sonrisa mientras miraba al hombre confundido. —¡Ahí está otra vez! ¡Esa sonrisa falsa que le diste a Rowan! Dime, ¿por qué intentas ganarte su confianza? No contesté. —Aunque le odies a muerte a juzgar por tu pequeño arrebato—, dijo el hombre increíblemente atractivo, con una ceja levantada y yo negué con la cabeza. —No sé de qué me estás hablando. ¿Quién eres tú?— pregunté, más que curiosa. El hombre sonrió y me tendió la mano para que se la estrechara. —El hombre que desprecia a Rowan Williams tanto como tú. Alexander Celeste.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR