Final

2137 Palabras

Regué las flores del patio. Rebeca estaba sentada bajo la sombra del pórtico. Me agaché para alimentar a los peces en el estanque. Encendí las linternas de papel, que colgaban en el santuario de que había edificado para ella. Las seis de la tarde, el ocaso teñía el cielo. Los débiles rayos dorados, pintaban el fondo de amarillo, en ascenso, como el ave que volaba hacia el horizonte, las tonalidades rosadas se fusionaban con el lóbrego azul tenue. Las estrellas rutilaban en el firmamento, una luna sin nombre nadaba como las nubes que la cubrían. Ajusté el sombrero de paja, retiré los guantes y arrejunté las herramientas de jardinería en el cajón de metal. Me senté a un lado de ella, tomé su mano, era como si nunca hubiera muerto. —¿Cuándo me dejarás ir? —preguntó. —Tienes el derecho de

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