Capítulo 5. Bienvenida a los novios.

1861 Palabras
Amelia. Anoche prácticamente no había dormido nada, en lo único que pude pensar fue en los ojos de Aaron y en lo realmente sexy que se veía. Había creído ingenuamente que tendría un poco más de tiempo hasta verlo pero claramente la vida tenía sus planes. Verlo nuevamente fue… intenso. Había creído que verlo luego de la última vez me provocaría una rabia por todas las cosas tan feas que me había dicho, pero al contrario, verlo solo me hizo sentir débil. En mi interior seguía sintiendo ese poder atrayente y la rabia simplemente se disipó. Claramente eso no significaba que todo lo que dijo no haya afectado algo en mí y que eran cosas del pasado, por supuesto que esperaba una disculpa en algún momento pero nunca llegó. Aún estoy desilusionada por cómo me trató, no arrepentida por lo que ocurrió pero si dolida por cómo acabó. Sin embargo en este momento no importan mis emociones, mis sentimientos y todas las cosas cursi que tengo dentro de mi corazón, lo importante aquí es el trabajo y que esta boda se lleve a cabo como lo tengo planeado. Los novios estarán llegando en pocas horas y tengo que tener todo listo para recibirlos, incluso tenía preparado un gran almuerzo con algunos de los amigos más íntimos de los novios que también estarán aquí dentro de poco. — Marina, ¿Dime que tienes todo listo para el almuerzo? — Si Amelia tranquila, la mesa ya está ubicada en el jardín y están colocando las vajillas. Te he enviado una lista de las habitaciones que corresponden a cada invitado, la novia ha solicitado expresamente que todas sus damas y padrinos se encuentren en la casa principal. — Muy bien, gracias Marina. Esto hubiera sido una auténtica locura sin tí. Marina fue una gran socia aquí, la he contratado por su gran experiencia en organizaciones de eventos además de sus contactos en la región. Ha estudiado aquí en algún momento de su carrera por lo que era la persona ideal para ayudarme con esta boda, encontrarla fue un problema ya que no me resultó para nada fácil aunque sí lo fue convencerla para quedarse conmigo luego de este evento. — Bien, al parecer están llegando los novios y sus damas junto con sus padrinos. — avisa Marina luego de colgar con la seguridad establecida en la entrada de la propiedad. Viendo nuevamente la lista de pendientes tratando de encontrar algún detalle perdido antes que todo comience solo para calmar mis nervios. Dios sabe lo mucho que he trabajado y lo importante que es para mi. Pero mis nervios no solo eran por la boda, si los novios estaban aquí eso quería decir que en cualquier momento Aaron vendría y eso implicaría verlo luego de lo que ocurrió anoche. Por su bendita causa no había podido dormir muy bien ya que en lo único que pude pensar fue en él y en lo increíblemente hermoso que se veía. — ¡Amelia! — El saludo y el grito de las chicas me despertaron de mi ensoñación. Las mujeres más hermosas y humildes venían con sus brazos abiertos con la intención de saludarme y no pudieron evitar contagiar la felicidad que desprendían siempre. Abracé a cada una de ellas, Ximena se veía radiante como siempre, Daniela con una sonrisa pícara de todo lo sé, Estela con su aire de mamá gallina y nuestra encantadora novia, Julia con esa mirada inquisidora imposible de poder ocultarle nada. — ¡Ay por Dios! Esta casa se ve magnífica Amelia. — Todo se ve espectacular. — Muchas gracias chicas, pero el mágico e increíble lo verán el fin de semana, se los prometo. — En eso tiene razón. No saben las cosas tan increíbles que ha preparado. Es la mejor. A los pocos minutos los chicos hicieron sus apariciones pero con la diferencia que venían cargados de maletas. Estas personas no sabían viajar ligero, aunque tenía sentido que vinieran preparados porque esta semana aquí nos esperan muchas aventuras. Luego de indicarles dónde estaban sus habitaciones a cada uno nos reunimos unos minutos con los novios para revisar el itinerario mientras esperábamos a los padres de Julia y los señores Alexander que estarían presentes para el almuerzo. Los chicos principalmente decidieron dar una vuelta mientras nosotros tres charlabamos, pero lo que llamó mi atención en un momento fue ver que Daniela se iba en dirección a la casa del vecino que se encontraba un tanto alejado de la propiedad de los Ryder, pero sabía dónde llevará ese camino porque yo misma lo transité la noche de ayer para ir a terminar en el lugar favorito, al parecer, de Aaron Sterling. Ella lo iba a ver. Probablemente lo iría a buscar ya que aún no ha hecho su aparición por la casa, aunque esperaba que no lo hiciera por un poco de vergüenza por estar yo aquí. Un poco ingenuo y estúpido pensar algo como eso, porque al final de cuentas ¿Quién soy yo? Solo la organizadora de bodas y sin embargo mis clientes son sus mejores amigos y socios de negocios. — Muy bien Amelia, me encanta como lo tienes todo muy bien planeado y estructurado para toda la semana, estoy muy feliz con tu trabajo. — Encontraste finalmente a una persona que entiende como quieres las cosas — dice Ryan besando la cabeza de su prometida y sonriendome de una forma agradecida. — Es que lo ha hecho todo muy ordenado y pulcro, sabes que me encanta que las cosas estén