Me despierto de golpe. Maldita maldita pesadilla. La odio. ¿No puedo tener alguna otra pesadilla? De verdad no me enojaría. Sería más normal que tener la misma toda la vida. Miro el reloj de la mesita de noche, son las cinco y treinta de la mañana. Peter duerme boca arriba a mi lado, en el más profundo de sus sueños. Nunca pude preguntar cómo estuvo su día ayer, pero ver a Doris en ese estado me dio una idea. Debe estar muerto de cansancio. Mejor me levanto. Si no, pasaré de largo. Aún en pijama, a oscuras avanzo hacia la cocina. Me aseguro de dejar la puerta cerrada, necesito un café y no quiero que el olor ni la luz lo despierten. Mientras espero que el café filtre, saco el laptop y empiezo a revisar algunas cosas para el día. A la tarde tendré una “nueva revisión” de antecedentes

