Noto que Eduard pasa todo el viaje de vuelta a casa mirando por el retrovisor hacía el asiento en el que voy sentada. No dice nada y no lleva música puesta. A mi tampoco me apetece escuchar nada, solo pienso en lo que me han dicho las dos mujeres en la reunión en la casita de madera. Eva me ha dado una memoria flash cuando nos hemos despedido y juego con ella en mi mano. No se que es, pero supongo que es importante. No puedo creer que Eva esté de acuerdo con que unas mujeres tengan que someterse a ese tipo de vida, mi mente no lo concibe. Voy tan absorta en mis pensamientos que no me he dado cuenta que ya estamos en la puerta de casa. Los guardias de la puerta enrejada nos saluda y nos dejan pasar. Les devuelvo el saludo y me percato que llevan chalecos antibalas y las armas a la vista.

