El fin de semana transcurrió con… normalidad. Y abstinencia. El viernes después de la Clínica, en cuanto subí a su auto me quedé dormida. Sólo recuerdo que en algún momento me dejó unos minutos en el auto, paró en alguna farmacia a comprar los medicamentos. Y yo, apenas me enteré. Creo que Benjamín fue a dejar a mis amigos. No lo sé. Estaba tan cansada de todo que nuevamente Peter tuvo que ayudarme a desvestirme, ponerme mi pijama y caí rendida. Por supuesto que ni se acercó el sábado para algo más, me obligó a comer algo al desayuno. Sí, obligó. Con movimientos y caricias insinuantes que me hacían ceder, pero nunca pasaron a más. Me dejaba con las ganas y luego se alejaba. Y me dio las pastillitas famosas esas que tendré que tomar de ahora en adelante. Ni mi madre era tan insistente cua

