Sarah
Llegué a casa coloqué mis cosas sobre el perchero, caminé hacia mi habitación intentando no hacer ruido, no quería escuchar a mi madre regañándome por llegar tarde, camine de prisa, a mi habitación, pero ahí estaba sentada sobre la cama, a oscuras, al encender la luz di un brinco.
- Llegas tarde- la mire fijamente, mi mirada fría y seria la observaba.
- Si, madre – dije apenada- lo siento, terminamos tarde el trabajo- ella se acercó a mí, me miró fijamente.
- Hoy tenias una cita- la mire.
- Si, pero también tenía unos trabajos y mañana exámenes mi prioridad son los estudios- mi tono tomado, agache la mirada.
- No, tu prioridad es conseguir un marido, alguien que cuide de ti, que se haga cargo de la empresa en unos años, junto a tus hermanos, tú te harás cargo de la casa, de los hijos- estaba segura hablándole.
- Yo me puedo hacer cargo de la empresa, también puedo trabajar y atender a mis hijos- mi madre clavó sus ojos en mí.
- No, niña, no- tono tajante- nosotros mi familia, tus abuelas, tus tías, todas hemos sido educadas para vivir cómodamente, hacer más grande nuestras empresas, tener esposos con nombre reconocido, no preocuparnos de nada, sólo de la casa y los hijos- regresé la mirada hacia ella- y tú no serás la excepción, dije muy segura.
- Madre yo- tenia miedo de decir lo que diré, pero también no estoy dispuesta a hacer lo que ella dice- yo voy a trabajar junto a mi padre, junto a mis hermanos, voy a hacerme cargo de la empresa y si me caso será con un hombre que me guste que me haga feliz, una pareja para apoyarnos, cuidarnos mutuamente- estaba dicho, ese mi proyecto, mi expectativa.
- Es imposible hablar contigo, eres tan diferente a mi- dije mirándola, tenía un vestido amarillo, un suéter del mismo color, su cabello estaba algo despeinado, y yo a veces pienso que no encaja en la familia- se hará como yo diga- no dije mas, salí de su habitación, camine hacia mi habitación.
Sarah
Mi madre salió de mi habitación, su actitud, su forma de tratarme me hace sentir fuera de lugar, como si no perteneciera a esta familia, si no fuera por mi padre y por mi hermano Franco, todo estaría peor, supongo que ya no viviría aquí, pensé, lanzándome a la cama, pensando, intentando entender el porqué de su actitud.
Martin
Las luces apagadas, la persiana abierta, admirando la luna, alumbrando mi habitación, alumbrando esa pintura, que algún día le regalaré a Sarah, sus ojos cafés, estaban tan llenos de vida que incluso en la pintura, estaban llenos de brillo, de vida, transmiten paz, me quede ahí admirando esa pintura, la mejor pintura que he hecho en toda mi vida.
Sarah
El sol apareció, por mi ventana, desperté, el reloj marcaba las 8:00 am, me había quedado dormida, no llegue a la primera clase, mi celular tenía miles de mensajes de Lucia, Enrique y Martín, me levante d Iem brinco, fui directo a la ducha aún podía llegar al primer examen el cual indicaba a las 11:00 am , al salir de la ducha, me coloqué unos jeans, unos tenis rosa y una blusa del mismo color, una chaqueta de mezclilla, peine mi cabello, estaba lista para irme a la universidad, salí de la casa de prisa, solo tomo una manzana y un termo con café.
Martin
El día sin ella no era igual, pensé en mi mano tenía un lapiz, hacia trazos sin concretar nada, solo líneas, sombras, nada en especial, hoy no estaba inspirado pensé, estaba sentado sobre la banca, con la mirada hacia su lugar, ese lugar vacío, para la segunda clase, todo cambiaria, ella apareció, entro corriendo, mis ojos se iluminaron, estoy seguro que fue así, mi corazón latía con fuerza y yo despertaba como si el sol apareciera, sonreí, ella me correspondió se sentó.
Sarah
Me senté entre unos segundos antes que el profesor, a mi lado estaba Lucia quien de inmediato preguntó.
- ¿Por qué llegaste tarde? - la mire, estaba preocupada por ella.
- Me quedé dormida- me sentí tan tonta cuando dije eso, me sentí como si tuviera ocho años, ella soltó una carcajada, por suerte el profesor entró al aula.
- Buen día chicos.
Martin
Estaba ansioso porque la clase iniciará, quería hablar con Sarah, saber ¿cómo estaba?, ¿Por qué llegó tarde?, quería escuchar su voz, ver su sonrisa, suspire, cuando fin terminó la clase tomé mis cosas de prisa, camine hacia ella, al estar frente a ella, sonreí.
- Hola, Sarah- mi cara de bobo, no supe que otra cosa decir, ella sonrió.
- Hola Martín- sonrisa, Lucia dijo.
- ¿Días? - solté una carcajada- noches- la abracé.
- ¡Basta! - la mire, Martin sonrió, al igual que Enrique pero Lucia, no se detuvo ahí.
- La última vez que faltaste a clase por quedarte dormida fue en la primaria, en quinto año, como olvidar pase todo el receso con esa niña, la que era rara- ella sonrió.
- Por burlarte de mi hoy pasarás el día con el profe de proyectos- soltamos la carcajada los tres.
- Ese sí sería castigo, así que esta bien te dejaré en paz- fuimos a la cafetería, Enrique y Martín hicieron la fila para la comida, yo me quede con Sarah, la noté rara como triste, regante- ¿hay algo más? - ella levantó la mirada.
- ¿Algo más, como qué? - la mire, fijamente.
- No lo sé- encogí los hombros- tu dime, ella suspiro- ¿tu madre? - la mire, ella volvió a agachar la mirada, lo cual confirmaba lo que pregunte, esa señora es rara, pensé- sabes que puedes contar conmigo- tomé su mano.
- Gracias- me anime- mi madre es difícil, complicada, tiene pensamientos y comportamientos que no comprendo, me siento fuera de lugar, siento como si mi madre no me quisiera- cuando dije eso me sentí triste- todos pensarían que ser por la única hija mujer, ella me amaría, pero no es así- deje caer los hombros, Martín se acercó.
- Te traje jugo, una manzana y un sándwich- sonreí, ella me correspondió.
- Gracias- le di una sonrisa, pasamos el desayuno conversando, sonriendo, camino al aula, para nuestro examen, Martín me abrazo, yo cerré los ojos, me sentí tan cómoda.