•Capítulo 40•

4476 Palabras

Las lágrimas de aquella rubia eran incontrolables, la desesperación abrazaba su cuerpo causando aquellos temblores y sin dejar aún lado a la impotencia que carcomía su mente con pensamientos de todo tipo, pero especialmente malos, la mujer pedía que todo acabara, pedía ver a su hijo. —¿qué sucede?— una tercera voz en el lugar hizo que esta limpiara sus lágrimas velozmente, estaba cansada de esperar a su bebé, cansada de no actuar en una situación como esa, ya que su padre... el gran presidente era el responsable, contra una figura así, solo perdería. Miró el reloj en su muñeca ignorando a su hermana la cual estaba desconectada de la situación. —Debo estar con Dax— repitió al abrazar sus rodillas, tener a sus hermanos juzgándola no era de gran ayuda. —Hablaré con padre, seguro lo trae

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