Marlo
Un calor recorrió mi cuerpo, yo deseaba tener un hijo con ella, pero ella a escondidas seguía tomando las pastillas anticonceptivas, me mentía, yo deseaba y debía tener un hijo con ella, estaba molesto, incomodo con su mentira, salí del tocador, me senté sobre la cama, sujetaba la agujeta de mi zapato, Sarah se se acerco a mi, yo me levante de la cama, acomodaba mi corbata, ella se acerco nuevamente y dijo:
- Amor- intente abrazarlo, él no se dejo, se alejo de mi, me miro.
- Sarah, llevo seis meses intentando embarazarnos- la mire- y tu no has dejado de tomar las pastillas, decidiste por los dos que no querías hijos- dije molesto, Sali de la habitación, molesto, ella camino tras de mi, yo me detuve coloque mi saco, tomaba mis llaves cuando nuevamente se paro frente a mi, me miro, tomo mi mano y dijo.
- Marlo-Lo mire a los ojos, su rostro, su mirada, reflejaban molestia, incomodidad- dame la oportunidad explicarte por favor- no quería estar molesta con él, el quito su mano, volteo, la mirada, evitándome, tomo las llaves y antes de salir dijo.
- Llegare tarde al trabajo- mi excusa, no quería ir al trabajo debía hacer unos pagos de mi madre, ella debía mantener su nivel de vida, seguir viviendo comodamente y para eso necesito a Sarah, pensé.
- Aquí, en casa no soy tu jefa, soy tu esposa, te lo recuerdo- el se detuvo, se dio vuelta me miro.
- Cierto- me detuve regrese la mirada hacia ella- yo debería ser el jefe del area, pero como eres la niña de papi, el decidio darte mi lugar, ese lugar era para mi yo, he trabajado mucho, muy duro- dije molesto.
- Fue por mérito propio, al igual que tu he trabajado duro- me dolían sus palabras, me dolía darme cuenta que siempre se ha sentido inferior, que su ego no le permite pensar.
- Todo lo que hago, lo que propongo, te parece mal, carajo- a ese nivel de la conversación, estaba molesto, cansado, harto.
- Sabes- lo mire molesta, decepcionada- piensa lo que quieras- di media vuelta, me fui a. la habitación termine de prepararme, debía ir a la oficina, el entro a la recamara.
- ¿Entonces ya me puedo ir jefa?- sarcasmo.
- Haz lo que quieras- no dije mas, termine de prepararme, Salì de la casa, debía seguir mi dí, mis padres son dueños de una fabrica de productos enlatados y yo soy la presidenta de la empresa, mi hermanos Franco gerente de operaciones, Javier de finanzas, Marlo de producción.
Martin
Habían pasado dos años, desde que Sarah se caso, teníamos 24 años, había sido una tontería su boda, suspire, parado frente a su fotografía, deseando volver a verla,
- Fue para darle gusto a su madre- deje caer los hombros, Martin, perdío a la chica de sus sueños y yo perdi a mi mejor amiga, pense.
- ¿No entiendo?- esa voz femenina, atrajo mi atención, la dueña de la voz estaba tras de mi, al sorprenderme viendo esa foto, la foto de mi Sarah, voltee la mirada,
- Hola, Martin- sonreí- soy Lucy- el se acerco, una sonrisa se dibujo en su rostro.
- Que gusto verte- la abrace con fuerza, la cargue, estaba tan distinta.
- A mi también me alegra verte – bese su mejilla, entramos al bar donde era nuestra reunión de generación, pasaron los minutos, el veia su reloj, de manera constante, yo me levante de la mesa- le llamare a Sarah, ahora vuelvo.
Sarah
Sentada en la barra de un bar, bebiendo sola, viviendo una vida, que no esperaba, me había precipitado al casarme lo se, mi teléfono vibro, no lo atendí.
Marlo
Despuès del trabajo Salí con unos amigos de la universidad, bebimos algunos tragos, luego volvía casa, Sarah dormía, me recoste a su lado.
Martin
Te esperarìa toda la vida, si fuera necesario, le decía a su pintura, le decía mirandola a los ojos, bajo la luz de la luna, en ese lugar especial, mi estudio, me dedicaba a mi pasión, la pintura en los ratos libres, cuando no trabajaba en la finca, mi padre lo había logrado, me convencio, me hice cargo de la finca, junto con mi hermano, el se encargaba de exportar, vender y yo me hacia cargo de las tierras.
Sarah
El tiempo no era generoso conmigo, estaba por cumplir 30 años, seis años de casada y esperando a mi segundo hijo Matias, mi mano sostenía mi pancita, en casa estaba Atenea mi princesa, mi hija mayor, quien tenia cuatro años.
Marlo
Todo tenia sentido, todo estaba como yo queria, tenia dos hijos, mi esposa en unos meses se ira a casa a cuidar de nuestro segundo hijo, yo cada dia mas cerca de la presidencia de la empresa, tenia 35 años de edad.
Martin
Volvìa de una exposición en Europa, con mi obra: La musa, si dedicada a ella, al llegar a casa una mujer de cabello castaño, esperaba por mi , baje del auto, camine hacia ella.
- Amor- lo abrace, lo bese.
- Hermosa- ella abrazaba mi cuello, yo la abrazaba por la cintura.
- Me alegra tener en casa- suspire.
Sarah
Estaba en la oficina revisando unos papeles que Javier menciono eran importantes, al verlos me preocupe, los volvi a revisar, no había error, me levante, camine me costaba aceptarlo, la puerta se abrió, Marlo entro.
- Amor, no pensé que estuvieras aquí, debes descansar- me acerque, ella se alejo.
- ¿Cuándo pensabas decírmelo?- lo mire, furiosa, decepcionada.
- ¿Decirte que?- se acerco- confiamos en ti- lo mire molesta, enojada.
- No se de que hablas- la mire confundida.
- Hablo del robo a la empresa- sus mejillas se sonrojaron, yo estaba furiosa, con una pansa que apenas me permitìa moverme.
- Sarah, yo no fui- dije mirandola.