hechas bien. — Por supuesto mi querida futura esposa. Entonces, sabiendo que Amelia lo tiene todo muy bien planeado, ¿Podemos disfrutar finalmente de un buen almuerzo? Estoy hambriento. — Vayamos al jardín donde hemos dispuesto una gran mesa donde se servirá el almuerzo, el día está increíble como para resguardarnos en el interior de la casa. — Me gusta como piensas Kappel — me dice Ryan mientras se pone en pie para huir de la habitación. Como todos los hombres odiaba todo lo relacionado con la organización de un evento, no lo podía culpar pero me daba cuenta que había puesto de su parte para no perderse entre los caprichos de su increíble prometida. Cuando salimos del despacho los novios fueron directamente al jardín mientras yo me dirigía hacia mi improvisada oficina, el hermoso quincho donde tenía un gran pizarrón con todo el evento planeado. Coloqué las últimas anotaciones dadas en esta última charla con ellos dos y en el momento en que me apoyé en la mesa para poder ver finalmente mi obra lista escucho un carraspeo. Cuando me giro para ver de quien se trataba me encuentro con unos ojos con los que no he parado de pensar desde anoche que los he vuelto a tener a muy pocos metros. Aaron solo me observaba y luego sus ojos se posaron en la pizarra detrás de mí para poder observar con atención, veía como sus ojos se ensancharon al terminar de entender lo que había escrito ahí. — ¡Wow! Ahora comprendo porque eres tan buena en lo que haces, realmente lo planificas todo y sin perder detalle. — Por supuesto me imagino que tú haces lo mismo cuando te involucras en un nuevo negocio con una nueva inversión. — Si tan solo las personas con quienes trabajo fueran iguales de detallista que tú, mi trabajo sería menos agotador. ¿Qué significaba esto? ¿Por qué estaba siendo amable otra vez? Básicamente actuaba como si anoche no hubiera ocurrido, como si el fiasco de hace unos meses no hubiera pasado nunca. — Dime de una vez lo que sea que está dando vueltas en tu cabeza. Lo miré bastante sorprendida porque no me esperaba aquello. Dio unos pasos más adentro, por ende más cerca mío, no pude evitar temblar con solo pensar que nos encontrábamos nuevamente a muy poca distancia. — ¿Cómo sabes que tengo algo para decirte? — Puedo darme cuenta por la forma en la que muerdes tu labio inferior, lo haces cuando quieres decir algo y no sabes como. ¿Cómo diablos supo darse cuenta de eso? Ni siquiera las personas con quienes trabajo pudieron percatarse de esta gran manía de la cual no puedo escapar. Mis padres antes cuando era más pequeña siempre me reprendían porque lastimaba mis labios con mis dientes. — Vaya, para alguien que es muy importante en el mundo de los negocios al parecer le prestas atención a los detalles de cualquiera que se cruza en tu camino. No pude evitarlo, ya que sabía que tenía cosas para decirle decidí decírselas sin más y sin avergonzarme. Él simplemente me miró con los ojos apenados y volvió a dar unos pasos más hacia donde me encontraba. — Eso me lo merecía, lo admito. Fui un idiota, también lo sé. Anoche no sabía cómo encontrar las palabras correctas para poder hablarte pero creo que no debería dar tantas vueltas para decir lo correcto. Lo lamento tanto Amelia. Ok, eso no me lo esperaba. El gran y poderoso Aaron Sterling se estaba disculpando ¡Increíble! — ¿Qué lamentas Aaron? Haberte acostado conmigo. — En el momento en que terminé de decir la frase él acortó los pasos hasta mi. Me tenía acorralada entre la pizarra y su cuerpo. — Jamás pienses que podría lamentarme por eso porque no lo hago. Lo que lamento es haber sido un completo idiota porque no debí decir todas esas estupideces que te dije ese día, no te lo merecías. — No lo merecía, tienes razón. Entonces ¿Por qué me dijiste todo eso? Tenía su cuerpo pegado al mío, podía sentir como su corazón latía tan fuerte como el mío. Sus manos se encontraban a un costado de mi cuerpo pero se que ardían ya que el calor emanaba hasta mí, sus ojos y su boca a muy pocos centímetros de distancia me tentaban como nunca. ¿Por qué este hombre tenía ese poder sobre mí? — Porque me asustaban todos los sentimientos y emociones que despertaste en mí Amelia. Me han lastimado mucho en el pasado y prometí resguardar mi corazón de las mujeres, el problema contigo es que de forma inexplicable mis muros cayeron por tí a tus pies. ¿Cómo podría contestarle todo eso? Era realmente bueno con las palabras y poco a poco estaba logrando convencerme. Aunque necesitaba saber quién lo había lastimado tanto que tan solo la idea de amar o sentir cosas por alguien lo espantaban de esa forma. — Aaron me lastimaste, me dolió cada una de tus palabras pero entiendo que no nos conocíamos para nada. Acepto tus disculpas solo si nos permitimos conocernos poco a poco y no vuelvas a asumir cosas que no son, habla conmigo dime lo que sea que te moleste o te genere dudas. — Lo haré, claro que sí. Ahora necesito besarte porque me encuentro en un calvario desde que te vi anoche y no podía tocarte. — Dijimos que iríamos lento… — digo bajando la voz aunque no lograba convencerme ni siquiera a mi misma. — Bueno, solo por esta vez. Yo también estoy ansiosa por volverte a besar.
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