—Jesse, son las siete y media de la mañana, es suficiente, quiero dormir un poco más. —Me removí incomoda. —Ya estoy cansada. —Bueno, yo no estoy cansado. —Se acercó a mí de nueva cuenta. —Jesse, me iré de tu casa si sigues haciendo esto. —Me crucé en brazos —Anda, sólo hazlo. —Me le quedé viendo, está bien, pensé, hagamos esto. —Bien, voy a hacerlo —Murmuré poniendo los ojos en blanco —Fui por el rumor de Bernard Schilperoort, ese en que en el área de regaderas de hombres se pueden apreciar los pálidos pies del susodicho, y ahí no estaba Bernard, sólo estaba Evan sin ropa. —Bueno, ¿Se puede tener deseo de asesinar a alguien aún si no tuvo culpa alguna de lo sucedido? —Me giré a mirarlo con una sonrisa de media luna, pero a cambio no recibí una sonrisa, él miró mi rostro y su quijada

