Si bien el día lunes partió de nuevo con besos en mi cuello y abrazos y toqueteos en zonas bastante comprometedoras, nos habíamos quedado dormidos. Así que corrimos a la ducha. Apenas cabemos juntos, pero tuvimos que hacerlo. El apuro no fue obstáculo para que trataran de darme desayuno a la fuerza, unos huevos revueltos, porque no puedo tomar la pastillita famosa con el estómago vacío, y un POCO de café. Sí, poco. El doctor dijo que tenía que disminuir su consumo, y como es un alimento sagrado para mí, no hay opción de eliminarlo. Por nada del mundo. Tampoco me gustan muchos los huevos pero... hay que hacer concesiones. Yo tomo café y me dan huevos revueltos. Comí algo de mi plato, él ya había terminado el suyo, yo trataba de comer sentada en uno de los taburetes altos de la cocina, mie

