LA MADRE

1017 Palabras
  Richard no sabía que hacer para calmar el dolor de su amiga. Ya habían pasado dos semanas desde que apareció en "Las cañas" con la cara transformada por el llanto y solo con lo puesto. Ni siquiera quiso mandar a buscar sus cosas a la mansión West. Hasta ahora no había hablado de lo que ocurrió, solo sollozaba diciendo que se le rompió el corazón.       Y no era para menos, el enterarse de esa manera que sólo se la había seleccionado para dar lugar a una maldita cláusula que le había impuesto el padre de Danny antes de morir era para enloquecer de dolor. Sabía que era solo una secretaria insignificante, sin gracia y sin dinero pero no merecía ser tratada como si solo fuera un bien material que se podía comprar y vender al mejor postor. En ese sentido siempre se había puesto firme ya que su madre desde niña trató de inculcarle el valor por sí misma por eso intentó darle la mejor educación que pudo. A sus ojos no era bella pero sabía que si explotaba su inteligencia podría conseguir grandes cosas en la vida. "Lo de afuera se marchita", le repetía incansablemente, "vale lo que tenemos acá y acá", decía señalando el corazón y la cabeza.  Ella, su madre más que nadie podía dar cuenta que lo superficial se resquebrajaba pronto. Había sido una hermosa muchacha de cabellos claros y ojos verdes, que desaprovechó su juventud cuando se enamoró perdidamente de Jhony, un maleante de su barrio que se dedicaba a ladronear por los alrededores y vendía drogas. Un muchacho con oscuros cabellos ondulados y ojos miel que le quitó la virginidad en uno de los primeros encuentros que tuvieron estando de novios y cuando se hartó de ella, simplemente la dejó y se fue con otra. De esa unión nació Daira y la quiso tener para conservar por siempre el amor del único hombre al que amó en toda su vida. Desde entonces portaba todos lados sus ojos tristes y el alma devastada y jamás volvió a ser la misma, el tipo de llevó lo que pudo con él dejando solo restos en su dolorido corazón.   Hace años que Jhony se había borrado del mapa. Ellas ni siquiera sabían de su paradero, tal vez estuviera preso...o tal vez muerto. Lo cierto es que se cruzaron un par de veces con Lorette, la madre de Daira, una cuando ya tenía un avanzado estado de embarazo y otra vez cuando la niña tenía dos años y caminaba de la mano de la madre quien se dirigía a uno de sus múltiples empleos. Jamás dio vuelta los ojos para conocer siquiera a su hija. De esos encuentros casuales Lorette quedaba peor, hecha un mar de lágrimas que era imposible disimular.  Y esa fue toda la relación que Daira tuvo con su padre. Ninguna. Cuando creció decidió que no permitiría que un hombre le arruinara la vida ni decidiera su futuro. Su madre contribuía también a esto, alentándola a que se valiera por si misma, al menos ese aspecto fue positivo ya que creó a una muchacha fuerte e independiente, la cual pudo explotar su inteligencia al máximo. Tal vez por lo que su madre le contó es que le costaba tanto relacionarse con los hombres y siempre tuvo miedo de que le pasara lo mismo. Se decía que "las maldiciones" se transmitían hasta la tercera generación y ella no quería estar dentro de ellas.  Hoy Daira se planteaba si no había caído como anteriormente lo hiciera su madre en las garras funestas de un amor desagradecido. Algo se había roto el día en que Danny intentó hacerla firmar un contrato del cual se beneficiaría toda la familia West. Al parecer, nadie había pensado en la víctima de un juego tan atroz. Por lo visto habían dado por sentado que aceptaría, "qué poco me conocen", decía para sí misma amargamente. Obviamente el dinero no vendría nada mal en el caso de aceptar esa farsa, con él podía sacar a su madre del agujero en el que había vivido siempre con el fantasma de Jhony rondando a su alrededor y ayudar económicamente a su amigo Richard quien no podía salir a flote solo, a pesar del gran esfuerzo que le había puesto todos estos años a su pequeño emprendimiento. Estaba sumida en sus pensamientos cuando Richard entró con una taza humeante de un oloroso té. La miró con pena. No podía ver triste a su amiga. —¡Vamos, amigaaa! ¡Arriba ese ánimo! Hoy conseguí una banda que me recomendaron —le dijo sentándose a su lado. Ella continuaba en silencio. Sólo le dirigió una sonrisa tristona. —¿Por qué no me ayudas con ese tema? Eres muy buena para eso. Tienes oído. Te pagare una comisión si logras que esto vuelva a vivir —le dijo con seguridad. La verdad que todos estos días le venía dando vueltas al asunto para ver como sacar a esa mujer que tanto amaba de su sopor. Era la primera vez que veía atravesar tanto dolor en su mirada particular y le dolía como si fuera a sí mismo. Habían sorteado juntos cientos de problemas pues este no sería la excepción, sabía que ambos podían lograr grandes cosas, era cuestión de dar un empujoncito. Estas palabras sirvieron para sacudir la modorra que la había seguido tantos días y se levantó de un salto. —Mira...—le dijo sacando un montón de folletos de vivos colores en los que se publicitaban a "Las cañas". Prometía buena música y tragos alucinantes. —Voy a empezar a distribuirlos y me encargaré de conseguir las bandas...Vamos a levantar esto, Richard, ya lo verás —le dijo sonoramente.  Y ambos quedaron riendo y festejando las nuevas oportunidades que se abría ante sus ojos, Richard se alegró al ver con buen ánimo a Daira y la incentivó a que empezara rápido con la tarea que ella misma se había impuesto. Eso mantendría su mente ocupada y el corazón adormilado. Debía desviar la atención del tipo ese que la tenía atrapada: maldito Danny West.
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